El estilo de manejo que un conductor tiene llega a afectar de distintas formas el rendimiento de un vehículo, ya que esto permite que el coche dure mucho más o menos de lo pronosticado por fabricantes.

Por ello, marcas de automóviles, así como entidades de transporte, han compartido reiteradamente una serie de guías para que los usuarios puedan tener en cuenta los hábitos más indicados a la hora de estar en el volante, de esta forma promocionando una cultura vial mucho más saludable.
No obstante, existen ocasiones en las que conductores no hacen caso a estos consejos y mantienen patrones que pueden dañar el coche, tal como lo pueden ser frenados bruscos, aceleraciones a fondo, arranques violentos o pasar huecos o reductores sin bajar la velocidad.
En el caso de los carros eléctricos, que van surgiendo cada vez más en el mercado automotor, no es la excepción ver daños derivados de estos estilos de manejo.
Las consecuencias que puede sufrir un carro eléctrico por malos hábitos de conducción
De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad Shanghai Dianji, en China, el tener una conducción agresiva puede acelerar la degradación de la batería en los vehículos eléctricos hasta 2,5 veces más rápido que una conducción suave.
Para conocer este resultado, las personas involucradas analizaron datos generados durante un año por 15 coches que poseen esta tecnología, midiendo temas de velocidad, corriente y estado de carga.
Por medio de estas cifras, los investigadores crearon cinco categorías para determinar aquellos estilos de conducción que iban desde suave hasta agresivo.

El estudio hizo una aclaración indicando que el conjunto de datos no incorporaba mediciones directas de la salud de las baterías ni de la pérdida de capacidad a largo plazo. En vez de ello, se hizo uso de un modelo predictivo para poder estimar la degradación que sufre un coche.
Bajo este aspecto, la investigación puede averiguar que el grupo de conducción más agresiva se encargaba de presentar una tasa de envejecimiento de la batería 18,4 veces mayor que aquella registrada en la de una conducción más eficiente.
A largo plazo, aquellos modelos que utilizan manejos bruscos tendrían la pérdida de capacidad del 53,22% tras 1.000 ciclos de carga y descarga, siendo mucho mayor que la que se presentaría en carros con manejo suave, que tuvieron un porcentaje de 21,15%.
La investigación también presenta que no solamente la velocidad presenta un punto clave, sino que otros factores son tenidos en cuenta, entre ellos el método de carga, la carga transportada, el terreno habitual y la densidad del tráfico.
