En 1954, el productor Howard Hughes y el director Dick Powell iniciaron el rodaje de The Conqueror (El conquistador de Mongolia), una superproducción histórica de Hollywood filmada en los desiertos de Utah, Estados Unidos. Décadas después, el filme es recordado no solo por su baja recepción, sino por la coincidencia de que 91 de los 220 miembros del equipo desarrollaron cáncer en los años posteriores, abriendo un debate histórico sobre la seguridad en las locaciones de filmación durante la Guerra Fría.

La trama de la película obligó al equipo a trasladarse a Saint George, Utah, una zona desértica ubicada a pocos kilómetros del Emplazamiento de Pruebas de Nevada. En dicho lugar, el gobierno de los Estados Unidos realizaba ensayos con armas nucleares tácticas sobre la atmósfera.
Durante la producción de 1954, el viento transportó polvo y residuos de los ensayos realizados el año anterior, exponiendo de manera prolongada a los actores y técnicos a las condiciones del terreno.
Como si fuera poco, el productor Howard Hughes ordenó trasladar cerca de 60 toneladas de tierra de esa misma locación hacia los estudios de Hollywood para mantener la continuidad visual en las escenas adicionales. Esto prolongó la exposición del elenco a partículas del suelo exterior en espacios cerrados.

La vinculación directa entre el set de filmación y el desarrollo de la enfermedad sigue siendo objeto de discusión médica y científica, debido a la dificultad de aislar variables genéticas y hábitos de la época. John Wayne, por ejemplo, era un fumador empedernido de varias cajetillas al día, factor de riesgo primario para el cáncer de pulmón que finalmente padeció.
Sin embargo, en los años ochenta, el doctor Robert Pendleton, profesor de biología de la Universidad de Utah, ofreció una perspectiva cuantitativa sobre el grupo afectado:
“Con estas cifras, este caso podría considerarse una epidemia. La conexión entre la lluvia radiactiva y el cáncer en casos individuales ha sido prácticamente imposible de demostrar de forma concluyente. Pero en un grupo de este tamaño, cabría esperar que se desarrollaran solo unos 30 casos de cáncer. Con 91 casos, creo que la relación con su exposición en el rodaje de The Conqueror se sostendría incluso ante un tribunal".
Figuras principales como el propio director Dick Powell, la actriz Susan Hayward y la estrella del cine de oro mexicano, Pedro Armendáriz, se sumaron a la lista de afectados. Armendáriz, tras ser diagnosticado con cáncer terminal, decidió acabar con su vida en un hospital de Los Ángeles en 1963.

Aunque el largometraje logró un éxito financiero moderado en su estreno en 1956, impulsado por el auge de las producciones épicas de la época, su legado quedó marcado por el arrepentimiento de sus creadores. Registros de la prensa especializada señalan que Howard Hughes sintió tal culpabilidad por la selección de la locación que compró todas las copias existentes de la película por una cifra multimillonaria, impidiendo su difusión en televisión durante años.
Aunque la denominación de “película maldita” responde más al folclore de la industria del entretenimiento que a un dictamen judicial definitivo, el caso de The Conqueror se mantiene en los archivos como un reflejo de las tensiones, el desconocimiento y los riesgos colaterales de la era nuclear en el siglo XX.
