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| 2/1/2020 4:53:00 AM

Nuevo gabinete de Duque: empiezan las movidas en el tablero

Con el nombramiento de Alicia Arango en el Ministerio del Interior, el presidente Iván Duque comenzó un remezón en su gabinete que se ha demorado más de lo previsto. La tarea de reorganizar el ajedrez, en el segundo tiempo del Gobierno, ha planteado toda una odisea política.

Cambios en el gabinete de Iván Duque en 2020: Alicia Arango en el Ministerio del Interior El presidente Duque les ha dicho a sus colaboradores que quiere acertar con el nuevo gabinete para poder tramitar reformas clave en el Congreso, como la pensional o la de salud. Foto: foto: juan carlos sierra - semana
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Todos los gobiernos afrontan crisis ministeriales y los presidentes se ven obligados a hacer cambios de gabinete por diferentes motivos. Por ejemplo, para responder a una coyuntura en particular o para oxigenar al equipo de gobierno en medio del habitual desgaste político. El caso de Iván Duque no es la excepción.

Aunque se propuso tener un gabinete de cuatro años, le cambiaron rápidamente el rumbo las dificultades de la agenda legislativa en el Congreso, la fuerza de la protesta social y el nuevo mapa de poder que emergió en las elecciones regionales. El mandatario acaba de comenzar su segundo tiempo con la expectativa de un relevo de ministros que empezó el viernes, con el anuncio de la llegada de Alicia Arango al Ministerio del Interior.

La ministra de Trabajo, Alicia Arango, será la nueva ministra del Interior. Se le reconoce su capacidad de diálogo político.

Desde finales de noviembre, Duque anunció estar dispuesto a hacer ajustes. Con una desaprobación del 70 por ciento y las calles al rojo, el presidente aseguró entonces que “hay ministros y ministras que han cumplido ya sus misiones” y que “siempre es bueno renovar”.

Hoy, dos meses después, aún no concreta del todo la anunciada renovación, circulan especulaciones permanentemente y la gabinetología se convirtió en el pan de cada día. Con un agravante: algunos ministros se sienten en el limbo ante la indecisión del presidente.

En la Casa de Nariño dicen que “armar el muñeco” ha sido una tarea titánica y más ahora que Duque se mostró dispuesto a darle un giro de 180 grados a su estrategia. Por ahora, es un hecho que le dará representación política a los partidos para mejorar la gobernabilidad en el Congreso. Ese viraje significará que Cambio Radical y personas vinculadas a la casa Char y de las entrañas de Germán Vargas Lleras lleguen a Palacio muy pronto. Se habla, por ejemplo, del ingreso de Germán Bahamón al Ministerio de Agricultura.

Bahamón, nacido en Huila y cercano al senador Rodrigo Lara, fue gerente de la Caja de Vivienda Popular en la alcaldía de Enrique Peñalosa y es hoy el director general de Apple en Colombia. Es una persona conocedora de los temas del agro.

Los cambios que alista Duque han abierto una tensión con otros partidos que, en este segundo tiempo, también quieren tener a sus fichas en el consejo de ministros. Es el caso del Partido Conservador y de La U, cuyos senadores y representantes vienen acompañando al Gobierno desde el primer día sin contar con nadie afín en el gabinete. Como dice un congresista, en esta oportunidad a Duque le tocará pagar por partida doble: “Pagar por la permanencia de unos y por la llegada de otros”.

"Duque quiere acertar en cada uno de los nombres al frente de los ministerios, teniendo en cuenta que el tiempo corre y su mandato concluye en solo dos años y medio".

Dejar a todos contentos requiere de un malabarismo que Duque se había negado a practicar desde que asumió la presidencia hace 18 meses. Definir el nuevo equipo le ha tomado mucho más de lo previsto por varias razones. Una de ellas tiene que ver con el estilo del mandatario. “Los tiempos de él no son los mismos que los de los partidos o de los políticos”, cuenta el representante Eduard Rodríguez, del Centro Democrático.

Además, el presidente se propuso la meta de salir a buscar perfiles que reunieran varias condiciones simultáneamente. En primer lugar, que fueran técnicos y conocieran las carteras a donde llegarán. En segundo lugar, que tuvieran vocación de diálogo y un respaldo político de los partidos que integrarán la nueva coalición en el Congreso. Y, en tercer lugar, que le generaran confianza a él y a su primer círculo de poder.

No es fácil encontrar de un día para otro personas con esas tres características. También hay un factor que no mencionan en público pero que de puertas para adentro siempre está presente: en las decisiones de Duque la opinión del expresidente Álvaro Uribe tiene un gran peso.

