YESID LANCHEROS: En los últimos días, el presidente Petro ha generado dudas sobre la Registraduría y el proceso electoral. ¿Qué opina de eso?
MAURICIO CÁRDENAS: Él va labrando el camino para cuestionar las elecciones si le resultan desfavorables. El día de mañana va a decir: “Como no siguieron lo que dije, que era marcar las equis en todas las casillas vacías, esa es la razón por la cual el resultado no es confiable”. Todos los días sale con algún tipo de crítica y ataque a un organismo que es independiente. Él no tiene que estar metiéndose a definir cómo se hacen las elecciones.

Y.L.: ¿Ve eso riesgoso?
M.C.: El resultado de la consulta del partido del presidente, el Pacto Histórico, en octubre pasado, fue impecable. No lo cuestionaron, obtuvieron más votos de los que pensaban. ¿Por qué ahora sale el presidente a decir que no confía en la Registraduría? Él teme perder las elecciones y el día que las pierda va a decir que “se las robaron”. Petro está mostrando que no es un demócrata y que es alguien que tiene ciertos elementos que son de un autócrata. No respeta al Congreso, saca leyes por la vía de atrás y declara emergencias económicas todo el tiempo para legislar por decreto. No respeta las decisiones de las cortes; en fin, no es una persona que realmente se ciña a la institucionalidad. Y si algo tenemos que defender los colombianos, es esa institucionalidad; es lo que nos ha protegido en estos cuatro años de petrismo.
Y.L.: ¿Usted confía en el sistema electoral?
M.C.: Totalmente, ha sido impecable. Ha hecho un trabajo impresionante. Fíjese, el conteo de las firmas, la evaluación y la revisión fue rápido. A cada candidato le dijeron cuántas firmas fueron válidas, cuántas no tenían sustento. Entre otras cosas, me impresionó la cantidad de firmas malas que presentó Abelardo de la Espriella. Es decir, un despliegue enorme de tractomulas llevando cajas y cajas a la Registraduría, y el propio registrador certificó que la inmensa mayoría de esas firmas no eran válidas.

Y.L.: Hay conmoción en el país por la muerte del niño Kevin, diagnosticado con hemofilia. ¿Quién es el responsable?
M.C.: La petrosalud mató a Kevin. La petrosalud es un sistema ineficiente, inoperante y corrupto. Petro intervino el sistema y lo hizo por la puerta de atrás. Quiso estatizar la salud, no lo pudo hacer por la vía de una ley y se metió por la vía de las intervenciones. Nombró unos interventores que él mismo dijo que estaban haciendo negocios. En un momento dado, le echó la culpa a Laura Sarabia. Hoy, por ejemplo, la Nueva EPS está dando pérdidas anuales de 5 billones de pesos. Eso quiere decir que es una empresa mal manejada. Hay un menor de edad hemofílico en Pitalito, en el Huila, que necesita una inyección cada cierto tiempo. El sistema no se la da. Empieza a dar vueltas, a buscar dónde lo van a atender, se demora esa atención por la ineficiencia del sistema. ¿Qué es lo peor de este episodio? La revictimización de la mamá de Kevin, que ya tiene un dolor enorme por la muerte de su hijo por la falta de un sistema que opere, y que ahora aparece acusada por el presidente como la responsable por haberlo dejado montar en bicicleta. Petro nunca asume una responsabilidad, siempre está viendo a quién le echa la culpa.
Y.L.: ¿Qué haría usted con el sistema de salud?
M.C.: A cada problema hay que buscarle una solución y no culpables. Si llego a la presidencia, el 8 de agosto se cambiarán los interventores de las EPS, que hoy manejan el 60 por ciento de los afiliados. Hay que encontrar a profesionales idóneos, expertos, administradores de salud y no a representantes, delegados y protegidos de los políticos de Colombia. Eso se debe hacer de un día para otro. También vamos a pagarle al sector lo que se le debe, son 30 billones de pesos. Vamos a emitir un bono que se pagará a diez años, pero la idea es que las empresas del sector, tanto EPS como IPS y laboratorios, puedan recibir una parte de ese bono. Eso sí, les vamos a pagar con una condición. En el caso de las EPS, que atiendan las citas pendientes y autoricen procedimientos. Las IPS se deben poner al día con los sueldos de los profesionales de la salud. Esto va en paralelo, va la plata y, al mismo tiempo, las EPS nos demuestran que no hay colas y que están entregando los medicamentos. Después de que tengamos estabilizado el sistema, vamos a rediseñarlo. Me comprometo a que, un mes después de la posesión, el 7 de septiembre de este año, ningún colombiano esté pagando medicamentos con plata de su bolsillo. Si no lo logro, salgo a la Plaza de Bolívar y pido disculpas.

