Elecciones 2026

Colombia se encamina otra vez a la segunda vuelta: las encuestas anticipan una elección ajustada

Desde que se instauró la segunda vuelta presidencial para garantizar mayorías, Colombia ha elegido a sus mandatarios en un sistema que combina historia y coyuntura. Hoy, más de tres décadas después, las encuestas vuelven a anticipar el mismo desenlace.

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13 de abril de 2026 a las 7:50 p. m.
Hoy, a la luz de las encuestas más recientes, el panorama parece repetirse. Ningún candidato lograría superar el umbral del 50 % en primera vuelta.
Hoy, a la luz de las encuestas más recientes, el panorama parece repetirse. Ningún candidato lograría superar el umbral del 50 % en primera vuelta. Foto: LILIANA RINCÓN

En 1991 Colombia cambió la forma de elegir presidente: ya no basta con ganar, hay que conquistar mayorías. La segunda vuelta nació para legitimar el poder en medio de la apertura democrática y, desde entonces, ha marcado elecciones cerradas, alianzas inesperadas y giros históricos en el rumbo político del país.

Hoy, a la luz de las encuestas más recientes, el panorama parece repetirse. Ningún candidato lograría superar el umbral del 50 % en primera vuelta. Ni Iván Cepeda, ni Paloma Valencia, ni Abelardo de la Espriella registran una intención de voto que les permita ganar en una sola ronda.

La medición más reciente de AtlasIntel, firma contratada por SEMANA, es diciente: Cepeda lidera con 36,4 %, seguido por De la Espriella con 27,9 % y Valencia con 17,5 %. Es decir, ni siquiera el candidato puntero alcanza el 40 % de intención de voto, un dato que refuerza la idea de que la elección, como ha ocurrido en la mayoría de los casos desde 1991, se definirá en una segunda vuelta.

Colombia no siempre eligió a su presidente en dos rondas. Durante gran parte del siglo XX bastaba con obtener la mayor cantidad de votos para llegar a la Casa de Nariño, incluso si ese respaldo era minoritario. Este modelo cambió con la Constitución de 1991, que introdujo la segunda vuelta presidencial como una de las apuestas más ambiciosas de la apertura democrática.

La lógica era clara: en un país que dejaba atrás el bipartidismo tradicional y se abría a nuevas fuerzas políticas, resultaba cada vez más probable que un candidato ganara sin representar a la mayoría. El balotaje, como también se le conoce, se diseñó para corregir ese problema. Desde entonces, si ningún aspirante supera el 50 % en primera vuelta, los dos más votados deben enfrentarse en una segunda ronda definitiva.

No se trató solo de una reforma técnica, fue una respuesta directa a una crisis profunda de desconfianza institucional, violencia política y un sistema que ya no reflejaba la diversidad del país. Por eso, la segunda vuelta buscaba, además de elegir presidente, darle legitimidad al proceso electoral.

1994, la primera elección en dos vueltas

Ernesto Samper Pizano fue el primer presidente elegido en una segunda vuelta presidencial en Colombia.
Ernesto Samper Pizano fue el primer presidente elegido en una segunda vuelta presidencial en Colombia. Foto: Carlos Vasquez

El nuevo mecanismo debutó en esos comicios. Aquella elección no sólo inauguró el balotaje, sino que mostró desde el inicio su potencial para definir contiendas cerradas. Ernesto Samper obtuvo 3.733.366 votos (50,26 %) y se impuso por poco más de 150.000 votos sobre Andrés Pastrana, quien alcanzó 48,15 %. Fue una de las diferencias más estrechas registradas en una segunda vuelta.

Cuatro años después, en 1998, el escenario se invirtió: Pastrana logró 6.114.752 votos (50,39 %) y derrotó a Horacio Serpa, quien obtuvo 46,53 %. La distancia fue de cerca de 450.000 votos, otra elección muy cerrada.

En 1998 el exalcalde de Bogotá, Andrés Pastrana se impuso al liberal Horacio Serpa.
En 1998 el exalcalde de Bogotá, Andrés Pastrana se impuso al liberal Horacio Serpa. Foto: Alfonso Reina

Sin embargo, el balotaje no se volvió regla inmediata. En 2002 y 2006, Álvaro Uribe rompió el molde al ganar en primera vuelta. En 2002 alcanzó el 53,05 % y en 2006 llegó al 62,35 %, las dos únicas ocasiones desde 1991 en que un candidato ha evitado la segunda vuelta.

Álvaro Uribe Vélez ha sido el único presidente de Colombia que no ha tenido que llegar a una segunda vuelta para llegar al Palacio de Nariño.
Desde 1994, Álvaro Uribe Vélez ha sido el único presidente de Colombia que no ha tenido que disputar una segunda vuelta para llegar al Palacio de Nariño. Foto: Juan Carlos Sierra

Desde 2010, el país no ha vuelto a elegir presidente en una sola ronda. Ese año, Juan Manuel Santos ganó con 9.028.943 votos (69,13 %), la mayor ventaja registrada en segunda vuelta en Colombia, frente a Antanas Mockus, que obtuvo 27,47 %.

En 2014 la historia fue distinta porque Santos consiguió alrededor del 50,95 % frente al 45 % de Óscar Iván Zuluaga. La diferencia fue de poco más de 900.000 votos, en una de las elecciones más reñidas de la última década.

El fenómeno se acentuó en 2018, cuando Iván Duque obtuvo 10.398.689 votos (53,98 %) frente a 8.040.449 (41,81 %) de Gustavo Petro. Fue, en ese momento, la mayor votación registrada para un candidato en la historia del país.

Esa marca se superó en 2022. Petro alcanzó 11.291.986 votos (50,42 %) y derrotó a Rodolfo Hernández, que obtuvo 10.604.337 (47,35 %). La participación también marcó un hito: más del 58 % del censo electoral acudió a las urnas, la cifra más alta en una segunda vuelta reciente.

Dos vueltas, dos elecciones en una sola

Con el paso del tiempo el sistema ha moldeado una dinámica electoral propia. Colombia ya no vive una sola elección presidencial, sino dos procesos distintos. En la primera vuelta, los ciudadanos suelen votar por afinidad ideológica, identidad política o cercanía programática. Es el momento de la diversidad. Pero en la segunda vuelta, el escenario cambia porque emergen alianzas, se reorganizan las fuerzas y el voto se vuelve estratégico. Es allí donde se define el poder.

Ese tránsito entre una ronda y otra ha sido clave para explicar giros inesperados en la historia política del país. Candidatos que lideran la primera vuelta no siempre ganan la segunda. Coaliciones improbables terminan inclinando la balanza. Y el debate público se intensifica hasta niveles de alta polarización.

El objetivo original de la segunda vuelta fue garantizar que el presidente fuera elegido con mayoría absoluta, y en ese sentido el mecanismo ha cumplido. Ningún mandatario elegido en segunda vuelta ha llegado al poder con menos del 50 % de los votos válidos.

A más de tres décadas de su creación, la segunda vuelta no solo se consolidó como una regla del sistema electoral colombiano, sino como uno de sus elementos más determinantes. Refleja un país más diverso, más fragmentado y también más competitivo.

Hoy, entender la política en Colombia implica comprender ese doble momento electoral: el de la expresión libre en primera vuelta y el de la decisión definitiva en segunda. Porque, desde 1994, el poder en Colombia no siempre se define en un solo día. Algunas veces se ha construído en dos.