América Latina podría experimentar un nuevo reacomodo político si Colombia y Perú eligen en sus próximas elecciones presidenciales a Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori, respectivamente.

Ambos representan corrientes ubicadas en la centroderecha y la derecha, por lo que sus eventuales victorias profundizarían una tendencia que ha tomado fuerza en varios países de la región, al menos, durante los últimos cinco años.

Actualmente, el mapa latinoamericano muestra una distribución más equilibrada entre administraciones progresistas y conservadoras que la observada durante la denominada “marea rosa” de comienzos de siglo. Mientras gobiernos de izquierda o centroizquierda permanecen en países como Brasil, México y Uruguay, varias naciones han optado por mandatarios identificados con posiciones conservadoras o liberales en materia económica.

Entre estas últimas figuran Argentina, bajo la presidencia de Javier Milei; Ecuador, gobernado por Daniel Noboa, y Paraguay, donde ejerce el poder Santiago Peña. A ello se suma El Salvador, cuyo presidente, Nayib Bukele, mantiene una agenda de seguridad que ha generado repercusiones en toda la región.

En ese contexto, una victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia implicaría un cambio de rumbo frente al gobierno de Gustavo Petro, mientras que la llegada de Keiko Fujimori al Palacio de Gobierno peruano supondría el retorno del fujimorismo al poder después de más de dos décadas.

De concretarse ambos resultados, los gobiernos identificados con la derecha o la centroderecha pasarían a tener una presencia más amplia en Sudamérica.

Colombia dejaría de integrar el grupo de administraciones progresistas y Perú se sumaría a un bloque conformado por Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Panamá y Paraguay. Muchos de estos países salieron de gobiernos progresistas no tan exitosos que desembocaron en una ola de derechas en la región.

El balance regional mostraría entonces un predominio de ejecutivos de derecha en buena parte del continente, mientras Brasil, México, Venezuela (intervenida por Estados Unidos) y Uruguay continuarán sosteniendo las últimas representaciones de la izquierda latinoamericana en medio de un giro inesperado de espectro político de los últimos años.
