En la FILBo 2026, Claudia Rodríguez presentó simultáneamente su libro sobre liderazgo corporativo y la obra póstuma de su esposo, Joseph Manoharan Owen. Entre juntas directivas, espiritualidad, duelo y memoria, la autora expuso las dos dimensiones que han marcado su historia: la profesional y la profundamente humana.
Claudia Rodríguez lleva años hablando de liderazgo. Lo ha hecho desde juntas directivas, espacios académicos, consultorías y escenarios empresariales de América Latina, donde su nombre se convirtió en referencia obligada en gobierno corporativo. Sin embargo, este año su presencia en la Feria Internacional del Libro de Bogotá tuvo un significado distinto.

No llegó únicamente como autora de un manual sobre liderazgo empresarial. Llegó también como guardiana de una memoria personal atravesada por el amor, la espiritualidad y la pérdida de su esposo, Joseph Manoharan Owen.

Rodríguez presentó dos libros que parecen habitar mundos diferentes, pero que terminan conectándose en una misma idea: el liderazgo entendido no solo como una práctica profesional, sino también como una forma de vivir.
Por un lado está Liderazgo en Salas de Juntas, una obra centrada en la toma de decisiones corporativas, la ética y el ejercicio responsable del poder. Por el otro, De Eldoret a ElDorado: un viaje lleno de milagros, el relato autobiográfico escrito por Joseph Manoharan Owen, ciudadano de la India fallecido hace apenas dos meses, cuya vida lo llevó desde una infancia nómada en África hasta posiciones de liderazgo global en el Banco Mundial.

La simultaneidad de ambos lanzamientos convirtió la aparición de Rodríguez en uno de los momentos más emotivos de esta edición de la feria. No solo por el contraste entre los temas, sino porque ambos libros dialogan entre sí desde un territorio inesperado: la espiritualidad y el sentido humano del liderazgo. “Esta feria es el encuentro entre el liderazgo que se aprende en las aulas y el que se forja en la vida misma”, afirma Rodríguez.
El liderazgo más allá del poder

Durante buena parte de su trayectoria, Claudia Rodríguez ha trabajado en uno de los escenarios más exigentes del mundo empresarial: las juntas directivas. Espacios donde las decisiones impactan compañías, inversiones y estructuras de poder. Pero, lejos de presentar el liderazgo como una práctica basada únicamente en resultados, la autora insiste en que dirigir implica, sobre todo, aprender a escuchar. “Hay que entender que uno no se las sabe todas, hay que saber escuchar y hay que hablar cuando hay que hablar. Hay que hacer las preguntas importantes, las preguntas que pueden doler y, a veces, al hacer eso, uno puede lastimar algunos egos, pero ciertamente estos egos se van bajando y se van formando con el tiempo”, explica.

En Liderazgo en Salas de Juntas, Rodríguez propone una mirada práctica y humana sobre el gobierno corporativo. Su reflexión se distancia de la idea del ejecutivo infalible y se acerca más a una visión ética de la toma de decisiones, donde la responsabilidad tiene el mismo peso que la estrategia.
Para ella, el verdadero liderazgo no está asociado exclusivamente con la autoridad, sino con la capacidad de servicio. “Lo que uno tiene que ver es que, como líder, va a servir, no va solamente a buscar resultados. Los resultados se dan si hacemos las cosas con ética, con propósito y con transparencia”, señala.
La autora reconoce que esa visión no surgió únicamente de la experiencia profesional, sino también de momentos personales que transformaron su manera de entender el éxito. Uno de ellos fue la maternidad. “Al ser madre me di cuenta de que es mejor no correr, que es mejor disfrutar la familia, que es mejor darle tiempo a los hijos y, ciertamente, trabajar, pero mesuradamente. Para mí, tener éxito es aportar desde el punto de vista técnico, pero sobre todo estar ahí para la familia”, dice.
Ese equilibrio entre la vida profesional y la vida íntima atraviesa toda la conversación de Rodríguez. Incluso cuando habla de los desafíos que enfrentan las mujeres en posiciones de liderazgo, su reflexión se aleja de los discursos abstractos y aterriza en las tensiones cotidianas. “Uno va viendo cómo hay bastantes retos, hay algo de machismo, hay algo de que no nos creen, pero ya con el tiempo uno va pisando firme, va aportando de la mejor manera y al final las cosas funcionan bien. Lo más importante es el inicio, pero ya después, cuando te conocen y saben que eres genuino, la gente empieza a respetarte”, afirma.
La vida de Joseph
Pero, si uno de los libros representa la dimensión pública de Claudia Rodríguez, el otro revela la parte más íntima de su historia reciente. De Eldoret a ElDorado: un viaje lleno de milagros nació originalmente como una autobiografía escrita por Joseph Manoharan Owen en inglés. Su intención era lanzarla personalmente en la FILBo. No alcanzó a hacerlo. Murió dos meses antes del evento. La publicación se convirtió entonces en un homenaje póstumo y, al mismo tiempo, en una forma de preservar una vida marcada por la resiliencia y la fe.
La historia de Joseph comienza entre India y África. Pasó por más de 20 escuelas durante su infancia, enfrentó graves problemas de salud y convivió desde muy pequeño con el asma, una condición que incluso le impedía asistir regularmente al colegio. Sin embargo, logró convertirse en uno de los mejores estudiantes del examen Cambridge Standard, lo que le abrió las puertas del Indian Institute of Technology, en Madras, una de las instituciones más exigentes del mundo. “Joseph tuvo bastantes desafíos. Tuvo problemas de salud cuando era pequeño, pero aun así llegó a ser el mejor examen de Cambridge Standard. Siempre que hubo uno que otro obstáculo, su fe y su sentido de propósito lo hicieron superarlos”, recuerda Rodríguez.


La autora habla del libro de su esposo con una mezcla de admiración y duelo contenido. Revisar la obra, traducirla al español y preparar su publicación se convirtió en una experiencia emocionalmente compleja, pero también profundamente reveladora. “Volver a leer esas palabras, volver a leer esas líneas, ciertamente fue un momento de conexión muy importante después de que dejó este plano”, dice.
La espiritualidad como punto de encuentro

Aunque uno de los libros se mueve en el terreno corporativo y el otro en la memoria autobiográfica, Claudia Rodríguez insiste en que ambos comparten una misma esencia. “Los dos libros dialogan entre sí desde el punto de vista espiritual y desde el punto de vista del liderazgo. El liderazgo se ejerce no solo a nivel corporativo; también se ejerce en la familia, con los amigos. Es un tema de tratar de juntar buenas energías con un propósito determinado”, explica.
Esa idea atraviesa buena parte de su visión del mundo. Para Rodríguez, la espiritualidad no aparece como un elemento accesorio, sino como una estructura fundamental de su vida personal y profesional.
“Sin espiritualidad, sin fe, tanto en los momentos de éxito como en los de pérdida, yo no sé qué sería de mi vida. Yo, ante todo, tengo una fe implacable al cien por ciento. No sé cómo sería mi vida sin Dios a mi lado”, afirma.
