Durante décadas, la pequeña criatura que reposa en el fondo de las botellas de mezcal ha sido objeto de mitos, estrategias de marketing y debates biológicos.

Aunque popularmente se le llama “gusano”, la ciencia ha intervenido para aclarar que no pertenece a esta familia biológica, revelando una identidad mucho más específica gracias al análisis genético.
Un laboratorio dentro de la botella
A diferencia del tequila, que se comercializa como un destilado puro, algunas marcas de mezcal incluyen este espécimen desde la década de 1940 para ganar reconocimiento en el mercado. Lo que para muchos era un misterio, para los científicos del Museo de Historia Natural de Florida fue una oportunidad de investigación.

Aprovechando que el alcohol del mezcal actúa como un excelente preservador de material genético, los investigadores analizaron 18 larvas extraídas de botellas comerciales en Oaxaca.
El estudio, publicado en 2023, permitió extraer ADN de estos “polizones” que, debido al tiempo sumergidos, habían perdido los rasgos físicos necesarios para una identificación visual directa.
El veredicto genético: la polilla roja del agave
Los resultados del ADN descartaron a los principales sospechosos, como el gorgojo o la mariposa “tequila giant skipper”, cuyas larvas blancas se parecen mucho a las que se ven en el licor.
En su lugar, todas las muestras analizadas coincidieron con una única especie: la larva de la polilla roja del agave (Comadia redtenbacheri).
Este hallazgo aclaró también una confusión histórica sobre el color. Aunque en la naturaleza estas orugas son de un tono rojizo vibrante, la exposición prolongada al alcohol las decolora, dándoles ese aspecto pálido o blanquecino que confunde a los consumidores y coleccionistas.

El peso de la fama y el riesgo ambiental
A diferencia de otros productos, estos insectos no se crían de forma industrial y su recolección puede ser devastadora para el ecosistema. Para obtener las larvas, los recolectores a menudo deben excavar en el corazón del agave, lo que puede dañar o incluso matar a la planta.

Estudios recientes advierten que esta práctica puede reducir las poblaciones de ciertas especies de agave hasta en un 57 %, poniendo en riesgo la sostenibilidad de la tradición que le dio fama al mezcal.
La ciencia ha resuelto el misterio de la identidad, pero ahora el desafío es garantizar que la polilla del agave y su hábitat sobrevivan al éxito global de la bebida que los hizo famosos.
