Villeta, esta pequeña ciudad de Cundinamarca no solo es famosa por su clima caluroso y sus piscinas. Es, sin discusión, la capital dulcera de Colombia, un lugar donde el olor a panela recién cocinada impacta tanto a locales como a turistas.

Villeta lleva décadas dominando el mercado de los dulces artesanales del país. El secreto está en los cañaduzales que rodean la región: extensiones verdes de caña de azúcar que alimentan trapiches familiares donde la tradición se mezcla con el amor de generaciones enteras.
El producto estrella de esta ciudad es el melao, que es jarabe espeso y oscuro que se obtiene al hervir el jugo de caña hasta reducirlo a su máxima expresión.
Solo, con queso, sobre arepas o derramado encima de una buena porción de arroz con leche, el melao de Villeta no tiene rival ni comparación. Y el hecho de que exista gente que suba desde Bogotá exclusivamente por un frasco no es exageración, pues es del gusto de muchas personas.

La cuestión del dulce no se detiene ahí, pues las melcochas son quizás el símbolo más icónico del pueblo. Es una masa elástica y dorada hecha de panela cocinada a punto exacto, que los artesanos estiran a mano, literalmente, columpiándola en ganchos, hasta que queda suave, brillante y chicloso que obliga a que se mastique más de una vez.
En las calles del centro abundan los puestos donde también se encuentran el manjar blanco, ese dulce cremoso y espeso mezcla de leche y panela que parece una nube; también están las cocadas, el alfandoque y las famosas obleas rellenas de arequipe.

En la ciudad también hay un evento que concentra toda esa energía dulcera en un solo momento del año, el Reinado Nacional de la Panela, que se celebra cada enero y que es mucho más que un concurso de belleza.
Es un festival gastronómico, cultural y económico que pone a Villeta en el mapa nacional durante varios días. Hay desfiles, reinados, muestras artesanales, concursos de producción de panela y, por supuesto, más dulces que conquistan paladares.

El reinado nació como un homenaje a los productores cañicultores, y hoy reúne visitantes de todo el país que llegan con maletas vacías y se van cargados de panela, melao y más dulces.
Así que, si Villeta es uno de los destinos, no hay que conformarse con solo ir a la piscina. Se puede parar en los puestos del camino, pedirle a la señora que explique cómo hace las melcochas, comprar el melao más oscuro que se encuentre y regresar con una historia que tiene un sabor dulce.
