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Atención: todo lo que debe saber sobre la variante delta y los niños

Ante el aumento de casos en menores de edad en Estados Unidos, muchos se preguntan si en Colombia pasará lo mismo pronto.

El año pasado, para la pediatra Adriana Fajardo, ver niños en el hospital era una escena extraña. Ella trabaja como neonatóloga en el de Méderi, en Bogotá, y, durante las primeras fases de la pandemia, la covid-19 se ensañó con los más viejos y vulnerables. Las urgencias pediátricas eran ocasionales: un recién nacido prematuro o un niño con cáncer, y pare de contar. Los menores no se asomaron, porque estuvieron protegidos en el confinamiento.

En mayo pasado, cuando el país vivió la llamada tercera ola del coronavirus, el contraste fue enorme. En las salas de pediatría de ese hospital había niños de 11 años sin comorbilidades con síntomas severos de covid-19. Lo mismo reporta el médico infectólogo pediatra Carlos Torres, quien en ese mismo periodo recibía, por lo menos, entre 30 y 40 llamadas al día de madres preocupadas, pues sus hijos habían salido positivos con el virus. Ahora, Colombia vive un buen momento, ya que los casos de infectados y muertos van disminuyendo. Pero, para Torres, eso es solo un “descansito”. La realidad es que la variante delta ya llegó a Colombia.

Y Torres así como la mayoría de epidemiólogos y expertos en salud esperan que esta provoque una cuarta ola entre septiembre y octubre. Entonces, el país podría enfrentarse a lo que hoy viven otros, como Estados Unidos, donde las cifras de mayor aumento de casos surgen en la población más joven. Según reportan los medios allá, se trata de la más alta oleada de hospitalizaciones por covid en niños desde el comienzo de la pandemia, con tasas 4,6 por ciento más altas de lo que había hace cinco semanas. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las muertes por covid en los menores han sido más altas que por influenza este año. “Es absolutamente claro que más niños se están infectando”, dijo Anthony Fauci a la cadena ABC.

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“Y mientras más se infecten se verán más hospitalizaciones”, agregó. Para entender la situación, es preciso saber que nada ha cambiado frente al comportamiento del virus en la población. Por un lado, los expertos señalan que, igual a como sucede en los adultos, un grupo grande de menores vive la infección como una ‘gripita’ manejable en casa, mientras que otro más pequeño sí requiere de hospitalización, y, en casos más severos, hasta los cuidados intensivos de una uci. Eso sigue igual.

Ahora bien, el aumento en el caso de los niños en Estados Unidos responde a que la tasa de infección es alta, y, en esas circunstancias, los menores que forman parte de la población afectada se infectarán también. “El cambio es igual para todos los grupos etarios”, dice el epidemiólogo Jaime Ordóñez, porque el “riesgo al aumentar el número de casos será igual para todo el mundo, pero manteniendo más o menos la misma relación; es decir, va a aumentar el número de casos en todos los grupos etarios más o menos de la misma forma. Todos suben más o menos lo mismo, y bajan más o menos lo mismo”, agrega. Los niños, por fortuna, siempre han tenido un riesgo bajo y lo siguen teniendo.

El elemento nuevo en el panorama son las vacunas. El riesgo de infección en los adultos vacunados es más bajo hoy, y, “aunque la eficacia de las vacunas ya no es de 94-95 por ciento, sigue siendo alta (87-88 por ciento). Eso da la sensación de que aumentó el riesgo de los niños, pero lo que sucede es que disminuyó el riesgo de los adultos”, explica Ordóñez.

El otro elemento nuevo es delta, una variante que sí ha mostrado ser particular: es más transmisible y severa que las demás. Aun así, Torres aclara que delta no es peor en los niños, sino en todos los grupos etarios y, en especial, en los vulnerables, dado que “la carga viral puede ser entre 10 y 50 veces más alta”. No solo es más transmisible, pues cada infectado transmite más el virus, sino que, además, la carga viral recibida es mucho mayor.

Según Fajardo, en 24 horas la persona ya es sintomática. Pero el que está vacunado y se infecta con delta solo transmite el virus por un día, porque, cuando los anticuerpos de la vacuna empiezan a actuar, esa carga viral cae.

