Antepasados

Los agricultores prehispánicos construyeron un sistema hidráulico cooperando comunitariamente

No fueron ni los reyes, ni los caciques. Arqueólogos revelaron que las comunidades que habitaron Colombia hace miles de años realizaron extraordinarias obras de ingeniería basadas gracias a la acción conjunta de grupos familiares.

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13 de agosto de 2026 a las 1:50 p. m.
Los canales y los campos elevados de La Mojana ofrecen esperanza para las comunidades colombianas que afrontan hoy una crisis de gestión del agua.
Los canales y los campos elevados de La Mojana ofrecen esperanza para las comunidades colombianas que afrontan hoy una crisis de gestión del agua. Foto: Sebastian Schrimpff, cortesía del Museo del Oro, Banco de la República

Los sistemas de campos elevados prehispánicos de La Mojana, en el Caribe colombiano, son tan extensos que pueden observarse desde un avión a gran altitud. Sus canales y campos elevados, utilizados desde los primeros siglos antes de Cristo hasta el siglo XI d. C., cubren unas 500.000 hectáreas, una superficie equivalente aproximadamente a la del Parque Nacional del Gran Cañón o tres veces el tamaño de Londres.

La Mojana
Los canales y campos elevados de La Mojana, utilizados desde los primeros siglos antes de Cristo hasta el siglo XI d. C., cubren unas 500.000 hectáreas, una superficie equivalente aproximadamente a la del Parque Nacional del Gran Cañón. Foto: ICANH / A.P.I.
Cali
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Tradicionalmente, se ha asumido que una infraestructura de semejante complejidad solo pudo haber sido planificada y gestionada por gobernantes poderosos, dada la magnitud del proyecto y el enorme esfuerzo que se consideraba necesario para llevarlo a cabo. Sin embargo, un estudio publicado en Communications Sustainability, liderado por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Cambridge, sostiene que, con toda probabilidad, estos trabajos fueron impulsados por las comunidades locales, basados en la cooperación y ejecutados en un tiempo mucho menor del que se había supuesto hasta ahora.

Los resultados tienen una gran relevancia desde el punto de vista histórico, a la vez que ofrecen esperanza para las comunidades colombianas que afrontan hoy una crisis de gestión del agua relacionada con el cambio climático, la agricultura intensiva y el fracaso de determinadas políticas públicas.

“Estos sistemas agrícolas son tan impresionantes que siempre se ha dado por hecho que solo pudieron construirse bajo el mando de cacicazgos jerarquizados. Nuestros datos cuentan una historia muy distinta”, afirma la autora principal del estudio, la doctora Jasmine Vieri, del McDonald Institute for Archaeological Research de la Universidad de Cambridge.

“Nuestros resultados indican que las comunidades locales fueron capaces de construir estos sistemas en periodos muy cortos de tiempo y de organizarse por sí mismas, sin depender de una autoridad poderosa externa”.

Las sociedades responsables de estos sistemas hidráulicos en La Mojana fueron contemporáneas de los mayas y de otras sociedades estatales de Mesoamérica y de los Andes, que algunos siglos más tarde culminarían en los grandes imperios azteca e inca. Las poblaciones prehispánicas ocuparon una región donde, como señalan los investigadores, no existe evidencia de sociedades estatales. Hasta ahora, y apoyándose en hallazgos como la sofisticada orfebrería y la cerámica, se había interpretado que se trataba de cacicazgos jerárquicos en proceso de convertirse en estados. Por el contrario, los nuevos resultados respaldan la idea de que estas comunidades optaron por formas de organización mucho más horizontales y, aun así, fueron capaces de alcanzar logros extraordinarios.

El sistema de campos elevados permitía gestionar enormes cantidades de agua durante las épocas de lluvia intensa, y redistribuirla gradualmente durante los meses secos, amortiguando tanto las inundaciones como las sequías. La red de canales redistribuía el agua desde cuerpos de agua permanentes hacia las áreas elevadas donde se asentaban las viviendas. El sistema proporcionaba suelos más fértiles para el cultivo durante la estación seca y probablemente también favorecía la captura de peces.

Mediante imágenes de satélite, los investigadores cartografiaron una superficie de 500 hectáreas -equivalente aproximadamente a 700 campos de fútbol- de estos sistemas agrícolas prehispánicos en el municipio de San Marcos, departamento de Sucre. Analizaron la infraestructura con un nivel de detalle sin precedentes, registrando las dimensiones y el volumen de 1.600 camellones y 63 plataformas habitacionales. Sus cálculos indican que, cuando fueron construidas, estas estructuras alcanzaban aproximadamente 1,4 metros de altura, medidos desde la parte superior del camellón hasta el punto más profundo del canal.

