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| 9/22/2018 4:45:00 PM

Reaparición del envenenamiento, una funesta arma política

Un activista anti-Putin apareció envenenado en Alemania. Perdió parcialmente la vista y el oído, y lucha por su vida en cuidados intensivos. No es el primero. Tantas coincidencias hacen pensar que el Kremlin revivió una de las armas políticas más funestas de la historia.

Reaparición del envenenamiento, una funesta arma política El activista de Pussy Riot, Pyotr Verzilov, fue envenenado en Berlín dos meses después de entrar a la cancha en la final de la Copa del Mundo de Rusia 2018 para protestar contra Putin y su gobierno. Foto: AFP

Las autoridades alemanas confirmaron este miércoles que Pyotr Verzilov, miembro del colectivo ruso de punk Pussy Riot, fue envenenado en Alemania. Karl Max Einhäupl, gerente del hospital donde se recupera, aseguró que el activista apenas puede mover sus extremidades, no ve ni oye. Dos meses después de hacerse famoso por saltar a la cancha en la final del Mundial de Fútbol de 2018 en protesta contra el gobierno de Vladímir Putin, Verzilov se debate entre la vida y la muerte.

“Lo envenenaron deliberadamente como una manera de intimidarlo o asesinarlo, y ya lo habían intentado antes”, declaró su exesposa, la Pussy Riot Nadezhda Tolokónnikova. Para ella los envenenamientos tienen un motivo evidente: su activismo contra el gobierno de Putin. Y no sería ninguna novedad: aunque nadie lo ha probado, en una macabra coincidencia los opositores del exagente de la KGB suelen morir envenenados y, cuando sobreviven, se llevan toda una lección.

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En marzo de este año, el excoronel de la Inteligencia Militar Rusa (GRU) Sergei Skripal y su hija fueron envenenados en Salisbury, Inglaterra, con un gas nervioso llamado Novichok. Más de 20 personas que viven en el barrio tuvieron que acudir a hospitales cercanos por la acción del poderoso agente y 180 militares intervinieron la casa del exespía buscando restos del gas. Solo la semana pasada, la primera ministra británica, Theresa May, reveló lo que era un secreto a voces: los rusos Alexandr Petrov y Rushlan Boshirov, agentes del GRU que seguían órdenes directas de Vladímir Putin, llevaron a cabo el atentado.

Al candidato ucraniano antirruso Viktor Yúshchenko lo envenenaron en 2004 con dioxina, un agente cancerígeno que le desfiguró el rostro en pocos días. Yúshchenko sobrevivió contra todos los pronósticos, y actualmente es una importante figura política en su país. 

Y no es una novedad. Ya en la década pasada, en dos ocasiones, opositores al Kremlin sufrieron el efecto de sustancias químicas mucho más brutales. En 2006, el exespía ruso Alexandre Litvinenko, opositor a Putin, cayó enfermo luego de tomarse un té en Londres. Los médicos detectaron en su cuerpo polonio, una sustancia radioactiva extremadamente tóxica. Quedó en cuarentena en un hospital londinense y luego de tres semanas de padecimiento, murió por falla multiorgánica. Su tumba quedó sellada por 20 años porque su cuerpo, invadido por la sustancia, se convirtió en un agente radiactivo. Ni siquiera sus familiares pudieron darle un último adiós.

En otro caso famoso, el candidato presidencial ucraniano Víktor Yúshchenko fue envenenado en 2004 en plena campaña contra Víktor Yanukóvich, el favorito de Moscú. Luego de ingerir comida con dioxina, un agente cancerígeno, su cara se desfiguró rápidamente y solo tres meses después sus médicos detectaron el veneno en su cuerpo. Las imágenes de su rostro desfigurado dieron la vuelta al mundo y, de nuevo, todas las especulaciones sobre el autor del envenenamiento recayeron en el Kremlin. Contra todo pronóstico, Yúshchenko se recuperó.

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Y en un caso más reciente, el hermano renegado del líder norcoreano Kim Jong-un murió envenenado en el aeropuerto de Kuala Lumpur, a manos de dos mujeres que alegaron haber sido utilizadas en lo que creían, según ellas, era una broma.

Pero los envenenamientos no tienen nada de nuevo: constituyeron una práctica milenaria en tiempos pasados. Varios grandes personajes de la antigüedad murieron de ese modo, pero particularmente después del siglo XV, el envenenamiento se convirtió en una palanca esencial del poder. En los dramas palaciegos y cortesanos de Europa, “el arma que no deja rastro” empezó a tener un papel preponderante en los asuntos de Estado.

