Un nuevo sismo sacudió a Japón, justo cuando no ha pasado ni un mes del trágico terremoto que sufrió el país del sol naciente durante la pasada celebración de Año Nuevo y en el que murieron aproximadamente 236 personas.
Según la Agencia Meteorológica de Japón, el temblor alcanzó una magnitud de 4 en la escala que utiliza ese país para calcular la magnitud de los movimientos telúricos y la cual su valor máximo es de 7.
Cabe señalar que ante la tragedia, las autoridades no emitieron alerta alguna de tsunami, algo que da un respiro a los japoneses, en medio de la angustia propia que han desatado los recurrentes temblores que se han presentado en este primer mes del año.


La gran isla oriental se ubica sobre el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas del planeta donde más se presentan terremotos, lo que ha llevado a las autoridades de ese país a diseñar estrategias para que toda su infraestructura resista los constantes eventos sísmicos que, en ocasiones ha hecho encender las alarmas por posibles tsunamis.
Pérdidas millonarias por terremoto de Año Nuevo en Japón
El coste de los daños causados por el terremoto de Año Nuevo en el centro de Japón puede ascender a 17.600 millones de dólares, dijo un responsable del gobierno nipón.
El sismo de magnitud 7,5 y sus réplicas arrasaron amplias zonas de la prefectura de Ishikawa, en la costa del mar de Japón, hundiendo edificios, estropeando carreteras o provocando importantes incendios.
Según una estimación de gobierno, los daños en Ishikawa y otras dos regiones vecinas pueden costar entre 1,1 billones a 2,6 billones de yenes (7.400 millones a 17.600 millones de dólares), confirmó este alto funcionario.

Estas cifras se quedan lejos de los 16,9 billones de yenes de daños causados por el terremoto y el tsunami de 2011 en el noreste de Japón, que mató a 18.500 personas y provocó un desastre nuclear en la central de Fukushima.
Las autoridades revelaron el jueves el detalle de los planes de reconstrucción de Ishikawa, donde la nieve y los daños en la red vial complicaron las tareas de rescate y asistencia.
Aunque el país está acostumbrado a los terremotos y dispone de estrictas normativas de construcción, algunas zonas rurales como las afectadas por este sismo cuentan con estructuras más viejas y desprotegidas.
Ocho días después de la tragedia, miles de rescatistas se enfrentaban a caminos bloqueados y el mal tiempo para despejar los restos y alcanzar a las casi 3.500 personas atrapadas en comunidades aisladas.
Desde el sismo del 1 de enero se han registrado más de 1.200 réplicas y un nuevo terremoto que se presentó ocho días después, y de magnitud 6 frente a la costa del mar de Japón, volvió a sembrar el pánico entre los nipones, pero tampoco desencadenó alerta de tsunami.
El servicio geológico de Estados Unidos calibró la magnitud de este último sismo en 5,8. Las autoridades regionales triplicaron el número de desaparecidos a 323, tras actualizar las bases de datos centrales, en su mayoría en la ciudad de Wajima.
Pero posteriormente, “varias familias nos hicieron saber que pudieron confirmar que personas” en la lista estaban a salvo, indicó a AFP Hayato Yachi, funcionario de la prefectura de Ishikawa.
Tras el terremoto del primero de enero, el primer ministro, Fumio Kishida, instruyó a su gabinete a “realizar esfuerzos por resolver el aislamiento (de comunidades) y continuar las actividades de rescate”.


El dirigente también ordenó evacuaciones a otras regiones lejos de la zona afectada por el terremoto, explicó el portavoz gubernamental Yoshimasa Hayashi a la prensa.
Japón experimenta cientos de terremotos cada año, pero la mayoría no causa daños debido a los estrictos estándares de construcción vigentes desde hace más de cuatro décadas, pero muchas estructuras son más antiguas, especialmente en áreas rurales y de población envejecida, como es la península de Noto.
En 2011, un fuerte terremoto seguido de un tsunami dejó 18.500 personas muertas o desaparecidas en Japón y provocó una catástrofe nuclear en la central de Fukushima.
