Colombia avanza en su transición energética con una expansión acelerada de las fuentes renovables no convencionales. Al cierre de 2025, el país proyectó un crecimiento del 400 % en su capacidad solar y eólica hacia 2030, en un proceso que se articula con su estrategia de desarrollo sostenible de cara a 2026 y con la generación de empleo asociado al sector.
En los últimos cinco años, la capacidad instalada en fuentes no convencionales de energías renovables se cuadruplicó, al pasar de menos de 50 megavatios (MW) en 2020 a más de 250 MW en operación al finalizar 2025, de acuerdo con cifras del sector. Este avance se da en un contexto de alto potencial en energía solar, eólica e hidráulica, aunque persisten retos estructurales.

Según la UPME, el 66 % de la matriz energética nacional continúa dependiendo de fuentes hídricas, las cuales son vulnerables a los efectos del cambio climático. Esta situación refuerza la necesidad de diversificar la generación con fuentes más estables, como la solar y la eólica, para reducir riesgos y garantizar la seguridad energética.
El desempeño del país también se refleja en mediciones internacionales. De acuerdo con el informe Bloomberg NEF Climatescope 2024, Colombia ocupa el cuarto lugar a nivel mundial entre los mercados emergentes que impulsan la transición energética y se ubica entre los tres mejor posicionados de América Latina, junto con Chile y Brasil. Con un puntaje de 2,41 sobre 5, el país se mantiene por encima del promedio regional en políticas de energía limpia y se proyecta que las tecnologías renovables no convencionales representen cerca del 12 % de la capacidad instalada, frente al 10 % registrado en 2024.

Este crecimiento responde a una combinación de políticas públicas, inversión privada y la participación de empresas locales del sector. “Apostarle a esta transformación energética no solo representa una respuesta a la crisis climática global, sino una oportunidad económica tangible. En Colombia, se estima que por cada megavatio (MW) instalado en energías renovables se generan entre 5 y 7 empleos directos, impulsando el crecimiento del empleo formal en regiones apartadas. Además, la transición contribuye a una reducción progresiva de los costos energéticos, mejora la calidad del aire y fortalece la salud pública en zonas urbanas e industriales”, aseguró Edwin Hernández, CEO de Ecoled.
En este contexto, compañías del sector han participado en la implementación de soluciones de eficiencia eléctrica y tecnologías limpias, con presencia en escenarios internacionales vinculados al desarrollo sostenible y la reducción de la huella ambiental del sector productivo.

De acuerdo con la International Energy Agency (IEA), las energías renovables representaron el 25 % del suministro energético total del país y el 29 % del consumo final. No obstante, cerca del 75 % de la generación eléctrica sigue dependiendo de fuentes hidráulicas, lo que mantiene vigente la necesidad de diversificar la matriz para mitigar riesgos climáticos.
“Colombia tiene todo para liderar la transición energética en América Latina: recursos naturales, talento técnico y empresas comprometidas con la innovación sostenible. Nuestro papel como país es demostrar que la transición no es un lujo, sino una oportunidad real para crecer de forma limpia y competitiva”, afirmó Hernández.
Con estos avances, Colombia inicia 2026 con una agenda energética enfocada en reducir la dependencia de los combustibles fósiles, fortalecer su autonomía energética y consolidar un modelo que combine desarrollo económico, innovación tecnológica y sostenibilidad ambiental.










