¿Alguna vez ha oído hablar de Groenlandia? Es la isla más grande del mundo, con más de 2 millones de km², aunque no se considera un continente. Su tamaño supera al de varios países europeos juntos. Dos tercios de su territorio están dentro del círculo polar ártico y su extremo norte se ubica a menos de 800 kilómetros del Polo Norte.

Se encuentra muy cerca de Canadá —a solo 26 kilómetros de la isla de Ellesmere— y, desde el punto de vista geológico, forma parte del escudo canadiense. El país europeo más cercano es Islandia, a unos 320 kilómetros. Además, su costa, extensa y accidentada, supera los 39.000 kilómetros, una longitud comparable con la circunferencia de la Tierra en el ecuador, según National Geographic.
Para muchos, Groenlandia es uno de los lugares más misteriosos del planeta, tanto por su historia poco conocida como por sus fenómenos naturales. Esta percepción se ha reforzado en los últimos años con estudios científicos.
Durante más de una década, un rastro de platino encontrado en el hielo llevó a plantear la posibilidad de que un cometa o asteroide impactara la Tierra hace unos 12.800 años. Este metal, poco común en la corteza terrestre pero frecuente en meteoritos, apareció en concentraciones anómalas y coincidió con un periodo de enfriamiento abrupto conocido como Dryas Reciente.

A partir de ello surgió la hipótesis de que un impacto cósmico habría desencadenado ese cambio climático. Sin embargo, el fenómeno también coincidía con una gran erupción volcánica —Laacher See— y un aumento de azufre, lo que abrió la puerta a una explicación volcánica. Estudios recientes descartan que esa erupción específica haya sido la causa.
Según journals.plos.org, nuevos análisis geoquímicos y cronológicos, el pico de platino probablemente se originó en otra erupción volcánica aún no identificada, posiblemente submarina o subglacial. Además, la duración del fenómeno —alrededor de 14 años— encaja mejor con una actividad volcánica sostenida que con un impacto repentino.
El Dryas Reciente fue un periodo de enfriamiento abrupto ocurrido entre hace aproximadamente 12.870 y 11.700 años, cuando el clima del Atlántico Norte y Europa pasó de condiciones cálidas a frías y secas. Este cambio quedó registrado en el hielo de Groenlandia mediante variaciones en los isótopos de oxígeno, que evidencian temperaturas más bajas, mayor extensión del hielo marino y cambios en las precipitaciones.

Existe consenso en que este evento estuvo relacionado con alteraciones en la circulación oceánica del Atlántico, especialmente por una disminución en la formación de aguas profundas. La hipótesis más aceptada señala que un gran aporte de agua dulce, procedente del deshielo de lagos glaciares como el Agassiz, debilitó esta circulación.
No obstante, la causa exacta aún se debate. Además de la hipótesis del impacto —cuestionada por muchos científicos—, también se ha considerado el papel del vulcanismo como posible detonante.
Aunque se comprende bien qué ocurrió durante el Dryas Reciente, el origen preciso de este cambio climático sigue siendo un tema abierto en la investigación científica.