Apenas posesionado, este nuevo gabinete tendrá el desafío de sacar adelante reformas clave como la de la salud, la justicia, la laboral (una vez haya acuerdo en las mesas de concertación), la política, la de las consultas previas y la pensional. Duque les ha dicho a sus colaboradores que quiere acertar en cada uno de los nombres al frente de los ministerios, teniendo en cuenta que el tiempo corre y su mandato concluye en solo dos años y medio, sin posibilidades de reelección.

En la definición del nuevo gabinete, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras ha jugado un papel clave. Cambio Radical entrará al Gobierno.

Pero a medida que pasan los días y organiza este ajedrez, las tormentas son evidentes. La incertidumbre sobre el futuro del propio gabinete (quiénes se van y quiénes se quedan) está impactando la agenda diaria de algunos ministros y altos funcionarios, así como el cumplimiento de sus metas. El Ministerio de Salud, uno de los más estratégicos en un país con tantos problemas en esa materia, permanece en la interinidad desde finales de diciembre, tras la renuncia de Juan Pablo Uribe. Para ese cargo también vienen sonando la exgobernadora del Valle Dilian Francisca Toro, a nombre de La U, o José Fernando Cardona, en representación de Cambio Radical.

El propio Centro Democrático, el partido de gobierno, plantea el otro frente adverso donde algunos ven con preocupación que Duque busque ganar gobernabilidad a cambio de puestos. Desde hace un tiempo dicho movimiento luce fragmentado, algo que pocos se esperaban tratándose de una organización que en el pasado dio muestras de una férrea disciplina partidista. De hecho ya hay reclamos en público, como el que hizo el representante a la Cámara Gabriel Santos: “La representación política tiene que partir de una base ideológica. Lo que no puede ser es que la participación parta de los puestos. Es lo mismo que le criticamos a Santos: burocracia en el Estado para eliminar las diferencias en el Congreso”.

El uribismo y Duque fueron tan insistentes en su arremetida contra Juan Manuel Santos por la famosa “mermelada”, que terminaron por satanizar algo habitual en cualquier democracia. En efecto, los partidos suelen tener representación en los gobiernos y, a través de las coaliciones, sacan adelante los proyectos en los parlamentos.

"Duque ha hablado personalmente con los líderes de los partidos que podrían entrar en la coalición. En su escritorio desde hace semanas hay hojas de vida que podrían reunir las características que busca".

Que lo califiquen de “enmermelado” o de incumplir lo que prometió en la campaña, cuando anunció que su mandato cambiaría por completo las relaciones tóxicas entre el Ejecutivo y el Legislativo, también ha hecho que Duque piense cada paso que da y proceda en cámara lenta. De hecho, tuvo la primera oportunidad de sacudir al gabinete por completo cuando renunció el ministro de Defensa, Guillermo Botero, en la primera semana de noviembre, luego de un fuerte debate de moción de censura.

Sin embargo, en vez de acudir a la milimetría política, Duque optó por mover a Carlos Holmes Trujillo a Defensa, y por nombrar a Claudia Blum, de las entrañas de Uribe, en la Cancillería. Con esa movida dejó contento al uribismo en pleno, que con la llegada de Alicia Arango seguirá controlando las carteras cruciales de Interior, Defensa, Cancillería y Hacienda.

La situación de hoy es a otro precio y el Gobierno necesita sumar puntos en un Congreso que le ha mostrado los dientes. Por eso Duque ha hablado personalmente con los líderes de los partidos que podrían entrar en la coalición. En su escritorio desde hace semanas hay hojas de vida que podrían reunir las características que busca. Además del Ministerio del Interior y la vacante que quedó en Trabajo, habría relevos en Agricultura, TIC, Salud y en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. En esta baraja también entra la Embajada de Colombia en Estados Unidos, que estará disponible con la salida de Francisco Santos.

El director del Partido de la U, Aurelio Iragorri, se ha reunido con Duque para acordar el ingreso de esa colectividad al gabinete.

Antes de concluir 2019, el presidente aspiraba a contar en su equipo con figuras de las regiones como Alex Char o Federico Gutiérrez. Ambos salieron con indicadores muy favorables de gestión y popularidad y, desde cualquier ministerio, habrían servido para mejorar la conexión de Duque con las regiones. Pero ambos, con diplomacia, le dijeron que no, entre otras, porque hacen cuentas como posibles precandidatos presidenciales en 2022 y no querrían identificarse demasiado con un Gobierno que no atraviesa por su mejor momento.

Los próximos días serán decisivos. De cómo resulte el muñeco dependerá el éxito de un presidente que está tardando en concretar del todo su nueva gobernabilidad. 

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