Y.L.: Las encuestas muestran a Iván Cepeda como uno de los favoritos en esta contienda electoral. ¿Cómo ve hoy al candidato de la izquierda?
M.C.: Lo veo como un avestruz, muy escondido, no saca la cabeza. Se para en tarimas, en eventos totalmente orquestados por el Gobierno, lee un discurso, pero no está dando la cara, no está en los debates. He invitado muchas veces a Iván Cepeda a que salga a un debate, con quien quiera como moderador, en el sitio que quiera y a la hora que quiera. Que demos una discusión, ¿por qué? Él, escondido, simplemente habla de unos temas muy generales. No lo he visto dando una declaración sobre la situación de la economía, el manejo de las finanzas públicas bajo el Gobierno de Petro; no lo he visto entrar en detalle de cómo en Colombia se va a recuperar la salud, qué va a hacer en la lucha contra la corrupción y cómo vamos a evitar que haya más Olmedos (en referencia a Olmedo López, exdirector de la UNGRD, preso por el escándalo de corrupción en esa entidad). Él no da esa discusión, está muy protegido por todo ese andamiaje que representa el Gobierno; es una candidatura impulsada por el Gobierno y, particularmente, por Petro. Muchas veces pareciera que el candidato es Petro y no Cepeda. ¿Será que hay algo detrás? Él no da la cara. Entonces, Cepeda, aprovecho esta entrevista para decirle: vamos a dar el debate, la discusión, en los temas que les interesan a los colombianos. Salga, no se quede escondido.
Y.L.: Si usted tuviera la oportunidad de debatir cara a cara con él, ¿qué le preguntaría? Hagamos el ejercicio con tres preguntas…
M.C.: Yo sé que él les tiene miedo a los debates porque le dicen que es de las Farc, que es una persona que representa los intereses de la guerrilla, y él se siente muy atacado e incómodo. Entonces, la propuesta, senador Cepeda, es que no vamos a atacarnos con ese tipo de temas. No lo voy a descalificar. Lo que quiero es la discusión sobre los temas de Colombia.
Y.L.: Pregúntele tres cosas.
M.C.: Primero, ¿va a mantener la política de paz total y bajo qué condiciones? ¿Cuál es la metodología? ¿O vamos a seguir en este sistema donde cada grupo se va fragmentando en dos o tres y siguen cubriendo más áreas del territorio colombiano, con economías ilegales como el narcotráfico y la minería ilegal? Mi posición es completamente opuesta. Aquí hay que levantar todas esas mesas de negociación y meter a los gestores de paz a las cárceles otra vez. Es más, dar una recompensa para que los grandes cabecillas de esas organizaciones puedan ser detenidos y, en algunos casos, extraditados. Ahí están Calarcá, Iván Mordisco, Chiquito Malo…
Y.L.: ¿Cuál sería la segunda pregunta para Cepeda?
M.C.: Le preguntaría por el manejo de la economía. Lo que uno le escucha decir a Cepeda es que le gusta el modelo de la estatización, es decir, poner al Estado en el centro de una cantidad de sectores: la salud, la educación, los servicios públicos, la infraestructura. Entonces, que demos el debate sobre la estatización versus el modelo en el que el sector privado es protagonista y el sector público complementa, vigila y regula. Para mí, la estatización es perder libertad y, en el fondo, es darle poder de decisión al político.
Y.L.: ¿Y la tercera pregunta?
M.C.: Quisiera preguntarle sobre las relaciones internacionales y muy particularmente con Estados Unidos. ¿Cuál es el enfoque de Iván Cepeda sobre esa materia? Todos sabemos que Chávez y Maduro son personas que admira Cepeda. Pienso preguntarle qué piensa de la relación con Irán, con Hezbolá, con Hamás…

