La corriente del río Cauca ha servido como mensajera en Caucasia, Antioquia. El pasado 10 de enero fue encontrado en la ribera el cuerpo de un hombre. Se trataba del ‘Negro’, un campesino de la región. La noticia no solo afectó a su esposa y sus cuatro hijos, sino también a Luz Estela de la Ossa Gutiérrez, quien tenía claro que todo formaba parte de un macabro plan.
El ‘Negro’ cosechaba plátano de la finca de Anselmo de la Ossa, de 66 años, el padre de Luz Estela. Los grupos criminales querían que la rentabilidad de la producción se la dieran a ellos y no al propietario de la parcela, quien seis años atrás salió de Caucasia desplazado por la violencia. Pero las amenazas continuaron, pedían que entregara a los cabecillas la parcela de 26 hectáreas porque de lo contrario su hija y él serian asesinados. El 26 de septiembre de 2016 al anciano le mataron dos de sus hijos por ajuste de cuentas.
Durante mucho tiempo el plátano que producían las 17.000 matas sembradas allí se perdía. A esa tierra solo entraban miembros del Clan del Golfo, Los Caparros y las disidencias de las FARC. Con el paso de los años algunas familias necesitadas del municipio se contactaron con don Anselmo para poder entrar y cosechar.

En Caucasia están acostumbrados a que los grupos criminales son los que mandan. Ellos ordenaban a quién vender la producción del plátano y los extorsionaban. A inicios de año, se contactaron con el papá de Luz Estela y le dijeron que le enviarían un recado con el ‘Negro’, a quien citaron a una reunión. Al finalizar el encuentro, Anselmo recibió la llamada del cabecilla de la organización y le dijo que el ‘Negro’ ya le tenía listo el mensaje. Tres días después su cuerpo fue hallado.

Luz Estela de la Ossa Gutiérrez, lideresa social de mujeres víctimas del conflicto y restitución de tierras entregó el relato de lo sucedido a las autoridades. Según ella, no ha pasado nada. Días después, a su tío, quien intentó huir de la región, también lo asesinaron. “A la familia le da miedo tener algún contacto con nosotros”, asegura Luz Estela con voz entre cortada.

Entre la lista de amenazas que le hicieron llegar a través de un panfleto firmado por las Águilas Negras, aparece el nombre de su hijo de cinco años, su papá y otros familiares. “Quisiera que uno de esos delincuentes me diga qué le hizo mi hijo de cinco años para que lo quieran matar”, grita con impotencia Luz Estela. Confiesa que cada vez que la amenazan, recuerda la imagen de sus hermanos asesinados. Los homicidas grabaron un video mientras agonizaban y cada vez que la amenazan le envían estas imágenes.

“Yo no quiero morir”, dice el hijo de Luz Estela, cuando escucha los relatos y en ese momento el silencio se hace eterno. Decenas de personas consultadas por SEMANA coinciden en que el Clan del Golfo le pone precio a la vida de quienes los incomodan. Dicen que en lo corrido del año se han presentado 22 homicidios, 64 personas lesionadas y 7 extorsiones, cifras que podrían ser mayores, pero que nadie denuncia por temor.
El alcalde de Caucasia, Jefferson Sarmiento, dijo a SEMANA que aunque han bajado algunos delitos luego de que se neutralizó el grupo de Los Caparros que se enfrentaban por el control territorial con el Clan del Golfo, hay problemas latentes. “En los terrenos administrados por la SAE, Sociedad de Activos Especiales, se está realizando minería ilegal. La restitución de tierras avanza lentamente. Y la victimas tienen miedo de regresar”.
33.000 víctimas del conflicto viven en este territorio. A veces reciben a familias de otros municipios afectados por el conflicto y en otras ocasiones ven partir a los nativos, por las mismas razones. En el fondo saben que los tentáculos de las organizaciones ilegales son tan grandes que llegan a cualquier parte del país, por eso pierden la tranquilidad.

Luz Estela considera que las autoridades han dejado sola a su familia. Un analista de la Unidad Nacional de Protección consideró que el riesgo del hombre no es mayor. “¿Tienen que cogerlo a plomo para que le crean?”, pregunta la lideresa. Ella tiene protección colectiva, pero no tiene paz, por eso pide ayuda para sacarlos del país, convencida de que las cosas materiales se recuperan, pero la vida no.
