crónica

El triunfo de los “nadies”: todo lo que tuvieron que hacer para asistir a la posesión presidencial

El protagonismo de la posesión se lo llevaron miles de personas que se volcaron a las calles para apoyar al nuevo presidente, Gustavo Petro. Sienten que el triunfo fue de ellos.


“¿No tienen nada qué hacer? ¿Acaso no se ve mejor la transmisión en el televisor de su casa?”, fueron algunas de las preguntas que les hicieron, con tono de burla, a los más de 10.000 asistentes a la plaza de Bolívar de Bogotá y sus alrededores. Los mismos que prefirieron el frío de la capital y estar a unas cuantas cuadras de donde Gustavo Petro se posesionó como presidente de la república. “Es que el triunfo no es de él, es de nosotras que llevamos buscando desde hace tres décadas un cambio”, dijo Flor, una mujer de 67 años que estaba tratando de conciliar el sueño sobre una colchoneta tirada en el piso, en uno de los salones de la Universidad Pedagógica. Junto a ella, otras 20 mujeres viajaron desde Nariño, Cauca y Valle del Cauca para asistir al evento que rompió todos los esquemas protocolarios.

Javier Martínez viajó desde Pasto, Nariño, con sus dos hijas, de 17 y 18 años, quienes estudiaron en colegios públicos y buscan acceder a la universidad.
Javier Martínez viajó desde Pasto, Nariño, con sus dos hijas, de 17 y 18 años, quienes estudiaron en colegios públicos y buscan acceder a la universidad. - Foto: angélica barrera

Era la una de la mañana del 7 de agosto, cuando fue interrumpida por otra de sus compañeras de lucha. Se trata de Josefina, quien, después de acomodar su pantalón como almohada, se sentó y aclaró: “Es que nosotras no somos un comité de aplauso de Petro. Es la figura que vimos como esperanza de cambio”, lo que enfatiza el hecho de que las calles de Bogotá estén llenas. Tiene dos objetivos. El primero, que él se sienta respaldado y, el segundo, que sepa la responsabilidad que tiene con todos los que confiaron en él. El viaje a Bogotá empezó el jueves 4 de agosto, pero desde hace tres meses, es decir, antes de la segunda vuelta, un grupo de mujeres del Pacífico ya estaba realizando bingos y rifas de bicicletas, licuadoras, entre otros, para asistir a la posesión. Estaban seguras de que llegarían a la Casa de Nariño con su candidato, el único que, según ellas, entendió que era necesario darles importancia a las mujeres. Y lo demostró al escoger a Francia Márquez como fórmula vicepresidencial.

Simpatizantes de la extinta guerrilla del M-19 se reunieron frente a la Casa Museo Quinta de Bolívar e hicieron una olla comunitaria para celebrar lo que calificaron como un triunfo propio.
Simpatizantes de la extinta guerrilla del M-19 se reunieron frente a la Casa Museo Quinta de Bolívar e hicieron una olla comunitaria para celebrar lo que calificaron como un triunfo propio. - Foto: angélica barrera

Reunieron 8 millones de pesos para pagar un bus con capacidad para 40 personas. Salieron de Pasto, pararon a desayunar en una olla comunitaria en Popayán. En Puerto Resistencia de Cali almorzaron y poco a poco se fueron sumando más personas. Pero en Bogotá, luego de asistir al congreso de lideresas en el Palacio de los Deportes, dicen, se quedaron sin el apoyo de la administración de Claudia López para poder hospedarse. Así que, con algunas colchonetas que trajeron y una que otra cobija, se acomodaron en dos salones de la universidad pública. La dicha que sentían de verse a unas horas de estar gritando ¡libertad!, frente a su presidente, hicieron valer cualquier sacrificio. “Dora y yo pensamos que no íbamos a vivir para ver este proceso histórico. Nos sentimos protagonistas. Es nuestra fiesta”, dijo Flor. A 9 kilómetros de distancia –en uno de los hoteles ubicados en la carrera 12 con calle 22– estaba Alejandra Vélez, una madre que también se considera una “nadie”. Sola ha tenido que sacar adelante a sus dos hijas –de 10 y 3 años– y durante el paro nacional salió todos los días a protestar en Medellín, donde siempre le gritaron “guerrillera, tirapiedras”. Dice que desde ese entonces empezó la lucha para poner a Gustavo Petro de presidente. Para ella y miles de colombianos que llegaron a Bogotá, entre afrodescendientes, indígenas, jóvenes, ancianos, estar en la capital, así fuera frente a una pantalla gigante, era estar en el lugar exacto en el que se escribió la historia. No importaba si no lograban recibir una de las manillas blancas que les garantizaba ingresar a la plaza de Bolívar.

