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La primera infancia ha sido duramente afectada por el hambre durante la pandemia - Foto: José Guarnizo / SEMANA

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Cómo el hambre azota a los niños de las familias vulnerables en Colombia

A los problemas de nutrición en la primera infancia que se registra en hogares vulnerables del país se sumó este año la pandemia, que ha agravado la situación para muchos niños y niñas.

Los niños menores de 6 años de hogares vulnerables en el país están llevando la peor parte en medio de la pandemia del coronavirus. Muchos están pasando física hambre.

Para algunos no es un problema nuevo aunque sí se agudizó en los últimos meses. Pero a los problemas de desnutrición que ya registraban al cierre de 2019 miles de familias en el país, este año se les sumó la falta de alimentos porque cayeron en pobreza debido a que los jefes de hogar se quedaron sin ingresos. En los hogares pobres las cuarentenas decretadas para mitigar los contagios de covid-19 se sintieron con más fuerza y familias completas han pasado hambre.

Una encuesta de Percepción en tiempos de cuarentena, realizada en julio y agosto por el programa Cómo Vamos en cuatro ciudades del país: Bogotá, Medellín, Cali y Manizales, recogió información sobre el impacto de la pandemia en los hogares donde hay niños y niñas menores de 6 años.

El objetivo era conocer cómo van los temas de primera infancia y tener la percepción clara de los ciudadanos en temas como inseguridad alimentaria y perspectivas ciudadanas de cara a la primera infancia. Los resultados de la percepción que hay en estas ciudades frente a lo mal que lo están pasando los hogares vulnerables, con niños pequeños, es muy preocupante.

En Cali un 13,2 por ciento de los encuestados consideró que durante la cuarentena la alimentación de los más pequeños fue insuficiente durante la cuarentena, mientras que en Bogotá un 14,2 por ciento comparte esta percepción, en Manizales un 13 y las mayores alarmas están en Medellín, con el 21 por ciento.

Cuando se les preguntó si algún miembro de la familia donde hay niños menores pasó hambre, la respuesta fue positiva en 32 para el caso de Medellín; 21 por ciento en Cali; 14 en Manizales y 20 en Bogotá.

Además, el pesimismo cunde. Al ser consultados sobre la perspectiva que ven frente a las condiciones de desarrollo que tiene la primera infancia para este fin de año y el próximo, las respuestas más preocupantes se observaron en Bogotá, donde 29 por ciento de los encuestados temen que la situación empeorará, mientras que en Manizales 22 por ciento comparte esta opinión, en Cali el 21 y en Medellín el 20 por ciento.

El principal problema que plantea esta perspectiva es que venimos de datos muy preocupantes frente a la desnutrición infantil de los niños y niñas colombianos, menores de 6 años en Colombia, durante 2019.

Una alianza entre la Fundación Éxito y el programa de ciudades Cómo Vamos, que trabaja en identificar la información clave sobre la nutrición infantil, encontró que en la mayoría de estas ciudades aumentó la desnutrición crónica en 2019. Cali fue la única ciudad cuyo resultado mostró una tendencia a la baja en materia de desnutrición, frente a los reportes de años anteriores.

Además, Manizales tuvo la desnutrición aguda más alta entre las cuatro ciudades consultadas, mientras que Medellín se destacó por ser la única que prioriza en su plan de desarrollo el indicador de desnutrición crónica o retraso en la talla en niños y niñas menores de 5 años.

Estos datos estadísticos buscan conocer las condiciones de vida de los niños y niñas menores de 5 años y ayudar a los alcaldes a trazar políticas públicas, basadas en evidencia, que garanticen el bienestar de la Primera Infancia. Por eso, tras la pandemia, la alianza insiste en que es necesario que los municipios hagan más esfuerzos por identificar niños y niñas en condición de vulnerabilidad, donde el confinamiento por la pandemia pudo agudizar las condiciones de desnutrición.

También piden generar estrategias para atender la salud de las madres gestantes y los niños menores de 5 años, promover el cierre de las brechas de desigualdad y garantizar la información sobre indicadores de salud y nutrición, que fueron suspendidos durante la pandemia y que son un insumo clave para tomar decisiones de política pública.