Muchos de los misterios del planeta permanecen ocultos bajo el mar. Esa es una de las principales razones por las que, desde hace décadas, los océanos se han convertido en un foco permanente de investigación científica. En sus profundidades, los expertos esperan encontrar información que ayude a comprender mejor la historia de la Tierra, la evolución de la vida e, incluso, el pasado de antiguas civilizaciones.

A bordo de buques de investigación, submarinos tripulados y vehículos operados a distancia, los científicos exploran el fondo marino para estudiar los ecosistemas que allí habitan, descubrir nuevas especies y entender el papel que desempeñan los océanos en el equilibrio del planeta.
Sin embargo, estas expediciones no siempre conducen únicamente a hallazgos biológicos. En ocasiones, las profundidades esconden huellas históricas de enorme valor, como ocurrió con el descubrimiento de los restos del Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo antiguo que permaneció sumergida durante siglos.
Según una publicación de 2025 de la Fondation Dassault Systèmes, 30 años después del descubrimiento de los primeros vestigios del Faro de Alejandría, un equipo internacional de arqueólogos emprendió una nueva misión para recuperar y analizar parte de esta estructura.

El Faro de Alejandría fue construido a comienzos del siglo III a. C. y alcanzó una altura cercana a los 100 metros, una dimensión extraordinaria para su época. Durante más de 1.600 años sirvió como guía para los navegantes que llegaban al puerto de Alejandría y se consolidó como uno de los mayores símbolos del conocimiento, el poder y el desarrollo científico del mundo antiguo.
Durante la operación fueron extraídos 22 gigantescos bloques de piedra, algunos con un peso de hasta 80 toneladas, entre ellos elementos arquitectónicos monumentales y piezas pertenecientes a una estructura helenística que hasta ahora era desconocida.
Todo el material recuperado será escaneado e incorporado a las más de 100 piezas que ya han sido digitalizadas. Con esta información, los investigadores elaborarán una reconstrucción virtual del faro mediante modelos tridimensionales y simulaciones que permitirán entender cómo fue levantado, cuáles fueron las causas de su colapso y cómo era esta impresionante obra de la ingeniería antigua.

La excavación y el proceso de reconstrucción digital están a cargo del Centre d’Études Alexandrines (CEAlex), perteneciente al Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS), con la autorización del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto y el respaldo de la Fundación Dassault Systèmes.
La iniciativa hace parte del proyecto PHAROS, que reúne a arqueólogos, arquitectos, ingenieros e historiadores para analizar documentos antiguos, monedas, textos y restos arqueológicos. El objetivo es recrear digitalmente el monumento y profundizar en su historia, además de esclarecer las razones de su desaparición, teniendo en cuenta que buena parte de sus piedras fueron reutilizadas en otras edificaciones tras su destrucción.
