Bogotá, una ciudad que produce más de 7.200 toneladas de basura a diario, tiene el barrio más limpio de Latinoamérica y, precisamente, los habitantes del sector lograron esa distinción a partir de la basura.
El Premio Internacional Gaviota hizo un reconocimiento al sitio conocido como El Regalo, ubicado en la localidad de Bosa, en la capital colombiana.
La comunidad de esa zona y su lideresa, Ana Inés Vásquez, presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio, son las protagonistas de esta hazaña.

La mujer lleva 19 años trabajando por su comunidad y ha sido nominada, junto con sus vecinos, en varias ocasiones.
El trofeo obtenido es una muestra de que el bienestar de las personas, aun en medio de las dificultades de las grandes urbes para lograr que todo fluya, lo promueve la misma gente.
En las ciudades grandes y densamente pobladas suele ser difícil que la recolección de basuras, la cultura ciudadana con el manejo de los residuos y, en general, alcanzar la meta de tener un lugar armónico para vivir, puedan llevar el rótulo de eficiente. Sin embargo, a la comunidad de El Regalo no les quedó grande.
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De la basura al paraíso
Un buen día decidieron hacer de su barrio el más limpio, tras una problemática de basura que se presentaba en la zona: los vecinos sacaban sus residuos en horarios distintos a los que las empresas de aseo realizaban la recolección y había acumulación de residuos, insectos, desorden y problemas sanitarios.
En medio de ese caos se encendió el bombillo y vieron que, dentro de la basura había una fuente económica que podía ayudar a mucha gente con trabajo.
Las botellas de plástico, el compostaje y todo lo que era parte del problema, lo empezaron a utilizar a su favor.
“Ha sido un trabajo duro, pero ha valido la pena pese a las críticas y obstáculos que se presentan”, afirma Ana Inés Vásquez, lideresa del sector.
Guardianes de su propio invento
Solo lo que le cuesta a la misma comunidad puede perdurar, pues ella misma se encarga de defenderlo. Eso es lo que sucede en El Regalo, donde la gente misma es guardiana de su propio invento.
Reciclan, venden, vuelven a recoger, separan y lo que les sirve para hacer compostaje lo utilizan para promover la agricultura urbana. Es así como tienen 189 huertas con siembra de productos alimenticios.

Lo que han logrado en pequeña escala los enorgullece y sueñan con llegar a contagiar al resto de barrios de Bogotá. Los habitantes se sienten a gusto en calles limpias, mientras que la actividad alrededor del cuidado de los espacios públicos los ha llevado a fortalecerse como comunidad.
Se organizan por cuadras, en sus hogares siembran lechugas, tomates, acelgas, apio, pimentón, cilantro y hasta plantas ornamentales. Muchos han logrado, con esta cadena de buenas prácticas, mejorar su nivel de vida individual, mientras se sienten a gusto al salir a los espacios públicos.
El galardón recibido los motiva aún más. Se trata de un premio que ya lleva 26 años ‘al aire’. Se entrega en México y resalta la labor comunitaria en la tarea de hacer la diferencia.
Con el Jardín Botánico
Según destaca la administración distrital, las comunidades interesadas en participar en iniciativas de agricultura urbana pueden hacer su solicitud en agriculturaurbana@jbb.gov.co

Posteriormente, cuando se esté incluido en la línea, el Jardín Botánico hace la capacitación inicial y la asistencia técnica para el montaje del proyecto.
El apoyo incluye material vegetal, recursos físicos como semillas y algunas plántulas cuando el nivel de conciencia y compromiso comunitario es evidente, señaló la Alcaldía de Bogotá.
