En la última década, las estafas han experimentado un crecimiento alarmante, convirtiéndose en un problema cada vez más sofisticado y extendido. Lo que antes eran fraudes simples, como llamadas telefónicas engañosas, hoy se han transformado en estafas digitales complejas, que utilizan el correo electrónico, las redes sociales e incluso aplicaciones de mensajería para engañar a millones de personas.

Si bien la tecnología facilita la vida diaria, también proporciona nuevas herramientas a los delincuentes. La creación de perfiles falsos, la suplantación de identidad y las páginas web fraudulentas son solo algunas de las estrategias que se han vuelto habituales y, muchas veces, difíciles de detectar.
Entre las estafas más frecuentes en la actualidad destacan el phishing, que consiste en correos o mensajes engañosos; el fraude en redes sociales, mediante perfiles falsos creados para engañar; y los ataques de ransomware, que bloquean información y exigen un rescate. A medida que estas técnicas se vuelven más avanzadas, las víctimas deben estar atentas y aprender a identificar señales de alarma.
El Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE) es una de las entidades que más alerta a los usuarios sobre las distintas modalidades de engaño que se emplean actualmente y que han ganado popularidad en países como España. Su objetivo es prevenir la expansión de estas estafas y proteger a usuarios de otros lugares.

Según explican los expertos, la estafa suele comenzar con un SMS o mensaje de WhatsApp procedente de un número desconocido. El mensaje, supuestamente enviado por un hijo o familiar, indica que su teléfono está dañado o que ha cambiado de número, invitando a continuar la conversación por WhatsApp. La intención es que, sin darse cuenta, la persona comience a comunicarse con un estafador que se hace pasar por un familiar.
Una vez establecida la conversación, los delincuentes suelen inventar una situación de emergencia: necesitan dinero para pagar una multa, reparar un equipo o cubrir un gasto inesperado. Para provocar una reacción rápida, el mensaje transmite urgencia y preocupación, apelando a las emociones de la víctima y buscando que envíe dinero sin confirmar la identidad del remitente.
Detectar este tipo de estafa es posible si se presta atención a ciertos detalles: el mensaje proviene de un número desconocido, solicita comunicación por un canal diferente al habitual y suele contener errores de escritura o frases poco naturales. Ante cualquier duda, lo más seguro es llamar al número habitual del familiar o utilizar otro medio confiable para confirmar la situación.

Si se recibe un mensaje sospechoso, no se debe responder ni enviar dinero. Lo recomendable es bloquear el número, eliminar el mensaje y contactar al familiar por los medios habituales. En caso de haber enviado dinero o compartido información, se debe comunicar de inmediato con el banco, guardar pruebas de la conversación y denunciar el fraude ante las autoridades.
La regla más importante es mantener siempre la precaución; incluso si el mensaje parece provenir de alguien cercano, es fundamental confirmar la identidad antes de actuar. Esta estafa se basa en jugar con las emociones y la prisa, por lo que detenerse a verificar puede evitar un fraude.