María Zapata y Mónica Cardona lideraron las protestas sociales y la campaña de Gustavo Petro y Francia Márquez.
María Zapata y Mónica Cardona lideraron las protestas sociales y la campaña de Gustavo Petro y Francia Márquez. - Foto: angélica barrera

Sentir que las venas se hinchan de alegría fue lo que experimentaron aquellos que siempre se identificaron con el M-19, como lo dijo Adolfo Betancourt. La posesión de Petro para ellos es como la revancha que los devolvió a 1970, cuando, dicen, le robaron las elecciones presidenciales a Gustavo Rojas Pinilla. 52 años después, sienten que el río tomó su cauce. “Vemos culminados nuestros sueños de justicia social”, afirmó el hombre que en el paro cívico de 1977 fue capturado, detenido y torturado en la Cuarta Brigada del Ejército Nacional. Cuenta su historia mientras entrega a los transeúntes una espada de Bolívar en plástico, de 10 centímetros de largo y con la que simboliza el triunfo. Lo que se vivió fue un carnaval de esperanza en el que las delegaciones bailaron y cantaron. Todos sentían que, gracias a ellos, Petro estaba poniéndose la banda presidencial de manos de María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro, asesinado en un vuelo comercial el 26 de abril de 1990.

Muchos gritaban que fueron ellos los que lograron que Petro se mantuviera vivo y frente al reto de administrar un país. Es que los “nadies” son conscientes de que lo pueden todo. “Usted no nos impide pasar porque si no le queda claro somos los que pusimos presidente”, gritaban jóvenes encapuchados, que aseguraban ser de la primera línea, antes de romper el cerco de seguridad que la Policía tenía en el parque de los Periodistas. Pero mucha gente del pueblo, como se autodenominan, y por la que, según ellos, nadie daba un peso fueron invitados especiales del presidente Gustavo Petro. Kelly Tatiana Garcés se sentó al lado de ministros y mandatarios internacionales. Ella le pidió permiso a la empresa de aseo de Medellín para no ir a barrer las calles de la ciudad. Desde hace dos años trabaja como escobita y prefiere que la llamen así porque barrendera le parece despectivo. Llegó a Bogotá 24 horas antes de la posesión, fue vestida por unas diseñadoras de Barrancabermeja y por primera vez se hospedó en un hotel. Su hermana, una litógrafa de la capital de Antioquia, la acompañó a la ceremonia.

Kelly Tatiana Garcés sueña con ser profesional en salud ocupacional y ascender en la misma compañía de aseo para la que trabaja.
Kelly Tatiana Garcés sueña con ser profesional en salud ocupacional y ascender en la misma compañía de aseo para la que trabaja. - Foto: angélica barrera

Tatiana se preparó con su comunidad para ser la portavoz de las necesidades que los aquejan. El barrio en el que vive en la comuna 8 está sufriendo por cuenta de un deslizamiento desde hace año y medio, lo que ha provocado el cierre de la vía. Además, un grupo de mujeres cabeza de hogar busca crear una microempresa de confección, pero por la misma premura de la jornada no tuvo ni tiempo de hablar con el presidente. Él sí la presentó en sus saludos públicos, aunque no hablaron personalmente, pues a ella y a su hermana les tocó correr al aeropuerto para volver a Medellín apenas se terminó la ceremonia. Solo espera que no todo termine ahí, sino que en realidad pueda ayudar a la comunidad para tender puentes entre el Gobierno nacional y su gente, la misma que votó masivamente por Petro.

Más que fanatismo, lo que se vivía en medio de las plazas de toda Colombia, donde se pusieron las pantallas gigantes y en cientos de hogares, era orgullo patrio, esperanza genuina de un cambio. Las lágrimas se escaparon y contrastaban con sonrisas. Por eso, lo que esperan los electores es que las promesas se cumplan para evitar sentirse utilizados y que el sueño se frustre.