En un mundo donde las marcas compiten por segundos de atención en pantallas saturadas, destacar se volvió más difícil que nunca.

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Las empresas invierten más, producen más contenido y aparecen en más plataformas, pero el resultado no siempre es proporcional. El problema no es la falta de visibilidad, sino el exceso de ruido.

En medio de ese escenario saturado, una empresa colombiana decidió hacer algo distinto: salirse del ecosistema digital y llevar la conversación a un lugar donde casi nadie está mirando.

No se trata de una metáfora creativa, sino de una operación real: enviar productos, símbolos y mensajes de marca a la estratosfera, a más de 30 kilómetros de altura, en un entorno donde la presión es casi nula, la temperatura puede caer por debajo de los -50 grados y la Tierra empieza a verse curva.

Desde ahí, Xelestia está construyendo una propuesta que mezcla ingeniería aeroespacial, marketing y análisis de datos para abrir una nueva frontera en la economía de la atención.

Más que publicidad: una operación 360

Detrás del proyecto hay un equipo que combina perfiles poco comunes dentro de una misma empresa: ingenieros aeroespaciales, estrategas de marketing, comunicadores y especialistas en desarrollo tecnológico.

La idea no nació únicamente desde lo técnico ni desde lo publicitario, sino de la mezcla entre disciplinas que, en principio, no suelen cruzarse.

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En conversación exclusiva con Semana, dos de los miembros del equipo fundador, Sebastián Valencia, ingeniero aeroespacial, y José Acevedo, especialista en medios, explicaron que el objetivo nunca fue hacer “publicidad diferente” por sí sola, sino construir un modelo que conecte impacto, narrativa y retorno.

Este tipo de proyectos hace parte de una economía espacial que ya mueve miles de millones de dólares a nivel mundial y que sigue expandiéndose hacia nuevas aplicaciones. Foto: Xelestia

En ese sentido, cada misión no se plantea como una acción aislada, sino como una operación completa. Desde la conceptualización hasta la amplificación en medios, el lanzamiento funciona como el eje de una estrategia más amplia que busca generar conversación, posicionamiento y recordación.

Es lo que ellos definen como un modelo 360: branding, impacto mediático y retorno en una sola ejecución.

El factor que no se compra: la conversación

Más allá de la tecnología o la altura, hay un elemento que explica buena parte del valor del modelo: la conversación que genera.

No es lo mismo ver una pauta más en redes sociales que encontrarse con una idea que sorprende y se comenta sola: una marca colombiana llevando su producto al borde del espacio. Ese tipo de curiosidad, casi de incredulidad, es lo que convierte la acción en tema de conversación.

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Parte del impacto está ahí: en el “¿cómo así?”, en la reacción espontánea, en esa pausa que rompe la rutina del contenido digital. En un entorno donde la atención está fragmentada, la capacidad de salir del ruido digital y entrar en la conversación real se convierte en uno de los activos más valiosos para una marca.

¿Qué implica realmente llegar a la estratosfera?

Aunque desde afuera puede parecer una acción simple, el proceso detrás de cada misión es considerablemente más complejo. No todos los productos pueden soportar las condiciones de la estratosfera. La presión, la temperatura y la radiación obligan a rediseñar estructuras, materiales y sistemas de protección.

“No todo puede volar. Hay productos que necesitan rediseño completo para resistir las condiciones”, explicó Valencia.

Cada misión puede tardar entre 30 y 60 días en preparación, no solo por la parte técnica, sino por el desarrollo narrativo que la acompaña. El lanzamiento es solo una parte del proceso: antes hay una estrategia de comunicación y después un trabajo de amplificación que convierte el evento en contenido.

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Además, el modelo no funciona como un servicio estándar. Cada proyecto es único, con necesidades específicas en ingeniería, producción y marketing, lo que hace que cada misión tenga su propia “identidad”.

Un mercado global y una oportunidad regional

Aunque el concepto puede parecer novedoso en Colombia, este tipo de iniciativas ya existe en mercados como Europa y Estados Unidos, donde el marketing vinculado a experiencias estratosféricas ha ganado terreno como una alternativa de alto impacto.

Sin embargo, esos servicios suelen tener costos significativamente más altos y están dirigidos a grandes corporaciones. En ese contexto, la apuesta de Xelestia es adaptar ese modelo al mercado latinoamericano, con una estructura más accesible y cercana.

