Cristina Vélez se define sobre todo como una historiadora empresarial. Decana asociada de Investigación Aplicada e Incidencia en Egade Business School del Instituto Tecnológico de Monterrey (Tec), exdecana de la Escuela de Administración de Eafit y exsecretaria de Integración Social de Bogotá, lleva dos décadas enseñando e investigando sobre el aporte de las mujeres a la empresa en América Latina.
CÍRCULO DE MUJERES: Como investigadora, docente y columnista usted ha dicho que existe una deuda con la historia empresarial de las mujeres, ¿por qué?
Cristina Vélez (C. V.): Hace 20 años, cuando empecé a dar clases, la información sobre mujeres en las empresas era muy escasa, poco sistemática y, además, anecdótica, con observaciones documentales como ‘esta mujer fue clave en una transacción’. Aún no existe una investigación sobre el aporte estructural de las mujeres al desarrollo económico. Es una deuda pendiente de la historia empresarial latinoamericana. En archivos bancarios antioqueños de finales del siglo XIX encontré las cuentas de una familia socia de un banco: mientras a los herederos hombres se les anotaba en los cuadernos contables ‘mil pesos para sus inversiones’ simplemente, a las mujeres, que tenían el mismo derecho sobre las acciones, se les registraba cada gasto: tanto dinero para un vestido, tanto para caridad, tanto para una fiesta. A ellas las vigilaban mucho más.
CÍRCULO DE MUJERES: ¿Por qué es tan complejo encontrar datos sobre las mujeres en el empresariado?
C. V.: Porque la historia de las empresas está contada por medio de los hombres que las dirigieron. La información sobre ellas existe, pero está dispersa, es dispendiosa y difícil de encontrar. Por ejemplo, en algunas de mis
revisiones hallé que en la primera parte del siglo XX, Singer orientó su estrategia de crecimiento hacia las mujeres. Capacitó a normalistas en todo el país para que enseñaran a otras a usar la máquina de coser, una invención que en ese momento fue una revolución.
Esto se convirtió para muchas mujeres en una fuente de ingresos digna y autónoma al ejercer el oficio de costureras. Ese modelo se replicó en toda América Latina y se convirtió en una herramienta de movilidad social.
Además, a las mujeres se nos educa para ser organizadas, estructuradas y cumplidoras, cualidades que el mundo corporativo valora. Pero se nos enseña menos a asumir riesgos enormes, y emprender en grande lo exige.
CÍRCULO DE MUJERES: Aún así, América Latina aparece como la región que más rápido cerrará la brecha de género (en 60 años). ¿Por qué?
C. V.: Es fácil de responder. Por nuestra estructura de cuidado: familias extendidas que generan soporte, sobre todo en las clases más vulnerables, y cuidado relativamente menos costoso para quienes tienen acceso a educación. Yo puedo estar en Colombia en este momento para asistir a reuniones de juntas directivas porque cuento con alguien que me apoya con el cuidado de mis hijas en México.
En Europa o Estados Unidos eso es más complejo. En Colombia hay otra razón poco amable: el conflicto armado obligó a muchas mujeres a asumir liderazgos.
CÍRCULO DE MUJERES: El 50 por ciento de las empresas en Latinoamérica tiene a una mujer como fundadora, según una investigación de Mastercard. ¿Podemos leer el dato como una buena noticia?
C. V.: No necesariamente. La mayoría son micro y pequeños negocios en actividades como vender en línea o trabajar como freelancer. No sé si eso es emprendimiento o supervivencia. Muchas veces es un indicador de precariedad laboral. Una mujer necesita encontrar una forma de generar sustento y utiliza el emprendimiento para hacerlo.
CÍRCULO DE MUJERES: Hoy las mujeres son mayoría en la Educación Superior, pero son minoría en la fundación de empresas de gran calado. ¿En dónde se rompe la cadena?
C. V.: En varios puntos. Los emprendimientos con vocación de crecer exponencialmente suelen ser de base científica y tecnológica, y la brecha de mujeres en esas carreras no se ha cerrado, en algunos casos ha aumentado.
CÍRCULO DE MUJERES: Estudios señalan que las empresas con más mujeres en la dirección son más rentables. ¿Esto es una correlación directa?
C. V.: La gran medición de McKinsey que lo sostenía fue cuestionada metodológicamente por académicos de Chicago. Pero su primera frase antes de refutar aclaraba que eso no le quita importancia a la equidad. Además, si ninguna empresa tiene equidad real. Para hablar de se efecto se necesita más del 30 por ciento de las mujeres en el consejo o la alta dirección. Tener apenas una o dos mujeres puede ser contraproducente: crea la ilusión de equidad sin cambiar la conversación. Frente a esto hay otro aspecto importante: tener que demostrar la rentabilidad de la equidad. A nadie le piden demostrar que más hombres hacen más competitiva a una empresa. La carga e la prueba siempre cae sobre la equidad.
CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cuál debe ser el primer aso para reconocer el papel de las empresarias como motores de desarrollo?
C. V.: Dejar de contar a las mujeres como casos anecdóticos, las heroínas excepcionales, y entender su aporte sistemático a la producción, no solo al cuidado. Con esa historia bien contada, cambiaría la discusión. Para una visión sistemática habría que revisar tomos de documentos. Falta investigación financiada para hacer ese trabajo.
