En una exclusiva zona de Bogotá, rodeada de oficinas y lujosos locales comerciales, funcionaba lo que varios califican como una inesperada sede alterna de la cúpula de Ecopetrol durante la presidencia de Ricardo Roa.
En la calle 85 n.º 11-64 operaba la veterinaria Sintiendo Huellas, fundada en febrero de 2019 por las hermanas Tatiana, María Alejandra y María Andrea Vargas Gómez. Esta última se vinculó a Ecopetrol en 2023 como profesional júnior de gestión, pero hasta 2026 se desempeñó como jefe de Staff de Ricardo Roa, convirtiéndose, según fuentes internas, en la mano derecha del entonces presidente de la estatal petrolera.
El padre de las tres hermanas es Santiago Vargas Ramos, un empresario que ha incursionado en negocios de construcción, zonas francas, energía y petróleo. Su empresa Negocios Varvill entregó cerca de 1.500 millones de pesos a la Colombia Humana entre 2022 y 2023.

Pero los vínculos de Vargas no terminaban en los negocios ni en los aportes políticos. Exdirectivos de Ecopetrol y autoridades enteradas de la auditoría forense aseguran que se convirtió en una presencia habitual en el círculo más cercano de Ricardo Roa y Julián Caicedo, su pareja. A SEMANA afirmaron que dicha amistad se hizo visible en encuentros que ocurrían lejos de las oficinas de la petrolera, entre otros lugares, en la veterinaria.
Un exdirectivo de Ecopetrol confirmó a SEMANA una reunión en la veterinaria en mayo de 2025. Contó que se trataba de una reunión de emergencia que habría contado con la presencia de varios vicepresidentes y fichas cercanas, y que entre ellos estaría Santiago Vargas.
Según narró, Ricardo Roa se encontraba en Presidencia, supuestamente validando la posibilidad de que Edwin Palma, exministro de Minas y Energía, se convirtiera en el nuevo presidente de la estatal petrolera.

Autoridades enteradas de la auditoría que se le hace a Ecopetrol desde la junta directiva confirman la versión, y aseguran que habría sido más de una reunión. En su momento, según conoció este medio, los presidentes de las filiales eran citados allí.
Los vehículos habrían entrado por un portón. Algunos parqueaban dentro y otros fuera del establecimiento, y los citados subían a un segundo piso, donde, supuestamente, quedaba la oficina de Vargas.
“Todos sabían de las reuniones. Siempre estaba lleno de carros blindados”, confirmó una fuente enterada en conversación con SEMANA.

Oslo y Gales
En medio de los cuestionamientos a Ricardo Roa y las denuncias sobre posibles actos de corrupción durante su administración en Ecopetrol, Sintiendo Huellas cerró repentinamente hace cerca de tres meses. Pocas semanas después desmontaron la fachada y cubrieron los ventanales con papel, sin siquiera desactivar la página web, las redes sociales y la tienda en línea, lo que indicaría que el negocio sigue funcionando.
Pero el ocaso de Sintiendo Huellas también quedó registrado en sus estados financieros. En 2021, la veterinaria reportó ingresos por 813 millones de pesos, activos por 152 millones y una nómina de 21 empleados, como cualquier negocio en pleno funcionamiento.

Tres años después, en estados financieros de 2025, con cifras correspondientes al cierre de 2024, la sociedad declaró cero pesos de ingresos, cero pasivos, ningún empleado y apenas tres millones de pesos en activos y patrimonio, aunque aparentemente seguía funcionando.
Pese a estas cifras, Sintiendo Huellas no aparece formalmente liquidada. Su matrícula continúa activa, aun con la caída de sus ingresos, activos y trabajadores que evidencian que su operación se apagó antes de que la sede fuera desmantelada.
Mientras la empresa desaparecía, otra veterinaria del mismo círculo familiar comenzaba a tomar forma. El 2 de diciembre de 2024, María Alejandra Vargas constituyó Oslo y Gales SAS, una empresa bautizada con los nombres de los gatos de Ricardo Roa y Julián Caicedo, presentados públicamente por la pareja apenas dos días antes durante una entrevista con SEMANA.


