Más allá de la ciencia ficción, un proyecto científico comienza hoy a tomar forma: la protección de la vida terrestre fuera del planeta. Investigadores de diversas disciplinas, liderados por la criobióloga Mary Hagedorn, promueven una iniciativa destinada a conservar células de especies amenazadas en un cráter del polo sur lunar. La propuesta surge ante la posibilidad de que la Tierra, en determinados escenarios futuros, no pueda asegurar la preservación de su biodiversidad.
El plan contempla la creación de un biorrepositorio en una zona lunar que permanece en oscuridad constante, cuyas condiciones extremas permitirían mantener temperaturas cercanas a los -196 °C de forma natural.

En ese entorno se resguardarían fibroblastos, tejidos y distintos tipos de células pertenecientes a animales amenazados, polinizadores y especies fundamentales para los ecosistemas. La estabilidad térmica del lugar lo convertiría en un espacio idóneo para la conservación a largo plazo de material biológico.
Más que una solución definitiva a los problemas ambientales de la Tierra, la iniciativa se concibe como una medida de respaldo para el futuro. Sus impulsores plantean este archivo lunar como una especie de póliza de seguridad frente al avance del cambio climático, las catástrofes naturales y la presión humana sobre los recursos. El objetivo no es sustituir los esfuerzos de conservación en el planeta, sino ofrecer una última línea de defensa para la diversidad de la vida.

La iniciativa no está exenta de dificultades y enfrenta obstáculos de tipo técnico, financiero y ético. Los recursos económicos son escasos y el interés por los cráteres del polo lunar es cada vez mayor, pues distintas naciones y agencias espaciales los ven como zonas clave para proyectos de extracción o asentamientos futuros.
En paralelo, tal como lo reseñó el portal Gizmodo, el equipo científico prepara ensayos en la Estación Espacial Internacional utilizando el gobio estrellado, un pez de arrecife, con el fin de analizar cómo la microgravedad y la radiación afectan a células sometidas a criopreservación.

Estas pruebas buscan optimizar los materiales de conservación y evaluar posibles alteraciones genéticas provocadas por el entorno espacial. Además, los investigadores pretenden determinar si las muestras biológicas podrían ser recuperadas sin daños tras permanecer expuestas a condiciones extremas fuera de la Tierra. La validación de estos procesos resulta esencial antes de pensar en un almacenamiento a largo plazo en la superficie lunar.
Para Mary Hagedorn y su equipo, la necesidad es inmediata: garantizar un respaldo para la vida del planeta. Aunque el proyecto aún requiera tiempo y numerosas respuestas técnicas, la idea central es clara: si la humanidad debe mirar al espacio en busca de un futuro, la biodiversidad no puede quedar atrás.