Y.L.: ¿Usted coincide en algo con Abelardo de la Espriella?
M.C.: En la importancia de la seguridad y el orden. Colombia no puede progresar si no hay control del territorio y si el monopolio de las armas no lo tiene el Estado. En eso estamos de acuerdo. Pero eso no es suficiente. Colombia necesita más. En las zonas donde los grupos armados organizados dominan y controlan, no se trata solamente de meter la tropa. También hay que llevar inversión social, hacer vías, universidades, hospitales, generar oportunidades de empleo. Esto no es solo de fuerza. Como me dijo Jonathan, un muchacho en Tumaco, yo le dije que íbamos a retomar el control del territorio, pero él me preguntó: “Doctor Cárdenas, ¿y de qué vamos a vivir?”. Esa pregunta hay que responderla, y no la responde Abelardo de la Espriella con su estrategia.
Y.L.: Si usted tuviera que votar por Abelardo de la Espriella en una eventual segunda vuelta, donde él se enfrente a Iván Cepeda, ¿lo haría?
M.C.: Tengo claro que hay que derrotar a la izquierda extrema, a Iván Cepeda. Si él llegase a ser el candidato de la izquierda para la segunda vuelta, esa ruta no le conviene a Colombia. Esperemos que tengamos una mejor opción para enfrentar a Cepeda. Eso es lo que estamos haciendo en La Gran Consulta por Colombia, construyendo una muy buena alternativa para derrotar al petrismo. Aquí, ante todo, se trata de derrotar a Cepeda.

Y.L.: Muchas personas dicen que usted fue el arquitecto de La Gran Consulta por Colombia. ¿Fue así?
M.C.: Esto empezó hace bastante tiempo, antes de estar en este escenario de las elecciones. Hace un par de años empecé a crear un grupo con personas que compartimos una visión del país y que trabajamos en diversos gobiernos, con Uribe, Santos, Duque, y teníamos mucho en común. Personas como Ángela María Orozco, que se convirtió en la líder programática de mi campaña; José Manuel Restrepo o Diego Mesa. Dijimos: es muy difícil entre los expresidentes, hay demasiadas heridas, rencores, pero el diálogo entre nosotros es fluido. Entonces, empezamos a hablar y se fue generando un grupo de ambiente de colaboración, de trabajo y de equipo. En ese grupo, como candidatos, estábamos inicialmente David Luna, Juan Daniel Oviedo, Juan Manuel Galán y yo. Ese fue el embrión, la semilla de lo que hoy es La Gran Consulta. No nos gustan los extremos, los populismos. Aquí hay personas serias, que han tenido carreras profesionales muy destacadas y experiencia en diferentes frentes. Recuerdo cuando Vicky Dávila planteó la posibilidad de participar en La Gran Consulta. Lo digo con toda la sinceridad, en su momento tuvimos diferencias, pero yo dije: esta es la democracia, tenemos que unirnos, y le di la bienvenida. Y una de las cosas más gratas de esta consulta es que con Vicky hemos desarrollado una relación muy fluida…

Y.L.: Usted dijo que Vicky Dávila era su mejor compañera…
M.C.: Al final del día siempre estamos de acuerdo en los temas, en las decisiones que debemos tomar, en promover alguna idea, alguna iniciativa. Esto ha sido maravilloso. Aquí está un equipo que puede gobernar a Colombia y resolver los problemas. Aquí hay nuevos liderazgos. Aquí va a haber un movimiento, llamémoslo de centroderecha pragmático, responsable, que puede ser un movimiento político que enfrente al petrismo.

