Si se quiere educar país, ¿qué mejor que cautivar mentes jóvenes con intrigantes experiencias que los eduquen ? Es en ese orden de ideas que el Museo Nacional inaugura este miércoles cinco nuevas salas inmersivas pensadas para los niños, las niñas, los jóvenes y las familias, que suman poderosamente a la renovación y diversificación de sus estrategias curatoriales y museográficas.

Esto pues se trata de salas que abordan pequeñas historias del país desde lo sonoro, lo audiovisual y lo táctil, y que lo hacen a través de lenguajes contemporáneos y formatos no convencionales que hasta ahora no existían en el Museo. Se materializaron por cuenta de una inversión de más de 861 mil millones de pesos de minCulturas.

Al respecto, Yannai Kadamani, ministra de las Culturas, aseguró que “el patrimonio vive verdaderamente cuando las personas pueden habitarlo, emocionarse con él y hacerlo parte de su propia historia. Estas nuevas salas inmersivas son una invitación a mirar el Museo Nacional de otra manera: como un lugar de encuentro, de diálogo y de construcción colectiva de las memorias que nos unen como país”.
Por su parte, Katia González Martínez, directora encargada del museo, explicó que las nuevas salas “están pensadas como espacios didácticos que permitirán impulsar la comodidad, la curiosidad, el aprendizaje y el disfrute de los grupos que visitan el museo en sus reservas educativas, así como de las familias que vienen durante los fines de semana”. Desde esa idea y concepción, el museo invita a la ciudadanía a descubrir esta nueva forma de vivirlo, con todos los sentidos.
Una de estas nuevas salas, llamada Tierra de historias (sala 2, piso 1), fue diseñada y concebida por la artista Verónica Álvarez (Medellín, 1979) y el colectivo ENDE, de Bogotá. es una sala pedagógica para que los niños aprendan sobre Colombia jugando. Tiene un mapa del país en relieve con cuatro sensores sobre biodiversidad, culturas y parques arqueológicos, gastronomía y tradiciones. Las tres paredes que la rodean funcionan como pantalla audiovisual, y cada vez que un pequeño active uno de los sensores, las paredes mostrarán imágenes en video sobre el tema elegido.

Otra de las nuevas salas es Ascensión al Tepuy (sala 10, piso 2), diseñada y concebida por los artistas Leonel Vásquez (Bogotá, 1981) y Alejandro Bernal (Bogotá, 1981). Se trata de la representación de un tepuy amazónico, un altar, lugar de memoria milenaria y puente entre lo terrestre y lo espiritual. Construido con materiales autóctonos y pigmentos de óxido de hierro, permitirá que los visitantes vivan un espacio de escucha amazónica a través de un sistema sonoro y un óculo cenital, que permitirá ver imágenes sobre la cosmogonía indígena.
La tercera sala es Constelaciones aurales (sala 13, piso 2), una intervención sonora diseñada y concebida por el artista Jorge Gregorio García Moncada (Bogotá, 1975). Se trata de un lugar en el que las familias podrán experimentar una experiencia de escucha expandida basada en constelaciones que integran registros de campo, paisajes acústicos, voces y sonidos transformados del Pacífico, la Amazonía y la región andina. Más que escuchar a los territorios de forma aislada, la sala construye sistemas de coexistencia sonora que revelan conexiones, tensiones y memorias.

La cuarta es La presente (sala 9, piso 2), diseñada por el artista Mateo López (Bogotá, 1978), a partir de la obra Tienda de José Manuel Groot y Arnaud Le Moyne. Parte de la idea de una pulpería o de una miscelánea, y está conformada por esculturas, dibujos, máscaras y objetos que podrán ser manipulados por los mediadores y los visitantes. Para concebir esta sala, López partió de la relación cotidiana que los colombianos establecemos con los alimentos, las plantas nativas, los utensilios de cocina y las herramientas para trabajar la tierra, y utiliza estos elementos para cuestionar las narrativas oficiales que han folclorizado el oficio y la materia.



Finalmente, Historia del panóptico (vestíbulo, piso 1), concebida por Pablo Castillo (Bogotá, 1972), permitirá recorrer la evolución arquitectónica e histórica del edificio que alberga el Museo Nacional de Colombia, desde su origen como centro penitenciario hasta su transformación en referente cultural del país. Tiene pantallas táctiles y un dispositivo de realidad virtual.
Con estas nuevas salas, el museo busca enriquecer la experiencia de los y las visitantes y ampliar las formas de aproximación al patrimonio cultural y natural del país.