En 1492, con la llegada a El Vaticano del papa Alejandro IV, los hermanos César y Lucrecia, sus hijos, combinaron la fuerza y la inteligencia para eliminar a los adversarios que amenazaban su poder. Y para ello usaron el delgado y delicado dedo de Lucrecia. La entrenaron desde pequeña para seducir a los invitados y, en el momento justo, utilizar su “anillo mortal”, en donde mantenía una dosis letal de Cantarella, un veneno incoloro e insípido extraído del arsénico. Luego de tomar el vino envenenado, los comensales sentían su boca reseca, el cuerpo les ardía y en pocos minutos, luego de convulsionar y echando espuma por la boca, morían retorcidos en el suelo.

Pyotr Verzilov cumple dos semanas en cuidados intensivos en un hospital de Berlín. Foto: REUTERS. 

En 1533 la florentina Catalina de Médici, hija de Lorenzo II, entró en la corte francesa para casarse con Enrique II de Francia. La refinada mujer llegó a ejercer un papel secundario, pero con la muerte de su esposo y la corta edad de sus hijos, se convirtió en reina consorte de Francia y, para eliminar potenciales adversarios, no dudó en recurrir a las fatales pociones. Así murió su suegra, la reina Juana III, a quien Catalina le regaló unos guantes envenenados que la monarca de Navarra utilizó en una cena. Luego de probar el primer bocado, falleció.

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Un siglo después, en la Francia de Luis XIV, salió a la luz el affaire des poisons o “asunto de los venenos”. El rey Sol temía morir envenenado y su paranoia lo llevó a ordenar la muerte de 36 cortesanos, entre condes y duques de varias regiones de Francia.

Las cortes europeas vivieron muchos más casos de envenenamientos hasta el siglo XX. En Rusia, el místico ruso Rasputín, favorito de la zarina Alejandra, sobrevivió a una potente dosis de cianuro administrada en su comida por el príncipe Félix Yusúpov, cansado de su influencia en la corte de los Romanov. Pero al ver que no hacía efecto, le disparó en la cabeza. Ese caso habría marcado la decadencia del veneno en la modernidad: un arma de fuego, en 1916, parecía hacer mejor el trabajo. Pero más de 100 años después Putin, así como Kim, o al menos sus seguidores, parecen dispuestos a revivir esa cruel forma de asesinar a sus enemigos.

El veneno como mensaje

En pleno siglo XXI cada vez cuesta menos deshacerse de alguien. Y si antes los venenos no dejaban rastro, y la muerte por una sustancia química parecía ‘natural’, ahora con exámenes de toxicología es fácil comprobar las causas del deceso. Para los esbirros de Putin sería mucho más eficiente eliminar a sus enemigos en operaciones encubiertas menos mediáticas. Pero el veneno es un arma aleccionadora y ejemplarizante como ninguna otra. Y además de la dolorosa y lenta muerte que causa, previene a sus enemigos de las consecuencias de meterse con el Kremlin. Este, con el veneno, advierte a sus opositores: no solo te puedo asesinar, sino que elijo la manera, el lugar y el momento de hacerlo.

Una historia de muerte

El envenenamiento es una práctica milenaria. Aquí algunos ejemplos de personajes involucrados.

SOCRATES cicuta

Es una planta de 2 metros de altura originaria de Europa y el norte de África. Su consumo produce pérdida del control de las extremidades por debilidad muscular y temblores. Luego parálisis total del cuerpo, asfixia y muerte. Sócrates fue condenado a envenenamiento por cicuta, un método empleado habitualmente en la Antigua Grecia.

NAPOLEÓN BONAPARTE mercurio

El mercurio es un metal pesado y se consigue en depósitos en todo el mundo. El envenenamiento con mercurio produce picazón, ardor y descamación en la piel, y en dosis altas produce la muerte. Varias investigaciones aseguran que Napoléon fue envenenado lentamente con mercurio y no murió, como se creía, por un cáncer de estómago.

HERMANN GÖRING cianuro

El cianuro se obtiene de manera natural de alimentos habituales de la dieta humana como ciruelas, almendras, nueces o castañas. Su consumo produce dolor de cabeza, síntomas de ahogo, visión borrosa y vómitos. Una exposición alta al veneno causa rápidamente convulsiones y coma. Hermann Göring, uno de los hombres clave de Hitler, se suicidó al ingerir una capsula de cianuro, para evitar su sentencia de muerte en la horca.

LUCRECIA BORGIA cantarella

Cantarella es un polvo incoloro e insípido, obtenido mezclando arsénico con vísceras de cerdo secas. Provoca la muerte en 24 horas después de un colapso cardiovascular. Fue el veneno más usado en la Italia del renacimiento y Lucrecia Borgia asesinó a varios opositores de su padre, el papa Alejandro VI, vertiendo Cantarella en sus copas de vinos.

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