Y.L.: ¿Cómo está viendo a Roy Barreras? Ha surgido como un candidato que le hace contrapeso a Cepeda y que busca defender las banderas del progresismo…
M.C.: Está tratando de ocupar un espacio en la centroizquierda, pero veo que las fuerzas del Gobierno, que son muy grandes y tienen desnivelada la cancha de la democracia, hacen muy difícil este proceso electoral. Esas fuerzas están apuntando en la dirección de Iván Cepeda. El país identifica con claridad quién le ha ayudado a Petro y quién ha formado parte del proyecto político de él. Desmarcarse de eso es imposible. Esa marca petrista es difícil de borrar.
Y.L.: ¿Usted considera que Ricardo Roa, el presidente de Ecopetrol, debe renunciar a raíz de las investigaciones que enfrenta?
M.C.: A mí nunca me ha gustado decir que un funcionario tiene que salir. Esas son decisiones que, en este caso, debe tomar una junta directiva. Pero, evidentemente, la situación de Ecopetrol no es buena. Lo primero que hay que hacer el 7 de agosto es cambiar al presidente de Ecopetrol. Lo digo con toda claridad. Si no lo han cambiado en estos meses, seguramente no lo harán, porque el estilo del presidente Petro es el de defender y sobre todo a su gerente de campaña. Pero Ecopetrol no va bien. Más allá de las investigaciones a Ricardo Roa, que son severas y en casos graves, es la empresa de todos los colombianos. Y tiene hoy unas disminuciones grandes en sus utilidades y hay una reducción en la producción. En mi época como ministro de Minas y Energía, Colombia producía un millón de barriles de petróleo al día, y hoy produce 750.000, es decir, perdimos 250.000 barriles de petróleo por día. Esos son 6.000 millones de dólares al año, lo que equivale a dos metros de Bogotá. O sea, la disminución en los ingresos del petróleo de Colombia anualmente daría para construir dos metros como el de Bogotá. Es una cosa absurda. Colombia podría estar produciendo mucho más petróleo, pero la ideología se metió en la política energética, y Ecopetrol y el país están viendo las consecuencias.

Y.L.: ¿Colombia está a punto de un apagón?
M.C.: Hay un riesgo muy alto, sobre todo si hay un fenómeno como el de El Niño, y puede pasar a partir del próximo año. XM, que se encarga de coordinar el mercado eléctrico colombiano, dice que hay un riesgo de apagón en el tercer y cuarto trimestre de 2027. Si llega a haber un fenómeno de El Niño fuerte, el país tiene un déficit de 400 megavatios de capacidad de generación de energía eléctrica instalada. ¿Qué voy a hacer? El 7 de agosto se declara la emergencia económica y social ante la inminencia de un apagón. ¿Con qué propósito? Acelerar el proceso de expedición de licencias ambientales y de las consultas previas para que los proyectos atascados, demorados, que no han podido fluir, como los de las energías eólicas y solares en La Guajira, puedan estar disponibles para evitar un racionamiento. Y también promovería la necesidad de construir más pequeñas centrales hidroeléctricas.

Y.L.: ¿Ve con buenos ojos que Colombia importe gas de Venezuela?
M.C.: Claro que sí. Si exportamos a Venezuela, tenemos que poder recibir el gas de allá, ese era el compromiso original. Lo que pasa es que el gasoducto que comunica a los dos países está en muy mal estado. Tendría que haber una inversión grande. Nosotros no podríamos haber hecho eso con el régimen de Maduro, que no es confiable. Nunca nos hubiera suministrado gas. Entonces, ahora, con el apoyo de Estados Unidos, podríamos comprar gas en Venezuela. El problema de Colombia es que hoy estamos importando el 17 por ciento del gas y en tres años sería el 40 por ciento. Colombia necesita gas ya.
Y.L.: A raíz de la nueva situación en Venezuela, ¿qué oportunidades de negocio ve para los empresarios colombianos en ese país?
M.C.: Nosotros tenemos que ser los proveedores de las estanterías de los supermercados y de las despensas de los hogares venezolanos. Tenemos todo. Somos los que podemos venderles los alimentos, producir los medicamentos, manufacturas, los productos de higiene, de aseo. Colombia es una gran potencia que puede exportar a Venezuela. ¿Cuál es mi propuesta? Que le demos a Venezuela unos 10.000 millones de dólares en productos tan pronto se estabilice la situación política y económica. Todo eso necesita Venezuela para mejorar su nivel de vida. Esos 10.000 millones de dólares se los vamos a prestar a Venezuela, con dos años de gracia, mientras ellos organizan su economía con una garantía de Estados Unidos de que nos van a pagar. Entonces, a los exportadores el Gobierno colombiano les paga a través de Bancoldex y esta entidad es quien le presta al Gobierno de Venezuela. ¿Qué logramos acá? Primero, resolver el problema humanitario en Venezuela. Dos, estimular nuestra industria, con la seguridad de que nos van a pagar. Me parece una fórmula ganadora para todos: para Venezuela, para Colombia y para Estados Unidos.
Y.L. ¿Cuál sería su reforma tributaria?
M.C.: Más que reformas tributarias, lo que se necesita es un recorte drástico del gasto. El roto es tan grande que ningún impuesto es capaz de llenarlo. Lo primero es cerrar entidades que no sirven.
Y.L.: ¿Cuáles?
M.C.: El Ministerio de Igualdad es muy obvio, también las embajadas que se crearon en África y que formaron parte de una gira diplomática de Francia Márquez, y que no tienen ninguna razón de ser. Hay que cerrar esas embajadas. Pienso también que hay que cerrar fondos que el público no ve, pero que son más perjudiciales política y fiscalmente.

