El sector de gas natural ha enfrentado grandes desafíos en los últimos años, en especial los asociados a la seguridad energética.
Colombia entró desde 2024 en una nueva etapa en la que el gas importado comenzó a complementar de manera más relevante la oferta nacional, en un contexto marcado por el declive natural de algunos campos maduros y una menor dinámica exploratoria.
“Hoy cerca del 25 % del gas consumido en el país proviene del exterior, y si no aceleramos la entrada en operación de proyectos de nueva oferta e infraestructura, esa necesidad podría superar el 50 % antes de finalizar esta década”, advierte Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas.

Señaló que uno de los principales desafíos fue garantizar el abastecimiento para evitar una suspensión del servicio. Los principales indicadores del sector muestran una tendencia a la baja: se pasó de perforar cerca de 130 pozos en el año 2012 a apenas 33 pozos en 2025, lo que impactó directamente la reposición de reservas y la capacidad de mantener la autosuficiencia energética del país.
Adicionalmente, la industria enfrentó retrasos operativos y regulatorios asociados a autorizaciones administrativas y consultas previas, lo que afectó la velocidad con la que nueva oferta de gas natural podía incorporarse al sistema.

“Otro reto importante fue la creciente exposición a la volatilidad internacional derivada de una mayor participación del gas importado para abastecer la demanda interna, lo que refuerza la necesidad de flexibilizar mecanismos regulatorios que permitan optimizar la importación”, agregó Murgas.
Para ella, la pérdida de competitividad relativa del gas natural frente a otros energéticos generó presiones en algunos sectores industriales, “lo que evidencia la importancia de preservar un suministro competitivo y confiable para el desarrollo productivo del país”.
El 16 % de la gran industria migró a GLP, carbón y derivados del petróleo, generando 164.000 toneladas adicionales de CO₂ al año a la atmósfera, explicó la dirigente gremial. “Por ello, debemos incrementar la oferta de gas natural, que es un combustible fósil de bajas emisiones, habilitando todas las fuentes locales y externas que nos permitan mejorar la competitividad y hacer posible la transición energética”, afirmó.

Según ella, quedaron pendientes varios temas estratégicos, fundamentales para fortalecer la seguridad energética de Colombia en el mediano y largo plazo. El primero es incrementar la actividad exploratoria con la ejecución de proyectos de exploración, producción e infraestructura de gas natural que ya han sido identificados y que pueden contribuir significativamente al abastecimiento nacional. “Colombia cuenta con recursos; el reto ahora es convertir ese potencial en oferta real para los usuarios”, dijo Murgas.
También es prioritario viabilizar inversiones en infraestructura, especialmente en materia de transporte y regasificación, para garantizar resiliencia y confiabilidad del sistema.
Otro aspecto clave es consolidar una política energética de largo plazo que combine seguridad energética, competitividad y sostenibilidad. “La transición energética —agregó Murgas— requiere gradualidad, planeación y complementariedad entre distintas fuentes de energía”.

Advirtió la presidenta de Naturgas que es urgente avanzar en una estrategia de seguridad energética que combine todas las fuentes disponibles: producción nacional, infraestructura de respaldo e importaciones estratégicas. “La discusión ya no puede ser ideológica; debe centrarse en cómo garantizar energía confiable y competitiva para los más de 36 millones de colombianos, que hoy se benefician del gas natural en sus hogares”, manifestó.
Frente a las prioridades que debe darle el próximo gobierno al desarrollo del sector, Murgas insistió en que el principal foco debe ser consolidar una política de seguridad energética de largo plazo que permita garantizar abastecimiento confiable, competitivo y sostenible para todos los colombianos. Además, crear un programa que atraiga la confianza inversionista.
Colombia, explicó Murgas, mantiene un enorme potencial de gas natural tanto en áreas continentales como costa afuera. “El verdadero reto está en aprovechar esos recursos, de manera sostenible, para convertirlos en energía confiable y competitiva para millones de hogares, para la industria que genera empleo y para el sistema eléctrico que sostiene la vida diaria de los colombianos”.

Reconoció que este periodo ha estado acompañado de un entorno internacional complejo, con alta volatilidad energética y tensiones geopolíticas que impactaron los mercados globales de gas natural. En ese contexto, Colombia tiene la oportunidad de avanzar hacia una estrategia energética más resiliente, diversificada y de largo plazo.
“Hace unos lustros se habló de la locomotora minero-energética como una gran impulsora del crecimiento económico y el desarrollo social. Hoy podríamos hablar del gas natural como el motor silencioso que mueve la economía y el bienestar de Colombia. Para poner en marcha este motor silencioso, necesitamos herramientas que atraigan la inversión”, aseguró la líder del sector.
Para lograr ese objetivo propuso cuatro pilares. Uno, generar mecanismos y normas que garanticen la estabilidad jurídica y tributaria durante plazos de al menos 15 o 20 años. Dos, ofrecer incentivos económicos graduales, como los que ya están dando otros países como Argentina, Guyana, Brasil o México, que mejoren la competitividad del país. Tres, establecer mecanismos de articulación interinstitucional, como fueron los Proyectos de Interés Nacional Estratégico (Pines), en los que las diferentes instituciones e instancias coordinen acciones para agilizar y solucionar obstáculos en temas como las consultas previas, de modo que los proyectos energéticos estratégicos entren en operación de manera oportuna. Cuatro, la creación de un banco de proyectos de alto impacto, de la mano de las comunidades, que contribuyan a la solución de las necesidades, de manera sostenible en el tiempo.

Pero no son los únicos frentes que se deben llevar la atención. Para Murgas, es importante avanzar en una estrategia de diversificación de fuentes de suministro que combine producción nacional e importaciones de respaldo, permitiendo que el sistema opere con mayor flexibilidad y resiliencia frente a escenarios internacionales complejos.
“El nuevo gobierno tendrá el reto de fortalecer la competitividad del gas natural como energético complementario para la industria, la generación eléctrica, el transporte y sectores estratégicos como fertilizantes y seguridad alimentaria. La seguridad energética no debe entenderse únicamente como un tema sectorial, sino como un componente fundamental de la estabilidad económica, la competitividad y la calidad de vida de millones de colombianos”, aseguró Murgas.
En los primeros 100 días será fundamental construir una agenda de articulación y cooperación entre el Gobierno Nacional, los agentes del sector energético y los entes territoriales para anticipar y gestionar de manera eficiente los impactos del fenómeno de El Niño, protegiendo a los usuarios de energía eléctrica y gas natural.
Otra de las prioridades será avanzar en mecanismos de coordinación institucional que permitan agilizar trámites, licencias y procesos asociados a proyectos estratégicos, manteniendo siempre el equilibrio con los estándares ambientales y sociales.

También será importante fortalecer la estabilidad regulatoria y avanzar en decisiones pendientes que permitan mejorar la competitividad y confiabilidad del sistema energético.
“Será fundamental construir consensos alrededor de una visión energética de largo plazo que permita integrar seguridad energética, sostenibilidad, competitividad y bienestar social como objetivos complementarios para el desarrollo del país”, dijo.
Y Murgas concluyó: “El país debe entender que la seguridad energética no es un debate ideológico: es una condición indispensable para la estabilidad económica, la competitividad, el empleo y la calidad de vida de los colombianos”.