La compañía nació con un capital de 400 millones de pesos, suscrito y pagado en su totalidad. Al año siguiente, según los registros de la Cámara de Comercio, ya reportaba ingresos por 900 millones de pesos, activos superiores a 637 millones y una nómina de 34 empleados.
En los registros oficiales, Oslo y Gales parecía una empresa en plena expansión, pero su rastro era casi inexistente. La sociedad reportó como domicilio la calle 85 n.º 11-64, el mismo lugar donde había funcionado Sintiendo Huellas. SEMANA investigó, pero no encontró allí un establecimiento identificado con su nombre, ni página web, redes sociales o canales públicos a través de los cuales ofreciera sus servicios.
También llama la atención que, cuando fue constituida, Oslo y Gales no quedó matriculada bajo el código de actividades veterinarias, sino que registró como actividad principal “otros servicios personales” y como secundaria el transporte de carga por carretera.

Solo el 16 de enero de 2026, más de un año después de su creación, solicitó cambiar esos códigos por actividades de veterinaria, y almacenamiento y depósito. Este movimiento es uno de los detalles que, según las autoridades enteradas de la auditoría forense, llama la atención en las investigaciones relacionadas con estos movimientos empresariales.
Otra alerta de dichos movimientos es el origen de los 400 millones de pesos con los que se fundó Oslo y Gales. SEMANA tuvo acceso a reportes financieros, tanto de María Alejandra como de María Andrea Vargas, y ellas no reportan un patrimonio que permita explicar el desembolso. Ambas tienen deudas y como codeudoras de créditos en mora, lo cual abre un interrogante alrededor del capital con el que comenzó la nueva empresa.
Habla Santiago Vargas
SEMANA contactó a Santiago Vargas, amigo personal de Ricardo Roa y Julián Caicedo. Aunque negó las reuniones de la cúpula de Ecopetrol en Sintiendo Huellas, aceptó visitas de la pareja del expresidente de la estatal petrolera.
“Julián sí iba. Julián es amigo. Trabajó con nosotros un buen tiempo. Trabajaba en la parte logística, tenía un contrato”, confirmó el padre de las hermanas que fundaron la veterinaria.
Frente al origen de los recursos de la fundación de Oslo y Gales, Vargas aseguró que provenían del patrimonio de sus hijas, dado que son “emprendedoras”, y dijo que no tiene sede física en la dirección reportada porque “se cambiaron”.

“De pronto no han actualizado en Cámara de Comercio”, dijo Vargas, quien, al preguntarle por la nueva dirección, respondió: “No tengo por qué darle información de dónde está ubicado”.
Dijo que el nombre de la empresa se escogió porque a sus hijas “les gustó”, negando que tenga alguna relación con Julián Caicedo: “No aportó nada, o si no estaría en los estatutos en la Cámara de Comercio”.
Finalmente, recalcó que tiene una “excelente relación” tanto con Roa como con Caicedo. “A los animales los quiero porque nosotros somos animalistas. Los gatos y los perros, para nosotros, son vida. Si pusieron ese nombre es porque mis hijas quisieron”, agregó.

Actualmente, bajo el liderazgo de Ricardo Rodríguez Yee, miembro de la junta directiva de Ecopetrol, exvicecontralor y el hombre detrás de la investigación del escándalo de Reficar, avanza una auditoría forense que busca esclarecer posibles actos de corrupción bajo la administración de Ricardo Roa.
SEMANA conoció que el capítulo relacionado con María Andrea Vargas y la veterinaria seguramente será parte de la auditoría forense y que existe un informe que ya fue compulsado a la Fiscalía sobre las actuaciones de la exjefe de Staff de Roa. Además, la Dirección de Cumplimiento de la empresa hizo las verificaciones que dieron lugar a los hallazgos.