Los canales y los campos elevados de La Mojana durante la temporada de lluvias. Foto: Nicolás Jiménez, ICANH
Cuando fueron construidas, estas estructuras alcanzaban aproximadamente 1,4 metros de altura, medidos desde la parte superior del camellón hasta el punto más profundo del canal. Foto: Nicolás Jiménez, ICANH
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Posteriormente, el equipo internacional -integrado por investigadores del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y de la Universidad de Santiago de Compostela, además de la Universidad de Cambridge- desarrolló un nuevo método para cuantificar el trabajo necesario para construir este sistema y analizó el tipo de organización social y espacial que probablemente hizo posible este esfuerzo colectivo.

La doctora Jasmine Vieri indica: “Estamos convencidos de que uno de estos sistemas de canales y camellones pudo construirse en menos de dos meses, aproximadamente la mitad de una estación seca. Se trata de una inversión de trabajo muy inferior a la que se había supuesto hasta ahora, y perfectamente asumible mediante cooperación comunitaria”.

Para realizar sus estimaciones, los investigadores tuvieron en cuenta tanto el volumen de tierra movilizada como información sobre la geología local, las prácticas de trabajo indígenas, la densidad de población y la tecnología disponible por aquel entonces. Partiendo de una población estimada de 1.600 habitantes en el área de estudio, calcularon una fuerza de trabajo de unas 800 personas, una cifra que consideran conservadora, dado que la evidencia etnográfica muestra que, tradicionalmente, hombres, mujeres y probablemente también niños participaban en las labores agrícolas de subsistencia.

Los suelos del Caribe colombiano son de arcilla pesada, lo que habría dificultado considerablemente el trabajo. Además, en aquella época no existían palas metálicas en la región. Es posible que los trabajadores utilizaran herramientas de madera, aunque esta hipótesis aún no ha podido demostrarse.

Arqueólogos del ICANH documentan una sección excavada de una formación de canal y cresta prehispánica. Foto: ICANH / A.P.I.
Arqueólogos del ICANH documentan una sección excavada de una formación de canal y cresta prehispánica. Foto: ICANH / A.P.I.

El estudio forma parte del proyecto REVERSEACTION, financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) y coordinado desde la Universidad de Cambridge, que investiga cómo las sociedades sin estado desarrollaron tecnologías complejas y cómo la acción colectiva puede alcanzar grandes logros sin necesidad de coerción.

El profesor Marcos Martinón-Torres, investigador principal del proyecto REVERSEACTION y uno de los autores del estudio, señala: “Las interpretaciones que atribuyen automáticamente este tipo de obras a una planificación centralizada y de arriba abajo, sin estar respaldadas por datos, corren el riesgo de invisibilizar la capacidad de actuación de las poblaciones indígenas prehispánicas. Estas sociedades fueron innovadoras y cooperativas; trabajaban con la naturaleza en lugar de intentar imponerle barreras. Además, ya sabemos que recuperar prácticas ancestrales tiene hoy un impacto social positivo al permitir que las comunidades locales reconecten con su patrimonio a través de la tecnología”.

Las evidencias del uso de estos sistemas de campos elevados desaparecen antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI. No se conoce con certeza por qué dejaron de utilizarse, aunque se ha planteado la hipótesis de que parte de la población se desplazó desde las tierras bajas hacia zonas montañosas.

Los investigadores sostienen que esta solución prehispánica de gestión sostenible del agua podría volver a ser adoptada por las comunidades locales sin necesidad de una intervención directa del Estado. En lugar de redistribuir el flujo natural del agua, las políticas públicas colombianas han optado con frecuencia por una estrategia opuesta: intentar bloquearlo mediante diques para prevenir inundaciones y adaptar el territorio a modelos agrícolas y ganaderos propios de regiones no inundables.

Sin embargo, estos diques han demostrado ser incapaces de contener el agua. Desde 2021, el dique de Caregato sufre múltiples roturas que ya provocaron pérdidas importantes para las comunidades locales y graves daños ambientales. En otros períodos, la región padece intensas sequías.

Los canales y campos elevados de La Mojana durante una sequía. Foto: Sebastián Schrimpff, cortesía del Museo del Oro, Banco de la República.
Los canales y campos elevados de La Mojana durante una sequía. Los investigadores plantean que esta solución prehispánica de gestión sostenible del agua podría volver a ser adoptada por las comunidades locales. Foto: Sebastián Schrimpff, cortesía del Museo del Oro, Banco de la República.
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El coautor del estudio, el doctor Fernando Montejo Gaitán, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), afirma: “Los responsables de las políticas públicas han mostrado interés por estos sistemas hidráulicos antiguos, pero hasta ahora carecían de datos suficientes. Nuestro estudio es el primero que demuestra que estas soluciones sostenibles pueden organizarse de manera local y colectiva. Las comunidades pueden necesitar recursos del Estado, pero no necesariamente su intervención directa”.

Los investigadores han publicado además el código utilizado en este trabajo realizado mediante software libre, con el fin de que otros equipos científicos puedan aplicar la misma metodología a conjuntos de datos procedentes de otras regiones.