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¿Un mar en medio del desierto? El plan de Egipto que podría reescribir el mapa del mundo

Esta iniciativa podría cambiar radicalmente varios patrones del clima y afectar a regiones ubicadas a miles de kilómetros.

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27 de abril de 2026 a las 2:03 p. m.
El proyecto podría cambiar el ecosistema por completo.
El proyecto podría cambiar el ecosistema por completo. Foto: Getty Images

Durante décadas, el desierto del Sahara fue visto como un territorio inmutable, una extensión inmensa de arena sin cambios aparentes. Sin embargo, en distintos momentos ha resurgido una idea ambiciosa y es la de transformar parte de su geografía mediante el ingreso de agua desde el mar Mediterráneo.

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Aunque pueda parecer extrema, esta propuesta tiene antecedentes reales, bases científicas y posibles efectos que irían mucho más allá del paisaje.

La iniciativa no surgió recientemente. Tiene raíces en proyectos de ingeniería del siglo XX, como el llamado Proyecto Qattara, que planteaba conectar el Mediterráneo con la depresión de Qattara, en Egipto, una extensa zona ubicada por debajo del nivel del mar.

El objetivo era permitir el ingreso controlado de agua para crear un lago artificial y, a partir de la diferencia de altura, generar energía hidroeléctrica de forma continua.

Polvo del Sahara
El desierto del Sahara es uno de los más grandes a nivel mundial. Foto: Getty Images

A lo largo del tiempo, el proyecto fue estudiado por distintos gobiernos y equipos técnicos, pero nunca se ejecutó. Entre las razones estuvieron los altos costos, las dificultades logísticas de excavar o construir un canal de gran escala y los posibles impactos ambientales.

Uno de los avances más recientes relacionados con esta propuesta se conoció en 2023, cuando el gobierno egipcio contrató a la firma EGIT Consulting para analizar su viabilidad.

Uno de los principales efectos de una intervención de este tipo sería la alteración del clima regional. La presencia de grandes cuerpos de agua tiende a modificar la temperatura del entorno, aumentar la humedad y, en algunos casos, influir en los patrones de lluvia.

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En teoría, esto podría hacer que ciertas zonas cercanas al área intervenida se vuelvan menos áridas. Sin embargo, los cambios también implicarían riesgos. La transformación de un ecosistema desértico podría afectar a especies adaptadas a condiciones extremas, alterando su hábitat o desplazándolas.

Además, la creación de un nuevo cuerpo de agua en una zona de altas temperaturas podría generar una evaporación intensa, lo que aumentaría la salinidad del lago y limitaría su utilidad a largo plazo.

Polvo del Sahara
El polvo del Sahara puede viajar más de 7.000 kilómetros desde el norte de África hasta América Latina y el Caribe. Foto: NASA

Otro elemento clave es el papel del Sahara en el equilibrio ambiental global. El polvo del desierto, cargado de minerales como fósforo y hierro, es transportado por los vientos alisios a través del Atlántico hasta América y el Caribe.

Este fenómeno contribuye a la fertilización de ecosistemas como la selva amazónica. Una reducción significativa de estas emisiones de polvo, debido a cambios en la superficie del desierto, podría alterar ese ciclo natural y tener efectos en otros continentes.

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Aunque la idea de inundar partes del Sahara continúa apareciendo en debates sobre ingeniería a gran escala, sigue siendo un proyecto hipotético.

Las implicaciones técnicas, económicas y ambientales han impedido que pase del papel a la realidad, pero su análisis permite dimensionar cómo una intervención local podría desencadenar cambios de alcance global.