Por: Juan Lozano
La Ley María se ha convertido en una verdadera fábrica de felicidad para las familias colombianas. La historia de la paternidad en Colombia tiene un antes y un después marcado por la aprobación de esta ley que abrió un camino irreversible hacia la plenitud de derechos de los niños y las niñas que pueden recibir durante los primeros días de sus vidas todo el afecto, todo el amor, toda la ternura, toda la protección y el cuidado tanto de sus madres como de sus padres, y no de solo uno de ellos.
Desde que empezamos a tramitar la Ley María algunos sectores se opusieron a su aprobación. Hoy casi 20 años después hay casi un consenso nacional en torno de las bondades de la licencia.
No en vano se aprobó por unanimidad en la plenaria de Senado tras un complejo proceso de concertación en el que el Ministro de Hacienda y su viceministro jugaron un papel clave para lograr su ampliación inicial de ocho días a dos semanas, así como la incorporación progresiva de semanas adicionales, hasta llegar a 5, dependiendo del comportamiento del mercado laboral y en particular de la reducción del desempleo.
Esta figura de progresividad condicionada es una interesante innovación legislativa que se concretó en la concertación después del tercer debate y puede constituirse en un precedente para llevar de la mano la mejoría del empleo y la concesión de beneficios laborales.
La incorporación de la licencia compartida y la licencia flexible son novedades valiosas en las que trabajaron con esmero José Daniel López, Juanita Goebertus y Laura Fortich.
No tengo duda. Nuestra sociedad será mejor, más amorosa, más respetuosa, más equitativa tras la aprobación de esta ley que ya casi está lista. Anoche se radicó la conciliación entre Senado y Cámara, pero no se anunció en Senado. Esperamos que eso ocurra hoy para votar la conciliación antes de que terminen las sesiones ordinarias. En la puerta del horno no se nos puede quemar el pan.
