La forma en la que un perro se mueve, descansa o incluso se acicala puede decir mucho más de lo que parece, pues las conductas que a menudo se piensa que son relacionadas al envejecimiento o al “carácter” de la mascota pueden ser, en realidad, avisos tempranos de un malestar físico.
Así lo advierte Juanjo, veterinario con más de 20 años de trayectoria, quien ha llamado la atención de los dueños de mascotas sobre una afección común, pero muchas veces ignorada: los problemas articulares.
A través de sus redes sociales, el especialista explicó que existen señales claras las cuales se le debe prestar más atención ya que pueden estar significar desgaste o dolor en las articulaciones.
Dificultad para moverse tras el descanso
Uno de los primeros indicios aparece en momentos cotidianos, Juanjo señala que la primera señal es cuando al perro le cuesta ponerse de pie, necesita varios intentos para arrancar a caminar o se muestra rígido después de dormir o tras una siesta, podría estar experimentando molestias articulares. No se trata solo de pereza o cansancio: ese esfuerzo extra para moverse suele ser una respuesta al dolor.

Según el veterinario, este tipo de comportamiento es frecuente en casos de desgaste progresivo, especialmente en perros adultos o de razas propensas a problemas en caderas, rodillas o codos.

Cambios de conducta y señales que se normalizan
Otra alerta importante se manifiesta en acciones que el perro antes realizaba sin dificultad. La segunda señal es cuando dejan de subir escaleras, evitar saltar al sofá o mostrarse reacio a ciertos movimientos puede ser una forma de protegerse del dolor.

El tercer comportamiento señalado por el veterinario es: “El tercer síntoma que sorprende mucho son perros que se lamen mucho las articulaciones para intentar calmar ese dolor”.

Este comportamiento, explica Juanjo, es un intento del animal por aliviar la molestia, pero: “El problema es que muchos normalizan estas señales de alerta y piensan que su perro hace esto porque es mayor”, señala el veterinario.
El problema, advierte, es que normalizar estas señales retrasa el diagnóstico y el tratamiento, permitiendo que el problema avance.
El mensaje del especialista es claro: observar con atención los cambios en el comportamiento del perro y consultar a tiempo con un profesional puede evitar sufrimiento innecesario y ayudar a mantener su bienestar por más tiempo.










