Tras la captura por parte de Estados Unidos del dictador Nicolás Maduro, los cambios para impulsar el sector petrolero y las expectativas de un consumo que puede ir al alza siguen despertando el interés de los empresarios por el mercado venezolano.
Una eventual reactivación económica, impulsada en principio por las nuevas normas en materia petrolera que permiten la participación de empresas privadas y la reanudación del comercio energético con Estados Unidos han puesto el ojo sobre el vecino país.

Sin embargo, aún no está definido el panorama en materia de sanciones y no hay total claridad sobre el futuro político de la nación.
Un análisis de Corficolombiana advierte que el proceso de transición en Venezuela presenta características atípicas, pues incorpora un alto grado de supervisión externa –particularmente de Estados Unidos– sobre variables críticas como el sector energético, el flujo de divisas y la gobernanza institucional. Esto sugiere, agrega el informe, que la normalización política no responderá exclusivamente a dinámicas internas, sino a un esquema de condicionalidad económica y geopolítica.
“La estrategia estadounidense en Venezuela no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de una reconfiguración más amplia de su política exterior hacia el hemisferio occidental, en un contexto de competencia geopolítica con China y Rusia. En este marco, el control de activos energéticos, la contención de flujos migratorios y la estabilidad institucional en la región adquieren un carácter estratégico para Estados Unidos, más allá del caso venezolano”, agrega el estudio.

Para el año 2000, Venezuela fue uno de los mayores exportadores globales de crudo, alcanzando una cuota en el mercado de minerales del 4,3%. Su producción pasó de 3,4 millones de barriles diarios en 1998 a un promedio de 860.000 barriles diarios en 2024 y, se espera que, de reactivarse la inversión en el país, la producción alcanzaría un aproximado de entre 1,2 y 1,5 millones de barriles diarios.
Venezuela es el país con las mayores reservas probadas de petróleo con aproximadamente 303.000 millones y la perspectiva positiva de reactivación está vigente, en la medida en que Estados Unidos mantenga la flexibilización de las sanciones. Chevron, el actor más destacado entre las empresas que continuaron en país se convirtió en el principal vínculo con el mercado estadounidense. Desde 2022 opera mediante acuerdos con PDVSA y mantiene cuatro empresas mixtas que lograron aumentar la producción hasta 200.000 barriles diarios. Además, la compañía estima que sus operaciones podrían aumentar su producción entre 25% a 50% en los próximos 18 a 24 meses, con la flexibilización de sanciones y la redefinición de contratos con PDVSA.
En consecuencia, la trayectoria del sector energético dependerá en gran medida de la evolución de las licencias y del curso de la relación bilateral. Si el margen de operación para las empresas internacionales continúa ampliándose, Venezuela podría avanzar en una reinserción gradual en los mercados energéticos globales. De lo contrario, la actividad seguirá limitada por las restricciones y la incertidumbre.

Según Corficolombiana, la recuperación de la demanda venezolana parte de niveles históricamente bajos y dependerá, en buena medida, de la reactivación de su aparato productivo, en especial del sector petrolero. En esa línea, Bank of America estimó que este proceso requerirá una inversión inicial cercana a los 12.000 millones de dólares, cifra equivalente los flujos que recibió Venezuela en inversión extranjera directa neta entre 2015 y 2024. Entre tanto, hay consenso en que la recuperación completa requeriría una inversión estimada entre 100.000 y 300.000 millones de dólares, y tomaría por lo menos una década.
En ese sentido, y con la llegada de nuevos recursos por la vía petrolera, el panorama empieza a cambiar, al igual que las oportunidades para Colombia. “Hoy la demanda externa venezolana es menos de una quinta parte de su nivel de hace dos décadas. Una eventual normalización económica se traduciría en la recuperación gradual de la demanda por bienes básicos, segmento en el que Colombia cuenta con ventajas logísticas y experiencia exportadora”, dice el informe de Corficolombiana.
Recuerda que el comercio bilateral entre Colombia y Venezuela alcanzó su punto máximo en 2008, cuando superó los 7.200 millones de dólares. “Entonces, Venezuela era nuestro segundo mayor destino comercial, después de Estados Unidos, mientras que Colombia representaba el 14,5% de sus importaciones. Sin embargo, para 2025 Venezuela representó solo el 2,1% de las exportaciones colombianas, con cerca del 90% concentradas en bienes industriales”, afirma el análisis.

En este contexto, describe Corficolombiana, la oportunidad comercial está en la alta complementariedad entre las exportaciones colombianas y las importaciones de Venezuela (42%) y la proximidad geográfica. “En el corto plazo, vemos espacio para potenciar las ventas externas de alimentos, químicos, productos de cuidado personal y textiles. Esto traería grandes beneficios regionales, especialmente en departamentos fronterizos como Norte de Santander y La Guajira”.
Y agrega que la incertidumbre política, la debilidad estructural de la economía y los cambios en el aparato productivo local sugieren que volver a los niveles de comercio de 2008 es poco probable a corto plazo. Calcula que solo para igualar las exportaciones de socios regionales como Brasil o Ecuador, las ventas externas a Venezuela tendrían que crecer más de 75%, y para alcanzar a Panamá, necesitarían más que triplicarse.
Este panorama, según el estudio, exige reducir costos y tiempos de transporte mediante la reactivación efectiva de los corredores fronterizos; especialmente en un contexto en el que las restricciones de liquidez, las sanciones financieras y los cuellos de botella operativos siguen limitando el comercio. En materia logística, Venezuela enfrenta debilidades estructurales relevantes. Según el Índice de Desempeño Logístico del Banco Mundial (2023), ocupa la posición 123 sobre 139 a nivel global, con las mayores brechas frente a Latinoamérica en eficiencia aduanera, organización de envíos internacionales y trazabilidad, cita el estudio de Corficolombiana.

En este contexto, aunque es razonable anticipar una reactivación del comercio bilateral en el corto plazo, no es realista proyectar un retorno a los niveles ni a la composición del intercambio observados en 2008, cuando el comercio bilateral superó los 7.200 millones de dólares, aunque ya se ha visto un dinamismo impulsado por la reapertura de la frontera en 2022 y por la activación del acuerdo que regula el transporte de carga entre ambos países en 2025.
