A los 2 años, la mayoría de los niños saben cómo jugar a la imaginación. Convierten sus habitaciones en castillos lejanos y organizan fiestas de té imaginarias. Esa capacidad de crear algo de la nada ha sido considerada durante décadas como una marca distintiva de la mente humana, la base de la creatividad que ha dado origen al arte, la música y otras expresiones culturales.
Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que esa frontera podría no ser tan clara como se pensaba. Por primera vez, un experimento apunta a que un simio en cautiverio podría poseer una forma de imaginación.
“Lo realmente emocionante de este trabajo es que sugiere que las raíces de esta capacidad de imaginación no son exclusivas de nuestra especie”, dijo el coautor del estudio, Christopher Krupenye, de la Universidad Johns Hopkins.
Kanzi, el bonobo que sorprendió a la ciencia
El protagonista del estudio fue Kanzi, un bonobo criado en un laboratorio y reconocido por su habilidad para comunicarse con humanos mediante símbolos gráficos. A lo largo de su vida, combinó diferentes símbolos para darles nuevos significados y aprendió incluso a fabricar herramientas de piedra sencillas.
Los científicos querían saber si Kanzi era capaz de fingir, es decir, actuar como si algo fuera real sabiendo que no lo es. Existen antecedentes llamativos: chimpancés hembras en libertad que sostienen palos como si fueran crías, y chimpancés en cautiverio que arrastran bloques imaginarios después de jugar con bloques reales.

El problema es que la imaginación es un fenómeno abstracto. Resulta difícil determinar qué ocurre en la mente de un simio. Podrían estar imitando a los investigadores o confundiendo objetos imaginarios con reales.

Una “fiesta de jugos” para probar su mente
Para intentar despejar dudas, los investigadores adaptaron protocolos utilizados con niños pequeños y organizaron una especie de fiesta de jugos para Kanzi. Simularon verter jugo imaginario de una jarra en dos vasos y luego fingieron vaciar solo uno de ellos. Después le preguntaron cuál vaso quería.
Kanzi señaló el vaso que supuestamente aún contenía jugo imaginario el 68% de las veces.

Para descartar que estuviera confundido, el equipo realizó otra prueba, esta vez con jugo real. En ese escenario, Kanzi prefirió el jugo real al falso casi el 80 % de las veces, “lo que sugiere que realmente puede distinguir entre el jugo real y el imaginario”, afirmó Amalia Bastos, coautora del estudio de la Universidad de St. Andrews en Escocia.
Un tercer experimento, en el que se colocaron uvas falsas en dos frascos, arrojó resultados similares, reforzando la hipótesis de que el bonobo podía manejar representaciones mentales de objetos inexistentes.

Debate científico y preguntas abiertas
Pese a los resultados, no todos los expertos están convencidos de que Kanzi estuviera fingiendo del mismo modo que lo hacen los humanos. Michael Tomasello, psicólogo comparativo de la Universidad de Duke, planteó reservas sobre la interpretación de los datos.
“Para convencerme de eso, necesitaría ver a Kanzi simular verter agua en un recipiente él mismo”, escribió Tomasello en un correo electrónico. El investigador no participó en el estudio, publicado el jueves en la revista Science.

Otra incógnita clave es si estas habilidades son generalizables. Kanzi creció en estrecho contacto con humanos, lo que dificulta establecer si su desempeño refleja capacidades propias de los grandes simios en general o el resultado de una crianza excepcional. El bonobo murió el año pasado a los 44 años.
Mientras tanto, muchas especies de grandes simios en estado salvaje se encuentran en peligro crítico de extinción, lo que complica la posibilidad de ampliar las investigaciones.
“Kanzi abrió este camino para muchos estudios futuros”, dijo Bastos.
*Con información de AFP.
