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Un operativo policial contra un tirador en Estados Unidos deja cinco muertos

El enfrentamiento entre agentes y el sospechoso duró 13 horas.


Un operativo que duró 13 horas en Carolina del Norte, Estados Unidos, dejó como resultado cinco personas muertas, entre ellas dos agentes de policía, según informó ABC News.

Los oficiales de Policía y el tirador intercambiaron disparos por varias horas en una casa en Boone, un pueblo de Carolina del Norte. El sospechoso disparaba contra los policías, y ocasionalmente, disparaba al aire al exterior de la casa.

De acuerdo con las autoridades estadounidenses, el sargento Chris Ward y el oficial Logan Fox murieron en el lugar de los hechos cuando irrumpieron en la casa para atacar al tirador.

Un tercer oficial también resultó herido pero se salvó gracias al uso de su chaleco salvavidas. Los demás residentes del área fueron evacuados por la Policía mientras se atendía la emergencia.

El enfrentamiento se inició el miércoles a las 9:44 a.m. y terminó a las 11 de la noche. Según las autoridades, la Policía llegó al lugar de los hechos luego de recibir un reporte de que la familia no se había presentado al trabajo ni contestaban las llamadas.

Al entrar en la residencia una persona comenzó a disparar contra la Policía dejando dos de ellos muertos. En ese momento el departamento de Policía de Boone y el equipo de SWAT llegaron al lugar para atender la emergencia.

En las redes sociales de la Policía, el alguacil Hagaman confirmó la muerte del pistolero, su madre y su padrastro. “Nuestros pensamientos y oraciones están con el sargento Chris Ward y el oficial Logan Fox”, compartió la Policía de Albemarle.

El gobernador de Carolina del Norte, Roy Cooper, también se refirió al tema y aseguró a la agencia EFE que “los terroríficos tiroteos que se llevaron a seres queridos muestran el peligro siempre presente que enfrentan las fuerzas de seguridad en su trabajo”.

La investigación continúa abierta para esclarecer los motivos por los cuales se habría dado el tiroteo dentro de la casa y la reacción del tirador.

Los tiroteos, un flagelo de Estados Unidos

Estados Unidos regresó a una triste realidad: las masacres, tiroteos masivos que de un jalonazo se llevan un puñado de vidas de quienes hacen algo tan cotidiano como reclamar una receta médica en una farmacia, despachar detrás de un mostrador o estudiar en un salón de clase.

Tralona Bartkowiak estaba recién casada. La mujer, de 49 años, nativa de Colorado, hace poco había montado con su hermana una tienda con objetos para yoga en Boulder. Lona, como le decían sus amigos, le advirtió este lunes en la tarde a su hermana que desatendería brevemente el negocio para ir a la farmacia en el mercado King Soopers a recoger una medicina. Nunca regresó.

A las 2:30 entró al local Ahmad al Aliwi Alissa, un hombre de 21 años, armado con un fusil y una pistola, protegido con un chaleco antibalas y cegado por un deseo incontrolable de matar. Antes de que llegara la Policía y se lo llevara esposado y herido, el asesino acabó con diez vidas entre los 20 y los 65 años. Entre esas, la de Lona.

La historia se repite. Delaina Yaun, de 33 años, acababa de tener a su segundo bebé. Su esposo la quiso premiar por resistir un año de pandemia en un pequeño apartamento en Atlanta, Georgia, con dos niños pequeños. La invitó a hacerse un masaje en un spa. Estaba cada uno en una habitación distinta con sus respectivas masajistas cuando entró disparando Robert Aaron Long, de 21 años, quien mató en ese y en dos locales más un total de ocho personas.

Las cámaras de vigilancia frente al spa revelaron que el asesino pasó más de una hora solo, encerrado en su carro, pensando, antes de animarse a cometer el atroz crimen.

El libreto es el mismo, y los estadounidenses se lo saben de memoria. Primero, el flash de última hora en los medios de comunicación y en las redes sociales. Lo sigue el shock, las imágenes en directo, el morbo, los pormenores de la escena del crimen. Después, vigilias, lágrimas, las fotos de las víctimas, sus virtudes y a quienes dejan desamparados.

En Washington se culpan unos a otros, mientras que en las ciudades entierran a sus muertos, y, para quienes nunca los conocieron, el asunto queda en el olvido hasta que vuelve a suceder.

Después de un año de confinamiento, en el que la noticia titular fue la pandemia, poco se habló de masacres en Estados Unidos. Lo trágico no es que regresaron, sino que nunca se fueron. Entre el 16 de marzo, en Georgia, y el 22, en Colorado, se cometieron otras cinco. La pandemia opacó las muertes sin sentido en un país que no está en guerra.