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Las obras que Botero pintó antes de ser famoso

Antes de ser uno de los artistas más reconocidos del mundo por sus gordas, Fernando Botero experimentó con diferentes estilos. El Museo Nacional reunirá por primera vez, desde este sábado, 54 obras de esa etapa poco estudiada de su vida.


Hace ocho años, cuando Christian Padilla cursaba una maestría en Historia del Arte, había una pregunta que no salía de su cabeza: ¿por qué si Fernando Botero era el artista vivo más reconocido de Colombia, existían tan pocas investigaciones sobre sus inicios en el arte y sus primeras obras? Y es que a pesar de la gran cantidad de libros, colecciones, exposiciones y trabajos que había sobre el antioqueño, casi ninguno de ellos se centraba en su juventud y en la etapa en la que aún no era famoso. Eso le intrigaba, pues quienes estudian a los grandes artistas del mundo (como Picasso) casi siempre tienen claro sus primeros periodos.

Fernando Botero

A partir de esa duda se puso a investigar el tema, que con el paso del tiempo fue su tesis de maestría. Lo hizo a profundidad: entrevistó a Botero, habló con conocedores de su obra y rastreó varias de esas primeras piezas, que estaban regadas en colecciones públicas y privadas. Así nació una especie de catálogo sobre los primeros años del artista y un libro llamado Botero, la búsqueda del estilo (1948-1963), que publicó en 2012 con la editorial Proyecto Bachué.

La exposición, que comienza el 3 de agosto, trae obras del Smithsonian de Washington, el museo de Antioquia y colecciones privadas.

Su trabajo había quedado ahí, guardado, hasta que el Museo Nacional se interesó en el tema, con la intención de rendirle un homenaje a Botero por los 70 años del inicio de su producción artística (que comenzó en 1948). La entidad le pidió que curara una exposición enfocada en ese mismo periodo temprano. Padilla, que tenía toda la información en la cabeza, desempolvó sus contactos y comenzó a trabajar para reunir una buena parte de esas obras y presentarlas al público.

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El resultado, que se podrá ver desde el próximo 3 de agosto, es El joven maestro. Botero, obra temprana (1948-1963), una muestra que por primera vez reúne 54 piezas que pintó antes de ser el artista de talla internacional que es hoy. Un trabajo monumental, que trae a Bogotá obras que estaban en el Smithsonian de Washington, el Museo de Antioquia y varias colecciones privadas. “Botero es uno de los artistas vivos más reconocidos en el mundo, y es uno de los que más exposiciones y libros sobre él tiene –cuenta Padilla–. Pero casi nadie se centra en este periodo de su vida y en el proceso que lo llevó a desarrollar su estilo”.

‘Frente al mar‘, 1952: Al inicio pintaba acuarelas e ilustraciones. 

Lo cierto es que ese periodo, tal vez el menos conocido de Botero, es determinante para su carrera, pues fue cuando forjó su estilo y pasó de ser un joven que ilustraba en el diario El Colombiano, de Medellín, a convertirse en uno de los artistas más reconocidos del mundo. Eso hace que la exposición tenga muchas cosas que seguramente sorprenderán al público. En varias obras, por ejemplo, no aparecen los personajes gordos ni las figuras voluptuosas que hoy lo caracterizan.

En otras, de hecho, hay personajes delgados y de color, y en algunas hay pequeños rasgos del expresionismo abstracto, un estilo que estaba de moda en Nueva York cuando estuvo allá por primera vez, en 1960.

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Para Fernando Pradilla, director de la Galería El Museo y quien maneja la obra de Botero en Colombia, es un periodo definitivo en el que a pesar de que no se ve un estilo definido, sí hay una combinación de varios elementos que muestran a alguien que será un gran artista. “Desde el inicio se ve a un extraordinario colorista y a alguien con un gran manejo de la composición –explica–. Los elementos están muy bien puestos y ya se nota que tiene mucha madurez. Es interesante hablar de la libertad de la factura, de la libertad de pintar. Uno puede ver cómo, con el paso del tiempo, se va ajustando la pincelada”.

