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En 2021, las hectáreas de cultivos genéticamente modificados sumaron 150.451, de las cuales 142.975 fueron de maíz.

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Fuerte rechazo de agricultores y científicos a proyecto para prohibir semillas transgénicas en Colombia

En 2021, Colombia sembró 150.451 hectáreas de cultivos transgénicos, según el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). La mayor parte, 142.975 hectáreas, era de maíz, mientras 7.464 eran de algodón y 12 hectáreas de flores azules.

En Colombia hay transgénicos, pero el país está muy lejos de ser un gran productor, pese al crecimiento que han tenido estos cultivos, según Agro-Bio. Esta nación está muy por debajo de lo que producen otras, como Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay, que siembran millones de hectáreas al año.

Sin embargo, está en curso un proyecto de acto legislativo que busca modificar la Constitución para prohibir, desde la carta magna, las semillas transgénicas, lo que de inmediato generó gran incomodidad entre agricultores de cultivos transgénicos, científicos de centros de investigación nacional y reputados miembros de la comunidad académica del país.

En una audiencia pública, esas voces dejaron clara la petición de archivar el proyecto por ser potencialmente negativo para el desarrollo del país y por considerar que contiene desinformación que no está al día con la actualidad científica ni agrícola.

Prohibir es negar el acceso a avances científicos

“El proyecto no mide los alcances que una prohibición como esta puede tener para el desarrollo científico, productivo y sostenible del país, así como para generación de instrumentos que protejan el medioambiente (...) No es ético negarle al agricultor el derecho al acceso a los avances científicos para una agricultura más eficiente y ecoamigable”, dice una de las cartas de respuesta a la propuesta del representante Losada.

Para María Andrea Uscátegui, directora ejecutiva de la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola Agro-Bio, el proyecto no solo afectaría a los agricultores, sino a la ciencia del país; hay científicos que hoy en día están trabajando en mejores cultivos para nosotros como consumidores, para los agricultores y el medioambiente”, dijo.

Campesinos se oponen

En la audiencia participaron numerosos agricultores de cultivos transgénicos provenientes de diferentes departamentos productores del país, quienes compartieron sus experiencias con el uso de estas semillas.

Fray Monterrosa, productor de maíz y algodón transgénico de Córdoba, enfatizó en los beneficios que puede tener la tecnología para el medioambiente: “Los agricultores tenemos que volvernos ecologistas y eso lo hemos logrado en gran parte reduciendo la cantidad de insecticidas. Estamos comprometidos con el desarrollo sostenible”.

Diana Cruz, mujer agricultora de Ariari, Meta, quien tiene amplia experiencia en el cultivo de maíz criollo y que en la actualidad se dedica al maíz transgénico, pronunció: “No estamos fracasando por las semillas, sino por la mala comercialización y los altos costos de producción de nuestros cultivos”.

Expertos en el manejo de todo tipo de cultivos, como Mario Rolón, ingeniero agrónomo, también sentaron su posición: “Yo no puedo entender cómo la seguridad alimentaria en maíz se va a mejorar con maíces criollos que producen dos toneladas. Creo que lo que el Gobierno lo que debe hacer es mejorar ese tipo de variedades”.

Es como prohibir la insulina

Las argumentaciones de los congresistas que están detrás del proyecto apuntan a que los cultivos transgénicos pueden presentar riesgos para la salud y el ambiente.

En respuesta, el profesor Moisés Wasserman, doctor en bioquímica y exrector de la Universidad Nacional, habló sobre la seguridad de estos cultivos: “Si se prohíben constitucionalmente los cultivos transgénicos, resultaría incomprensible que no prohibamos la insulina que están tomando todos los diabéticos colombianos o la mayoría de las vacunas del plan ampliado de inmunización, que son todas transgénicas”.

Además, tras asegurar que “lo que haríamos introduciendo una norma de este tipo sería prohibir sobre un futuro que no conocemos”, algo que le resulta incomprensible, enfatizó: “¿Cómo se nos ocurre a nosotros prohibir el futuro?”

Va en contra del derecho del agricultor

Para Elizabeth Hodson, experta en biotecnología, el proyecto “atropella y niega el derecho del agricultor a elegir libremente; no es democrática, ni ética”. Aseguró también que no es posible aumentar rendimientos sin innovación y ciencia, enfatizando en que “debemos poder mejorar nuestras semillas y así mantener agrodiversidad, que es lo que nos permite enfrentar el cambio climático”.

Con todos esos pronunciamientos, “desde los gremios se hace el llamado a aceptar la coexistencia”, indicaron.

Por su parte, Leonardo Ariza Ramírez, gerente general de la Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas), comentó que, aunque resalta “la importancia de apoyar la coexistencia entre los diferentes modelos tecnológicos de producción, desde el autoconsumo y la economía familiar campesina e indígena, hasta llegar a modelos agroempresariales de mediana y gran escala, estamos convencidos de que un sistema no riñe con el otro”.