El secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, inauguró este jueves 5 de marzo en Miami (Doral) la denominada “Americas Counter Cartel Conference” en la sede del Comando Sur. En esa reunión participaron jefes militares y responsables de seguridad de varios países latinoamericanos.
Durante su intervención, el funcionario pidió a los gobiernos de la región adoptar un enfoque más agresivo contra los carteles, e incluso advirtió que Estados Unidos podría actuar solo si es necesario.
Además, el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convocó para este sábado, 7 de marzo, en Miami a los mandatarios para la cumbre regional enfocada en combatir el narcotráfico, el crimen organizado y la inmigración ilegal en el hemisferio occidental, donde destaca la presencia de 12 países invitados, pero también la ausencia de otros.

El encuentro busca coordinar una estrategia de seguridad entre Estados Unidos y gobiernos aliados de América Latina, con el objetivo de reforzar acciones contra carteles, bandas criminales transnacionales y rutas de drogas hacia territorio estadounidense, una de las principales banderas del gobierno del mandatario republicano.
Además de la agenda antidrogas, la reunión también tiene una dimensión geopolítica, ya que la Casa Blanca pretende fortalecer su influencia en la región frente al avance de China, según reportes de medios estadounidenses sobre la preparación del evento.

Según reportes diplomáticos y de prensa, a la cumbre fueron convocados alrededor de 12 países, principalmente gobiernos considerados afines a Washington o de tendencia conservadora en América Latina. Entre los países mencionados en las invitaciones están naciones y líderes aliados al mandatario.
Todos los participantes son aliados ideológicos de Trump: el argentino Javier Milei, el chileno José Antonio Kast, el boliviano Rodrigo Paz, el costarricense Rodrigo Chaves, el dominicano Luis Abinader, el ecuatoriano Daniel Noboa, el salvadoreño Nayib Bukele, el hondureño Nasry Asfura, el panameño José Raúl Mulino, el paraguayo Santiago Peña y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.

Uno de los aspectos más llamativos es que Colombia no fue invitada, pese a ser históricamente uno de los principales socios de Washington en la lucha contra el narcotráfico.
Tampoco fueron convocados países que no son cercanos a las políticas del gobierno de Donald Trump, como México, donde gobierna Claudia Sheinbaum; Brasil, con Luiz Inácio Lula da Silva; o Nicaragua, liderada desde hace décadas por el dictador Daniel Ortega. Esto, según los reportes de prensa sobre la lista de participantes.

La exclusión es significativa porque Colombia y México son dos de los países más importantes en las rutas del narcotráfico hacia Estados Unidos, y tradicionalmente han participado en mecanismos regionales antidrogas. La ausencia de estos países ocurre en un momento de tensiones políticas entre Washington y varios gobiernos latinoamericanos de izquierda.
En el caso de Colombia, las relaciones entre el gobierno de Trump y el presidente Gustavo Petro han tenido episodios de fricción, incluso en debates sobre política antidrogas y erradicación, esto a pesar de la reunión que mantuvieron los mandatarios de ambos países el pasado mes de febrero.

Washington mantiene además una lista de países señalados por producción o tránsito de drogas, en la que Colombia ha aparecido, lo que refleja las presiones de la Casa Blanca para reforzar la cooperación antidrogas.