Es cuando finalmente, y a los 32 años, empieza a encontrar un estilo propio, una marca que lo caracterizará durante toda su carrera. El volumen ya es constante y los ‘gordos’ empiezan a aparecer cada vez de forma más definitiva.

Ese proceso, que según Botero terminó hacia 1968, cuando él mismo ya se considera un artista maduro, se podrá ver muy claramente en la exposición, pues el museo la organizó en tres periodos. El primero arranca en 1948, cuando Botero solo tiene 16 años, y termina en 1954. Es la época en la que el antioqueño hacía ilustraciones en el periódico y pintaba en acuarela. También es cuando tiene su primera exposición en Bogotá (en la Galería Leo Matiz) y gana un premio en el Salón Nacional de Artistas, con el cual se va a Europa. Allí descubre a los grandes maestros del Renacimiento italiano que ejercerán una fuerte influencia sobre él: Giotto di Bondone, Masaccio, Paolo Uccello, Piero della Francesca y Domenico Veneziano, entre otros.

Una época, además, en la que su obra estaba muy enfocada hacia los temas sociales y políticos: los marginados, los campesinos, el pueblo. “En esas obras ya se puede ver una cosa intuitiva, un interés en el manejo del volumen y de la proporción, que luego serán claves”, cuenta Pradilla.

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El segundo periodo es entre 1955 y 1957. La época en la que se casa con Gloria Zea y, con ella, viaja a México. Allí conoce el trabajo de los muralistas Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Además, queda maravillado con Rufino Tamayo, un pintor modernista del que toma, entre otras cosas, su colorido. En esta época, en la que pintaba sobre todo bodegones, Botero se aleja del discurso político y empieza a privilegiar las formas. Es también el punto de inflexión, el momento en el que descubre lo que luego se convertirá en su estilo: el volumen. La anécdota cuenta que en 1956, mientras pintaba una mandolina, descubre por equivocación la manera de generar un efecto de monumentalidad. A partir de ahí su obra no vuelve a ser la misma.

‘Coco‘, 1951: Durante sus primero añs, se interesó en temas sociales y políticos. Pintaba marginados, campesinos y al pueblo.

La última parte se enfoca en los primeros años que pasó en Nueva York, entre 1958 y 1963, cuando ya es una figura reconocida en Colombia. Luego de ganar en el Salón Nacional de Artistas (en 1959 incluso fue declarado fuera de concurso), vive en Estados Unidos gracias a una beca y allí comienza a exponer varias de sus obras, en medio de dificultades económicas. “Es un momento en el cual tiene muchas exposiciones y mucha prensa, aunque comercialmente no le va muy bien, no vende tanto –cuenta Padilla–. Incluso, hay una anécdota en la que le pide una rectificación a un periódico colombiano que tituló una nota de esa época diciendo que Botero triunfó en Nueva York. Él pide que pongan que no triunfó”.

Es el momento en el que más lo influye el expresionismo abstracto y artistas como Jackson Pollock, que se nota en algunos trazos. Ya después empieza toda la época del arte pop, que también le alcanza de cierta manera. Es cuando finalmente, y a los 32 años, empieza a encontrar un estilo propio, una marca que lo caracterizará durante toda su carrera. El volumen ya es constante y los ‘gordos’ empiezan a aparecer cada vez de forma más definitiva. La muestra termina en 1963, cinco años antes de su consagración, que se dio de la mano de los críticos alemanes que conocieron sus obras en Nueva York.

‘Obispos muertos‘, 1958: En esta época ya tenía un estilo más parecido al de sus obras actuales. En algunos trazos se ve la influencia del expresionismo abstracto.

“Es una exposición con la que esperamos enriquecer la mirada del público sobre Botero”, cuenta el curador. Además, es la oportunidad para conocer cómo se consolidó su estilo y cómo fueron sus inicios. Una mirada que estaba en mora y que es clave para entender en toda su dimensión a uno de los grandes artistas del siglo XX.

Vea aquí una linea de tiempo con algunas de las obras que harán parte de la exposición desde el próximo 3 de agosto: