Los primeros años de vida constituyen una etapa determinante para el desarrollo del cerebro, ya que durante este periodo las experiencias y el entorno influyen en la formación de la arquitectura neuronal. En ese contexto, especialistas y organismos internacionales coinciden en que establecer rutinas en el hogar y en la escuela contribuye al desarrollo cognitivo, socioemocional y académico de los niños.

De acuerdo con Unicef, la creación de hábitos estructurados, aunque flexibles, es esencial para impulsar un desarrollo y un aprendizaje exitosos. La organización de las actividades diarias brinda un entorno predecible que favorece el bienestar infantil y permite que los niños desarrollen habilidades de manera integral.
Efraín Pinto Brand, rector del colegio Arboleda School, explicó que las rutinas también tienen un impacto en el comportamiento y la salud emocional. “Lejos de limitarse al mantenimiento del orden, las rutinas favorecen el desarrollo cognitivo al inculcar habilidades organizativas básicas y de gestión del tiempo desde temprana edad. Esta organización diaria incrementa la concentración, optimiza la participación y hace que el aprendizaje sea más efectivo, preparando mentalmente a los estudiantes para afrontar las transiciones entre actividades con menor resistencia y mayor entusiasmo”, señaló.

El directivo indicó que, cuando los niños conocen la secuencia de su jornada, disminuye la ansiedad y aumenta su capacidad para actuar con autonomía. Acciones cotidianas como lavarse las manos antes de la merienda o recoger los materiales después de jugar pasan a convertirse en hábitos que fortalecen la seguridad personal y la independencia. Al mismo tiempo, actividades estructuradas como los círculos matutinos y los juegos grupales favorecen la interacción con otros niños y el aprendizaje de normas de convivencia y empatía.
En el caso de Arboleda School, este enfoque se desarrolla en el programa Early Childhood, dirigido a niños entre los 12 meses y los 7 años. La institución complementa las rutinas con la metodología HighScope, basada en el modelo PTR (Plan, Trabajo y Reflexión), mediante el cual los estudiantes planifican sus actividades, las ejecutan y posteriormente reflexionan sobre los resultados, fortaleciendo habilidades como la creatividad, el liderazgo, la autonomía y el pensamiento crítico.
Además, incorpora el programa RULER, orientado a enseñar a los niños a reconocer, comprender, nombrar, expresar y regular sus emociones durante los distintos momentos de la jornada escolar.
La institución señaló que este proceso se desarrolla en articulación con las familias y con el acompañamiento del Learning Support Center, un equipo interdisciplinario integrado por profesionales en psicología, terapia ocupacional, nutrición, enfermería y educación especial. El propósito es adaptar las estrategias al ritmo de desarrollo de cada estudiante, superar barreras de aprendizaje y contribuir a su bienestar integral.
