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Primer ser vivo en ser enviado al espacio. Su nombre era 'Laika'. Twitter @RedPlaneta2

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La historia de Laika, la perrita que hace 65 años fue enviada a morir al espacio

Un 3 de noviembre como hoy, pero de 1957, una cápsula cónica de 4 metros se convirtió en la que abarcaría un viaje sin posibilidad de regreso: la muerte era segura.

Este jueves 3 de noviembre se cumple otro aniversario desde que la perrita Laika se convirtiera en el primer ser vivo en toda la historia en ser enviado al espacio como parte de un experimento. Su retorno al planeta Tierra no fue con vida, pero a pesar del trágico final sentó un precedente que, de alguna manera, ayudó a que el hombre pisara la Luna.

Su nombre figura con mayor reconocimiento, incluso, que el de decenas de astronautas que desde el siglo pasado empezaron a formar parte de diferentes exploraciones. Hoy, más de medio siglo después, sigue siendo recordada como “mártir” para algunos un mal necesario en los avances científicos (otros terminaron incluso con arrepentimiento).

“Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No deberíamos haberlo hecho... lo que aprendimos de esa misión no fue suficiente como para justificar la muerte de la perra”, recoge National Geographic de las palabras de Oleg Gazenko, uno de los investigadores, quien hizo referencia al hecho 30 años después.

La canina estuvo a bordo del satélite soviético Sputnik 2 y se convirtió oficialmente en la primera astronauta, aunque para ello tuvo que pagar con su vida.

Un “desafortunado” experimento

En la década de los años cincuenta la URSS estaba ad portas de celebrar la Revolución Bolchevique, cuando el 4 de octubre de 1957 fue posible poner en órbita Sputnik 1 (el primer satélite artificial); sin embargo, estaba la presión por mostrar un avance lo suficiente novedoso como para captar la atención global. La llegada de un ser vivo al espacio se convirtió en una meta contrarreloj; sin embargo, intentar con un ser humano era aún peligroso.

En ese momento la alternativa fue encontrar sobre quién “designar” esas pruebas, fue ahí cuando apareció ‘Laika’. La perrita estaba vagando en las calles de la capital rusa. Los científicos optaron por experimentar con animales sin hogar al creer que ya estaban preparados para soportar condiciones de hambre y frío extremo.

Un viaje sin “pase” de retorno

Un 3 de noviembre como hoy, pero de 1957, una cápsula cónica de 4 metros se convirtió en la que abarcaría un viaje sin posibilidad de regreso: la muerte era segura. La nave tenía espacio para algunos transmisores de radio, instrumental científico, así como un sistema para el control de temperatura.

‘Laika’, de unos seis kilos, fue dispuesta en una cabina separada con la alternativa de estar de pie o acostada, gelatina era la forma en que podía proveerse de alimento y un sistema regenerador de aire le proporcionaba oxígeno. Una vez lanzada, los primeros informes telemétricos indicaban que estaba comiendo, pese a mostrarse agitada.

Inicialmente la URSS informó que, ante la imposibilidad de que el animal regresara a la Tierra, los investigadores optaron por sacrificarla. Sin embargo, tiempo después (en octubre de 2002) se reveló que, en realidad, el estrés y el sobrecalentamiento fueron los que llevaron a que la perrita muriera a solo horas de ser enviada al espacio.

De acuerdo con BBC, a finales de la década de los cuarenta y 1961, dos conejos, 48 perros y 15 monos siguieron la lista de experimentos y nuevos hallazgos en el espacio. Casi 30 de ellos murieron en incidentes que surgieron de repente, más no como en el caso de ‘Laika’, cuya muerte estaba anunciada desde un comienzo.

Según medios internacionales, de aquella odisea no terminaron por encontrarse n i los restos de la canina, pues la nave terminó desintegrándose al entrar en contacto con la atmósfera terrestre y tras casi seis meses de orbitar el planeta Tierra.

*Con información de Europa Press.