Homenaje

Nidia Góngora: la voz de Timbiquí que lleva el ritmo del Pacífico al mundo

De las orillas del río Timbiquí a Cali y luego a los escenarios del mundo. Entre la docencia y el canto, la artista teje un puente que une generaciones, aferrada al arte como un acto de memoria y esperanza.

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27 de octubre de 2025, 2:52 p. m.
Góngora es la fundadora de Canalón de Timbiquí, una agrupación que con el tiempo se consolidó como referente de la música del litoral Pacífico.
Góngora es la fundadora de Canalón de Timbiquí, una agrupación que con el tiempo se consolidó como referente de la música del litoral Pacífico. Foto: Equipo de comunicaciones de Nidia Góngora.

El día en Timbiquí, un municipio del litoral caucano, comienza con el rumor del río. El agua golpea las piedras, acompaña el canto de los pájaros y el saludo de los vecinos que se escuchan desde temprano. Entre esos sonidos creció Nidia Góngora, conocida popularmente como la “voz de Timbiquí”.

Desde pequeña aprendió que la música era parte de la vida cotidiana. Sonaba en los velorios como ‘alabaos’, en los nacimientos, en las fiestas patronales como ‘arrullos’ y hasta en las tardes tranquilas cuando su abuela cantaba mientras cocinaba. “Mi mamá, mi abuela, mis tías… todas cantaban. Mi abuela se la pasaba todo el día entonando cantos. Así fue como empecé a aprender las canciones, escuchándolas en la casa”, recordó.

En su infancia, la escuela también era un espacio para cantar. Las monjas enseñaban cantos religiosos y las horas libres se llenaban de voces y juegos. Con sus compañeras, Nidia inventaba melodías y componía. Desde entonces, su curiosidad por la música empezó a mezclarse con una inclinación natural por la enseñanza. “Yo reunía a los niños del barrio y les enseñaba lo que aprendía en la escuela. Me gustaba mucho estar pendiente de los más pequeños”, contó. Su papá y sus tíos eran docentes, y quizás por eso enseñar le resultaba una manera familiar de habitar el mundo.

A los 17 años dejó Timbiquí y se fue a Cali. La ciudad la recibió con el vértigo de lo desconocido. “La vida allá es muy distinta a la del pueblo”, dijo. “Todo es más rápido, más hostil. En el pueblo todo es más tranquilo, más honesto, más real. Pero tenía como propósito estudiar, graduarme y seguir cantando”. Su padre soñaba con verla convertida en abogada, pero ella sabía que su vocación estaba en otro lugar. “Yo quería estudiar música, pero mi papá quería que estudiara derecho. Entonces llegamos a un punto medio: licenciatura en educación preescolar. Era una manera de seguir enseñando y de hacer algo que también me apasionaba”.

Durante esos años, Nidia empezó a involucrarse con grupos juveniles y espacios culturales donde la música tradicional del Pacífico encontraba nuevos escenarios. Era la semilla de un proyecto que cambiaría su vida: Canalón de Timbiquí. Ingresó a la Universidad Santiago de Cali y continuó cantando, mientras aprendía sobre pedagogía y desarrollo infantil. Jamás dejó de hacerlo. “Puedo parar de dar conciertos, pero no de cantar. Eso no se puede. Uno lleva eso hasta la tumba”.

La música como espacio de encuentro

El grupo nació en las aulas de una escuela de Timbiquí, impulsado por una maestra que buscaba recuperar los saberes ancestrales de su comunidad a través del canto y la danza. Nidia, que entonces era estudiante, se unió junto a varios compañeros que ya traían en la sangre la marimba, el cununo y el guasá. “En esa época no pensábamos en el grupo como algo profesional, sino como un espacio para encontrarnos, tocar y recordar”, contó. Cuando la maestra fue trasladada a otra zona y los estudiantes se graduaron, cada uno tomó su rumbo: algunos se quedaron en Timbiquí y otros, como Nidia, migraron a Cali.

Ya instalada en la ciudad empezó a extrañar esos espacios de comunidad. Fue entonces cuando, junto a otros músicos del Pacífico, retomó los encuentros. “Nos reuníamos los fines de semana para celebrar las fiestas patronales o simplemente para cantar. Mandamos traer los instrumentos desde Timbiquí, y así, poco a poco, se fue armando la juntanza. Al principio éramos unos 20, entre músicos y bailarines. No era algo comercial, era una manera de mantener viva la memoria”, recordó. De esos encuentros nació Canalón de Timbiquí, una agrupación que con el tiempo se consolidó como referente de la música del litoral Pacífico.

Crear un legado a través de la educación

La vida de Nidia Góngora ha estado siempre dividida entre el canto y la enseñanza. Desde hace varios años dirige la Fundación Escuela Canalón, ubicada en Aguablanca, al oriente de Cali, y en Timbiquí: un espacio donde niños y jóvenes aprenden marimba, percusión, canto y danza. Allí, la música se convierte en una forma de resistencia y transmisión de memoria. “La fundación nació de la necesidad de mantener la tradición viva, tanto dentro como fuera del territorio”, explicó. Ese compromiso pedagógico, heredado de su familia, se entrelaza con su vocación artística y su deseo de que las nuevas generaciones conserven la música ancestral del Pacífico.

Raíz y puente

La cantora ha sido puente entre el Pacífico y el mundo. Ha colaborado con artistas como Quantic, Daymé Arocena y Shirley Campbell Barr, explorando nuevas sonoridades sin perder la raíz. La música la considera un territorio en expansión. “La música tradicional es hermosa, pero también es dinámica. A mí me gusta explorar, proponer cosas nuevas, llegar a otros públicos sin dejar de ser quien soy”.

Su primer álbum como solista, Pacífico Maravilla (2025), es precisamente una declaración de esa identidad que se transforma sin desprenderse de su origen. En cada canción se escuchan los ecos del río, los rezos de las abuelas y la fuerza de las mujeres que la criaron. Las letras hablan de la tierra, del amor, del cuerpo y de la fe, así como de la memoria colectiva de un pueblo. “El Pacífico es una tierra mágica”, dijo con convicción. “En el disco quise rendirle homenaje, contar su belleza, pero también su complejidad”.

En sus conciertos suenan con fuerza las canciones que nacieron de los alabaos, los arrullos y los bambucos del Pacífico. Nidia canta con el sentimiento de quien todavía habita la orilla del río y saluda a sus vecinos en la madrugada. Esa conexión con su origen nunca se ha perdido. “Donde uno vaya, va con su esencia”, dijo. Y es esa esencia la que convierte su voz en puente y raíz.

Hoy, mientras continúa enseñando en su fundación y presentando Pacífico Maravilla en escenarios de Europa, Nidia sabe que su canto pertenece a una fuerza colectiva. Es el eco de las voces que la antecedieron y la promesa de que seguirán sonando. En palabras de una de sus canciones, Pacífico Maravilla, ella lo entona así: “Pero resisto, enseño y aprendo, sigo agarradita de mis ancestros. Aquí vive el encanto y la maravilla donde llueve y todos los días brilla el sol”.



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