Sí, existen dolores que no desaparecen cuando desaparece aquello que los provocó. Al contrario: se quedan. Habitan el cuerpo, la memoria, las habitaciones, los vínculos. Se convierten en una presencia invisible que insiste en recordarnos lo que perdimos.

De eso está hecho Miembro fantasma, el nuevo libro de cuentos de Fernanda Trías. Diez relatos atravesados por una pregunta tan sencilla como perturbadora: ¿cómo se vive con aquello que ya no está, pero sigue doliendo?
El miembro fantasma es, en términos médicos, la sensación de dolor o presencia de una extremidad amputada. En manos de Trías, se transforma en una poderosa metáfora de la memoria, el trauma, el deseo y las pérdidas que se niegan a desaparecer. Lo que falta se convierte, paradójicamente, en lo que más pesa.
Y ahí está la genialidad de esta escritora uruguaya: no necesita gritar para incomodar. Le basta con acercarse unos centímetros a sus personajes y dejarnos escuchar cómo cruje lo que llevan roto por dentro.
Trías –nacida en Montevideo en 1976 y radicada en Colombia– ha construido una obra reconocida internacionalmente. Mugre rosa, que fue el primer libro que leí de ella y me atrapó, obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2021 y fue nominada al National Book Award en Estados Unidos en 2024. En 2025 volvió a recibir el Sor Juana, esta vez por El monte de las furias. Todos ellos, libros disponibles en Colombia. Sus novelas han recibido además apoyos de British PEN Translates y han sido traducidas a numerosas lenguas.
Pero los premios importan menos que lo que sucede cuando abrimos sus páginas. Porque Miembro fantasma no es un libro sobre la ausencia. Es un libro sobre su persistencia. Y van tres relatos que me impactaron:
En Personaje en construcción, Trías juega con las fronteras entre escritor y personaje hasta preguntarnos quién termina escribiendo a quién. La identidad se vuelve una casa con demasiadas puertas y ningún lugar seguro.


Ciclón se interna en la vejez, el deterioro y esos rencores familiares que pueden sobrevivir incluso al amor. Hay vínculos que parecen condenados a herirse porque ni siquiera saben cómo dejar de necesitarse.
Y en Intimidad irremplazable, la violencia exterior entra en el espacio doméstico. Una mujer queda relegada al silencio mientras alrededor ocurren balaceras, muertes y tragedias que parecen haberse vuelto paisaje. El humor negro, la soledad y la presencia de un perro como testigo convierten lo cotidiano en una escena profundamente perturbadora.
Pero quizá lo más inquietante de Trías sea otra cosa: sus personajes no son monstruos. Son personas. Personas que beben para olvidar, que huyen para no sentir, que se aferran a relaciones agotadas, que cargan muertos, recuerdos y versiones de sí mismos que ya no existen.
Por eso, leer Miembro fantasma puede ser una experiencia incómodamente personal. Porque todos tenemos, de alguna manera, un miembro fantasma. Una persona que ya no está. Una casa que perdimos. Una versión de nosotros mismos que quedó atrás. Una conversación que nunca ocurrió. Un país, una familia, un amor, una infancia. Algo que fue amputado de nuestra vida y que, sin embargo, todavía duele.


Fernanda Trías, a quien tuvimos la oportunidad de tener en la segunda semana de septiembre en El Gato que Lee y Bebe, en Bogotá, escribe precisamente desde ese lugar: desde la herida que no cicatriza porque quizá su función no sea desaparecer, sino recordarnos quiénes fuimos.
Y al cerrar el libro queda una pregunta flotando, silenciosa y feroz: ¿qué parte de nosotros sigue doliendo, aunque ya no exista?
*Magíster en Literatura y librera.