Y.L.: ¿Cómo cuáles?
M.C.: El Fonsecon, el fondo que maneja el Ministerio del Interior, con el cual se reparten contratos y que está siendo usado para estas elecciones. El Fonsecon se creó hace años para apoyar a los municipios de Colombia con equipos de seguridad, patrullas y cámaras, por ejemplo. ¿Hoy qué hace? Contratos y convenios con juntas de acción comunal para construir placas huellas. Eso lo debería estar haciendo el Ministerio del Transporte, no tiene que ser el ministro Benedetti haciendo contratos con las juntas de acción comunal. Eso es politiquería, eso hay que acabarlo. Acá no sería con la motosierra, al estilo Milei, sino con un bisturí, porque al colombiano no le debe doler. No debe sentir nada. Hay otra cosa por quitar…
Y.L.: ¿Cuál?
M.C.: Los contratos de prestación de servicios.
Y.L.: ¿Usted los eliminaría?
M.C.: El año pasado se suscribieron 190.000. En mi época como ministro de Hacienda eran 45.000; 190.000 es lo que necesita el Gobierno para hacerse reelegir. Ya sabe uno qué están haciendo algunos: van a las marchas que convoca Petro, son los bodegueros del Gobierno y al mismo tiempo tienen un compromiso de votar por los candidatos del Pacto Histórico. Por eso hay 190.000. Lo que hay que hacer es no renovar esos contratos. La gran mayoría forma parte de lo que llamo el empleo militante. Gente que llega allá, no por mérito, sino por militancia. En algunos casos se necesitan los contratistas, pero lo normal son unos 45.000, no 190.000. ¿Cuántos de esos contratos se firmaron entre el primero y el 31 de enero de este año, antes de que empezara la Ley de Garantías? 131.000. Es una locura, eso cuesta mucha plata. Los que se firmaron en enero cuestan 6 billones de pesos, metidos en la politiquería. Obviamente, esas personas van a salir a la Plaza de Bolívar a protestar porque no les renovaron sus contratos. Vamos a explicarle a Colombia que cada peso que nos ahorremos en esos contratos de prestación de servicios es un peso más que le vamos a meter a la salud de los colombianos.

Y.L.: ¿Cuál ha sido la principal lección de su primera incursión en política electoral?
M.C.: Uno, como técnico, tiene las cifras, los números, los problemas en la cabeza, y el político tiene los problemas en el corazón, en el alma. Creo que el gobernante debe ser una mezcla de las dos cosas.

Y.L.: ¿Le ha gustado el ejercicio de la política pura y dura?
M.C.: Por supuesto, siempre he tenido ese gusto, tengo que admitirlo; desde que estaba en el colegio era el sueño de la vida. Siempre he tenido esa vocación. Esta ya es una decisión de vida, no es un intento, porque el técnico puede tener soluciones, diseñar buenos programas, ser un buen administrador, pero la verdadera capacidad de transformación de una sociedad viene de la política. Es ahí donde usted tiene la capacidad de liderar y de introducir cambios.
Y.L.: Es decir, habrá Mauricio Cárdenas versión político de aquí en adelante…
M.C.: Totalmente. Este es un proceso en el que uno va acumulando experiencias. Entonces, acompáñeme con su voto; este es un proyecto del cual usted nunca se va a arrepentir y siempre va a decir que fue un muy buen voto. Quiero ser presidente de Colombia.
