Los dirigentes del fútbol colombiano se han equivocado en múltiples ocasiones, pero el calificativo que usó Ramón Jerusún contra las jugadoras de la selección es, tal vez, uno de los errores más grandes.
Seguramente, el directivo era uno de los pocos que no le apostaban al éxito de las jugadoras sub-17, que hicieron grandes esfuerzos para estar en el Mundial de la India y disputar la final ante España. El bus del fútbol femenino, al que ahora muchos se quieren subir, ha permanecido sin pasajeros durante largo tiempo. Sorpresivamente, quien viajó rápidamente a la India fue Jesurún, quien hace un par de semanas dijo que para ellas no habría premios porque eran “amateurs”.
A ese viaje ni siquiera se montó la Fifa durante años. Aunque las primeras evidencias del balompié femenino datan de la China en la dinastía Han, las prohibiciones no se hicieron esperar hasta que una activista de los derechos de la mujer fundó el primer club femenino, denominado British Ladies Football Club.

Solo hasta 1971 la máxima entidad del fútbol mundial, debido a la masificación del deporte, dio el reconocimiento esperado. Ese mismo año se jugó uno de los primeros partidos de mujeres en Colombia. Ocurrió en una exhibición que se hizo en Cali y ese amistoso impulsó la creación de los primeros torneos. La primera selección Colombia femenina se consolidó en 1998 y participó en el Campeonato Sudamericano de ese año en Mar del Plata, Argentina.
Casi dos décadas después, Independiente Santa Fe ganó el primer campeonato profesional de mujeres. Por eso, en la retina de la mayoría de colombianos está 2022 como el año del fútbol femenino: el oro bolivariano, el subcampeonato de la Copa América, los segundos puestos en los Sudamericanos sub-20 y sub-17, los cuartos de final en Costa Rica y la final en la India. No obstante, la lucha de las mujeres por la dignificación de su profesión y el reconocimiento es de tiempo atrás.

Las futbolistas han tenido que soportar vetos, como el demostrado con audios y pruebas a Daniela Montoya por parte de Álvaro González, presidente de la Difútbol y delegado de Colombia en el Mundial de la India. Él, además, aseguró años atrás que Colombia estaba lejos de una liga femenina respetable.
También, que las señalen por su condición sexual, como lo hizo Gabriel Camargo, dueño del Deportes Tolima, al decir que el fútbol femenino era “caldo de cultivo del lesbianismo”. O que el propio presidente de la Federación Colombiana de Fútbol señalara días antes de la semifinal contra Nigeria que desde la entidad no darían incentivos económicos porque “los premios solo se dan a los futbolistas profesionales”.
Como Colombia clasificó a la final, la Federación envió un comunicado diciendo que las palabras del directivo fueron tergiversadas y se aclaró que sí habrá premios económicos, que se suman a los de una casa de apuestas y a los del Ministerio del Deporte. Garantizarán para cada jugadora 24 millones de pesos si se logra el título y 18 millones de pesos si quedan subcampeonas.

Una cita con la historia
La primera vez que Colombia estuvo en la Copa Mundial Femenina Sub-17 fue en 2008, después de ser campeonas suramericanas con la generación de importantes jugadoras actuales del equipo de mayores, como Tatiana Ariza, Gaby Santos, Liana Salazar, Íngrid Vidal, Yoreli Rincón o Natalia Gaitán. Como en esa oportunidad, las siguientes tres clasificaciones a la cita orbital terminaron en la primera ronda.
Bajo la dirección de Carlos Paniaguay con la capitanía de Linda Caicedo, nominada a mejor jugadora del mundo, la selección Colombia enfrentará por primera vez en la historia una final de un mundial. Será ante España, equipo contra el que perdió en el arranque del evento orbital 1 a 0. A partir de ahí, los triunfos se hicieron presentes con varias dificultades, como las lesiones de Stefanía Perlaza o de la misma Linda, y la suspensión de Camila Correa.
A China la vencieron 2 a 0, a México lo derrotaron 2 a 1, a Tanzania 3 a 0 y en la semifinal frente a Nigeria se impusieron en la tanda desde el punto penal.
“Amo mi país y estos lindos colores que represento. Me llena de orgullo llevar esta sangre y estar en una final del mundo. Sé la importancia de estar aquí, pero seguimos siendo niñas y hay que disfrutarla como tal”, dijo Caicedo.
Aunque Linda es la máxima figura y se perfila como goleadora del torneo, sumando actualmente cuatro anotaciones, en el equipo fueron convocadas 21 jugadoras. Incluso, Karla Torres, de Independiente Santa Fe, que no pudo viajar por una lesión de rodilla.

De las escogidas por Carlos Paniagua,diez juegan en equipos profesionales. Una de ellas es Luisa Agudelo, quien debutó con Cortuluá en la liga profesional, es la menor del grupo y fue elegida como la mejor guardameta del Women’s Revelations Cup, torneo que se llevó a cabo en México. Ella mide 1,73 y solo ha recibido dos goles.
“Me mentalicé que podía, trabajé mucho para esto y merecíamos estar en la final. Las finales se ganan y vamos a darla toda en esa cancha”, dijo Luisa, quien empezó en la escuela Balón de Oro.
En la línea defensiva, una de las más destacadas es Ana María Guzmán, jugadora de Atlético Dos Quebradas de la Liga Risaralda y lateral derecha que lidera la mayoría de los ataques de la selección.
Pero, además de las condiciones futbolísticas, las económicas también resaltan y los esfuerzos de las familias que hoy ven en estas jóvenes la esperanza para tener una mejor calidad de vida.
“Cristina Mota, la central por derecha, es de Silvania, un pueblo cerca de Bogotá. No tenía pasaporte e inclusive le hicimos las vueltas. Los papás de ella son campesinos, y el papá se fue de su pueblo a la capital, a la oficina de pasaportes. Antes de llegar, Cristina nos dijo: ‘Mi papá sí va a venir, pero se le va a dañar la lechita’. Yo no entendía, pero después me di cuenta de que, como campesinos, trabajan la leche y el queso, y si no los procesan se dañan. Ella trabaja con su papá, es humilde y sencilla”, dijo a SEMANA Carlos Paniagua.

Yésica Muñoz es otra de las jugadoras que ha cautivado a la afición del país. La atacante de C. D. Formas Íntimas en la Liga de Antioquia y que marcó contra Tanzania, pero falló penal en la semifinal, guarda los viáticos de los viajes para cumplirle los sueños a su mamá, a quien define como su heroína.
“Muñoz me entregó los viáticos de ella para que le guardara la plata y comprarle un comedor a la mamá, porque en la parte socioafectiva estas niñas vienen luchando, muchas solo con las mamás y no ven el momento de ayudarlas. En medio del fútbol, salen adelante con sus proyectos”, dijo el entrenador.
Van por la gloria, saben que con resultados le están dando la vuelta al cuento y, aunque no prometen el título, su compromiso es hacer palpitar los corazones colombianos, en especial los que aún no laten con el fútbol femenino. “En lo personal, aún lo sigo asimilando, nos está cambiando la vida a cada una de nosotras, y de manera muy rápida. Vamos a sudar la camiseta hasta lo último”, finalizó Daniela Garavito.
Estas 21 jugadoras lograron lo que los hombres de la selección Colombia no han podido en los últimos años. Es hora de que el fútbol femenino sea apoyado y las deportistas tengan salarios dignos de su profesión. El domingo 30 de octubre se sabrá cuál será la selección campeona, pero estas jóvenes colombianas ya hicieron historia.
