Bogotá avanza en la transformación de uno de sus principales desafíos ambientales: los residuos de construcción y demolición (RCD). En el Relleno Sanitario Doña Juana, a través de la operación del Centro de Gestión de Residuos (CGR), estos materiales son incorporados a una estrategia de economía circular que busca reducir impactos ambientales y proteger los ecosistemas.
La Gestión Integral y Valorización de RCD desarrollada en el centro se ha posicionado como referente técnico en el país, tanto por su capacidad operativa como por el volumen de material reincorporado al ciclo productivo. Desde su recepción, los residuos son clasificados según su potencial de aprovechamiento. Los RCD pétreos valorizables —como hormigón, mampostería, asfalto, cerámicos, arenas y gravas— se transforman en agregados reciclados, mientras que los no pétreos, como plásticos, madera, metales y cartón, son dirigidos a cadenas externas de reciclaje. Los materiales que no cumplen criterios técnicos son dispuestos de forma controlada.
“Cada residuo que ingresa es evaluado técnicamente. Nuestro objetivo es que solo lo estrictamente necesario llegue a disposición final y que la mayor cantidad posible sea aprovechada con estándares de calidad y trazabilidad”, explica Andrea Pérez Cadavid, gerente del CGR.

Uno de los mayores retos es el manejo de residuos de gran volumen, como columnas y vigas de más de dos metros. Estos pasan por un proceso que incluye recepción, pesaje, selección manual, trituración, cribado y ensayos de laboratorio para su certificación. “Trabajamos con protocolos claros que aseguran la homogeneidad y la calidad del material final. No se trata solo de triturar escombros, sino de producir insumos confiables para obras y operaciones”, señala Pérez Cadavid.
Como resultado, se producen bases, subbases, arenas y gravas que cumplen estándares técnicos, además de utilizarse en la operación interna del relleno. El CGR recibe cerca de 14.000 toneladas mensuales de RCD, de las cuales más de 10.000 son aprovechadas, lo que representa alrededor de 120.000 toneladas al año.
“Esta gestión demuestra que es posible convertir un problema urbano en una solución ambiental. La valorización de los RCD es una pieza clave para una Bogotá más sostenible y responsable con su entorno”, concluye Pérez Cadavid.