La oportunidad es clara: mientras en mercados desarrollados este tipo de estrategias ya está validado, en América Latina aún no existe un desarrollo sólido, lo que abre un espacio para posicionarse temprano.

Este fenómeno ocurre en paralelo al crecimiento de la economía espacial global, la cual, según proyecciones de Morgan Stanley, podría superar el billón de dólares hacia 2040.

El siguiente paso ya está en la mira: desarrollar un cohete propio que permita dar el salto de la estratosfera al espacio. Foto: Getty Images

Este avance está siendo impulsado por el auge en las telecomunicaciones, el análisis de datos masivos, la observación terrestre y el surgimiento de aplicaciones comerciales disruptivas que están redefiniendo nuestra relación con el espacio.

El negocio detrás: costos, clientes y proyección

A diferencia de la publicidad tradicional, el modelo no compite por volumen, sino por impacto. Cada misión involucra un número limitado de marcas y se construye bajo un esquema de exclusividad.

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Los costos reflejan esa complejidad. Un lanzamiento puede partir desde los 85.000 dólares y superar los 120.000, dependiendo del nivel de desarrollo técnico y creativo. Aun así, los fundadores aseguran que estos precios están entre 35% y 50% por debajo de los estándares internacionales.

Para 2026, la empresa proyecta entre 10 y 15 compañías vinculadas y cerca de 11 misiones, con una meta de ingresos cercana al millón de dólares. Sin embargo, más que rentabilidad inmediata, el enfoque está en reinversión, desarrollo tecnológico y posicionamiento.

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Más allá del marketing: el negocio de los datos espaciales

Aunque la visibilidad de los lanzamientos es lo más llamativo, el proyecto tiene otra dimensión menos visible, pero potencialmente más relevante: el uso de datos satelitales.

La empresa está desarrollando una línea enfocada en el procesamiento de imágenes espaciales para generar soluciones en sectores como agricultura, medio ambiente, minería y gestión de riesgos. La idea no es vender imágenes, sino convertirlas en información útil para la toma de decisiones.

Este punto conecta directamente con una realidad económica del país: Colombia gasta cerca de 15 millones de dólares al año en la compra de imágenes satelitales, principalmente para seguridad, defensa y geografía, mientras que el sector privado representa una fracción menor de ese mercado.

Ese dato refleja no solo el tamaño del negocio, sino también la dependencia tecnológica del exterior, un vacío que este tipo de iniciativas busca empezar a cerrar.

Los retos de construir una industria nueva

A pesar del potencial, el camino no es simple. Más allá de la innovación, el modelo enfrenta desafíos en términos de regulación, financiamiento y adopción, especialmente en una región donde la industria aeroespacial aún es incipiente.

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Esto implica no solo desarrollar tecnología, sino también educar al mercado, generar confianza y demostrar que este tipo de estrategias pueden traducirse en valor real.

La apuesta no es únicamente técnica, sino también cultural: cambiar la forma en que las empresas entienden la publicidad, la innovación y el crecimiento.

Democratizar el espacio: la ambición de fondo

Más allá del marketing, hay una idea que atraviesa todo el proyecto: democratizar el acceso al espacio.

No en el sentido literal de enviar personas, sino en la posibilidad de que empresas, instituciones y proyectos en América Latina puedan acceder a este tipo de experiencias sin depender de proveedores internacionales.

La apuesta no solo es local: se trata de entrar a una industria global donde el acceso al espacio empieza a ampliarse más allá de las grandes potencias. Foto: wirestock

La ambición va más allá. En su hoja de ruta, la compañía contempla el desarrollo de un cohete capaz de superar los 100 kilómetros de altitud y alcanzar el espacio en una trayectoria suborbital. De lograrse, sería uno de los primeros proyectos privados de este tipo en la región.

Pero incluso más importante que el hito técnico es lo que representa: la posibilidad de que Colombia empiece a construir capacidades dentro de una industria que, hasta hace poco, parecía lejana.

Una nueva forma de competir por atención

En el fondo, la propuesta no se trata solo de altura ni de tecnología. Se trata de atención.

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En un mundo donde todo compite por segundos en una pantalla, la posibilidad de crear algo que salga de ese ecosistema cambia las reglas del juego. La estratosfera deja de ser solo un lugar físico para convertirse en un nuevo escenario económico.

Y ahí está la apuesta: no en hacer más de lo mismo, sino en hacer algo que obligue a mirar, porque en un mercado saturado de contenido, a veces la única forma de destacar, es salirse del planeta.