Los delitos en el ámbito digital suelen aumentar con fuerza, sobre todo los fraudes y engaños que se difunden mediante SMS, aplicaciones de mensajería como WhatsApp y el correo electrónico. Este contexto favorece a los estafadores, que aplican tácticas cada vez más elaboradas aprovechando la gran cantidad de personas conectadas a dispositivos móviles.
Según Siggi Stefnisson, las estafas dejaron de percibirse como amenazas para convertirse en parte habitual del entorno digital. A diferencia de años previos, el factor más vulnerable ya no es la infraestructura tecnológica, sino las decisiones y conductas de las personas.

Los ciberdelincuentes utilizan técnicas cada vez más sofisticadas, lo que complica diferenciar entre mensajes auténticos y fraudulentos. Además, es importante considerar que estas amenazas no se limitan a Colombia, sino que también afectan a numerosos países.
Un ejemplo reciente se produjo tras la advertencia de la Policía Nacional sobre nuevas formas de fraude que han causado importantes pérdidas económicas, como la suplantación del número telefónico de entidades bancarias destinados al robo de identidad.

Los ciberdelincuentes explotan la preocupación que suelen generar las sanciones de tráfico para presionar a las víctimas con avisos de infracciones supuestamente pendientes, plazos de pago urgentes y posibles consecuencias administrativas si no actúan de inmediato.
La táctica, simple pero efectiva, consiste en enviar un SMS con un enlace que dirige a una página web falsa diseñada para imitar la imagen institucional y así obtener información personal o financiera.

El sitio fraudulento está diseñado para parecer auténtico, con colores institucionales, logotipos oficiales y un aspecto profesional que refuerza su credibilidad. Una vez dentro, se invita a la víctima a completar un formulario para pagar la supuesta sanción, momento en el que, según advierte la Policía Nacional, se solicitan datos personales y bancarios sensibles, incluidos códigos de verificación.
Con esa información, los delincuentes pueden realizar compras no autorizadas, transferencias inmediatas, contratar servicios o incluso suplantar la identidad de la víctima, provocando graves perjuicios en muy poco tiempo.

Para reducir el riesgo de este tipo de modalidades de estafa, conocidas como phishing, se recomienda mantener una actitud preventiva ante cualquier mensaje sospechoso. Es esencial evitar abrir correos no solicitados o procedentes de remitentes desconocidos, así como no responder ni facilitar información sensible como contraseñas, datos bancarios o documentos personales.
Antes de compartir cualquier dato confidencial, conviene comprobar con atención la identidad real del emisor, incluso cuando el mensaje parezca provenir de un contacto conocido.