Asimismo, los no vacunados tienen más riesgo de morir que los inmunizados, señala Torres. Por eso, cuando se comparan estas cifras con las de la población mayor de 60 años, las hospitalizaciones de ellos no aumentaron tanto, puesto que una buena proporción de los adultos ya están vacunados. “En esos países, Pfizer y Moderna han funcionado bien contra la variante delta”, afirma Ordóñez. Los vacunados pueden infectarse, pero no gravemente. “Nos infectamos cinco a seis veces menos que los no vacunados”, dice Torres. Así las cosas, el mayor riesgo lo corren los niños y la demás población adulta sin el esquema completo de vacunación.

Vacunación para todos

En Colombia, está abierta la vacunación para mayores de 20 años en adelante y para jóvenes mayores de 12 años con comorbilidades. “Pero debería ser para todos”, dice Torres, y agrega que “los niños que no estén vacunados no deben estarlo por decisión del Gobierno”. Mientras más personas vulnerables haya, más incierto será el panorama de Colombia con la ola de delta. Fajardo, por ejemplo, prevé que habrá más menores infectados que requerirán apoyo médico.

“Cada vez veo mayor compromiso. Tanto es así que ahora hay más artículos sobre cómo manejar a estos niños, porque antes todo se enfocaba en el adulto”, dice la experta. Lo mismo opina Torres, para quien la variante delta “ha demostrado evadir las vacunas y producir una enfermedad más grave para los no vacunados”.

Según él, más temprano que tarde los niños tendrán que vacunarse. Los estudios para probar su eficacia y seguridad ya están en curso, y se espera que en septiembre en Estados Unidos empiecen a vacunar a los menores entre 9 y 12 años, y en octubre desde los 5 hasta los 9 años. En un futuro próximo, esas vacunas serán para todos a partir de los 6 meses de edad.

Mientras tanto, la mejor manera de proteger a los pequeños es que los adultos se vacunen, porque “nosotros somos factores de riesgo para los niños y no al revés”, señala Fajardo. Esto lo dice a pesar de que un estudio canadiense esta semana mostró que los menores sí eran fuente de infecciones.

El trabajo, publicado en la revista JAMA, no resuelve el interrogante de si los niños son más contagiosos que los adultos, ni sugiere que los niños estén promoviendo la pandemia. Pero sí demuestra que ellos juegan un papel en la transmisión del virus. “El principal mensaje es que hay una trasmisión en los hogares cuya fuente son ellos. Y esto significa que hay que repensar cómo se van a proteger las escuelas cuando vuelvan a clase”, dice Zoë Hyde, epidemióloga de la Universidad de Western Australia, a The New York Times. Torres destaca un detalle básico del estudio: la protección de los niños depende de que se cumplan las normas de bioseguridad.

En concreto, señala que, si el aforo se mantiene entre 30 y 50 niños por clase en sitios ventilados, la transmisibilidad será baja, pero, si sube, no. “Los jardines y colegios lo hicieron bien, pero ahora no podemos relajar las medidas”. En el grupo de personas que deben vacunarse inmediatamente se encuentran las embarazadas. “Nos llegan recién nacidos con covid, porque las mamás no se vacunaron en el embarazo”, dice Fajardo.

Los riesgos para ellas son enormes y las expectativas trágicas: una posibilidad es que mueran tanto la madre como el hijo; otra, que el bebé sobreviva, pero no la madre; y, la tercera, que el bebé nazca con covid. “Y no les da covid propiamente, sino un síndrome severísimo respiratorio que les inflama los pulmones y les hace fallar otros órganos, y, si sobrevive, queda con secuelas. Son demasiados riesgos”.

El que los niños se infecten no debe ser una noticia, y, según los expertos, no debe causar tanta preocupación la nueva ola, pues, seguramente, los niños se infectarán. Hay que estar preparados. Lo primero es la vacunación para todos, según dice Torres, ya que no habrá la ansiada inmunidad de rebaño debido a las nuevas variantes. También, señala, es necesario esperar que la población ya vacunada reciba un refuerzo.

Por último, las medidas de bioseguridad deben continuar ahora más que nunca. Lo que más les preocupa a los expertos es el distanciamiento físico, y lo dicen porque perciben un aumento de reuniones, piñatas y fiestas. Todos coinciden en que los colegios y los jardines deben estar abiertos, pero con medidas de aforo, ventilación y bioseguridad. No hay que olvidar que el cuidado de los niños depende de lo que hagan los adultos.