La política está lejos de ser una ciencia exacta. No da respuestas únicas. No brinda garantías. No formula predicciones infalibles, ni descubre reglas universales. En lugar de decirnos lo que va a pasar, la política existe para decidir qué vamos a hacer frente a la realidad. Es un ejercicio de voluntad, un esfuerzo de construcción paciente y decidida, que depende de la capacidad para convocar, para persuadir y para alentar a los demás. En su mejor expresión, la política es el arte de la acción colectiva, el despliegue de la capacidad de agencia y la imaginación que ha definido el curso de la humanidad.

Recordarlo es siempre necesario, pero en los tiempos que corren es imprescindible. Atravesamos un momento histórico cargado de incertidumbre, ansiedad y desconcierto. El mundo que conocíamos ha cambiado de forma dramática y, en algunos aspectos, ha dejado de ser reconocible. Esto genera confusión. Para muchos, genera también temor e inmovilismo. El problema es que la historia no espera a nadie.
Comparto mi intervención completa durante el lanzamiento del informe de la @cepal_onu "Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica", presentado en Santiago de Chile y que tuve el honor de copresidir junto con la… pic.twitter.com/X8CUglJJtn
— Iván Duque 🇨🇴 (@IvanDuque) August 4, 2026
La Comisión de la Cepal sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe nació del compromiso de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de concebir una hoja de ruta para la región en una era de rupturas. Desde el inicio, nos motivó la búsqueda de opciones, el interés de apartarnos de los diagnósticos fatalistas que nuestra región tiende a hacer de sí misma. Por el contrario, partimos de la convicción de que América Latina y el Caribe cuenta con activos que aún no aprovecha en su máximo potencial, activos que pueden emplearse para acelerar el desarrollo económico, aunque para ello se requieren estrategias claras. Los desafíos son reales, es cierto, pero también son reales las oportunidades.
Por eso este informe va mucho más allá del análisis. En estas páginas se recogen recomendaciones concretas que pueden implementar los gobiernos de la región, así como actores clave del sector privado, la sociedad civil, el sector académico y los organismos internacionales. No es una lista exhaustiva ni una receta mágica, pero sí un conjunto de ideas y propuestas prácticas para evitar la parálisis e iluminar caminos de progreso.

El contenido de este informe es un mensaje urgente. Parte de ese mensaje es la propia integración de la Comisión. Venimos de todas partes del mundo. Tenemos trayectorias profesionales muy distintas. Pertenecemos a tradiciones ideológicas diversas. A pesar de esa diversidad o, tal vez, gracias a ella, fuimos capaces de llegar a acuerdos en lo fundamental. En un contexto de rivalidad geopolítica y fragmentación, cuando la polarización va en aumento y se escuchan discursos extremos que ven en el otro una amenaza existencial, nuestro ejemplo demuestra que es posible dialogar empleando la razón y la buena fe, y encontrar terreno común a pesar de las diferencias.

Esa es la promesa del pluralismo: no la ausencia de conflicto, sino la posibilidad de abordarlo con respeto y con el reconocimiento de la dignidad intrínseca de los demás. Por eso, la defensa de la democracia permea este informe. Nos preocupan las amenazas en el mundo y en nuestra región a algunas condiciones democráticas indispensables, como la independencia de poderes, el sistema de pesos y contrapesos, la libertad de prensa y la libertad de expresión. Más allá de las recomendaciones que presentamos en temas económicos —como energía, minerales críticos o sectores productivos—, queremos insistir en la importancia de proteger y fortalecer las instituciones que rigen nuestra vida en sociedad. La democracia no es, ni puede ser, un proyecto aparte de nuestro desarrollo, porque el desarrollo va de la mano de la libertad.

Como Copresidentes de la Comisión, queremos agradecer a los comisionados y las comisionadas por dedicarle tiempo ad honorem a este proyecto a lo largo de más de un año. Agradecemos la actitud constructiva con que brindaron sus opiniones y la generosidad con que nos enriquecieron con sus experiencias particulares. Nuestro agradecimiento también va para la Cepal, y especialmente para su secretario ejecutivo, por su oportuna visión, por invitarnos a liderar este fascinante grupo y por el valioso apoyo que recibimos de la Secretaría Técnica por él conformada para este proceso.
Durante más de 78 años, la Cepal ha caminado junto a los países de América Latina y el Caribe en la búsqueda de soluciones propias para los problemas del desarrollo de la región. En ese largo recorrido, ha formulado teorías y modelos intelectuales de gran incidencia en la región y fuera de ella. Al convocar a esta Comisión y plantearnos algunas de las preguntas más espinosas de nuestra época, la Cepal demostró una vez más su liderazgo intelectual y su disposición para ayudarnos a entender y reaccionar estratégicamente al contexto mundial.
Muchas de las recomendaciones que proponemos en este informe son de carácter técnico y todas tienen sustento empírico. Sin embargo, detrás de cada una, y por encima de ellas, proponemos algo mucho más sencillo y mucho más poderoso: la esperanza.
Una esperanza que no es ingenua, ni inocente, que conoce la realidad y la enfrenta. Una esperanza que emana de conocer esta región, de confiar en su gente, de creer en el valor de la cooperación y en el poder de la acción colectiva.
La esperanza de saber que América Latina y el Caribe no solo puede sobrevivir, sino prosperar en los años por venir.
Michelle Bachelet
Copresidenta de la Comisión de la Cepal sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe
Iván Duque
Copresidente de la Comisión de la Cepal sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe.
