Una circular externa emitida de manera conjunta entre los ministerios de Vivienda y de Trabajo, ha entrado en el debate que hay en estos momentos en Colombia, alrededor del fuerte incremento que ha tenido la cuota de administración en los conjuntos residenciales, por cuenta del alza del salario mínimo.
Según los dos Ministerios, con la circular están respondiendo a las inquietudes ciudadanas, y en particular, de quienes se quejan de los incrementos desproporcionados en el costo de la administración.
En pocas palabras, la circular envía el mensaje, según el cual, el asunto es de las asambleas de copropietarios, que son las que tienen la potestad de autorizar los presupuestos, dentro de los cuales se incluye el aumento anual en la cuota, como mecanismo de financiación de gastos del conjunto residencial.
Inclusive, la circular acude al contenido del artículo 38 de la Ley 675, que se refiere justamente a la exclusividad que tiene la asamblea de dueños de propiedad, de aprobar o desaprobar cuotas ordinarias y extraordinarias en los conjuntos de inmuebles.

¿Algo se puede desligar del salario mínimo?
El interrogante que queda es, ¿se puede hacer un presupuesto en las unidades residenciales sin contar con el salario mínimo?
Lo cierto es que no parece haber manera de desligarse del incremento, y no solo en la vivienda. Es justamente la disyuntiva que hay en la sociedad colombiana, pues, si bien el consenso de los colombianos está de acuerdo con el hecho de que los trabajadores tengan más plata en el bolsillo, no habría manera de que los costos incrementados por tener que pagar más sueldos y obligaciones relacionadas con la seguridad social, dejen de llegar al usuario final. Era precisamente lo que hacía parte de la discusión cuando se establecieron las mesas de negociación para establecer el incremento: el salario mínimo no solo lo pagan las empresas, sino millones de colombianos que no siempre pueden asumir los incrementos desproporcionados del mínimo.
En un conjunto residencial, en promedio, hay 7 trabajadores con el salario mínimo, teniendo en cuenta un servicio de vigilancia que se base en guardias humanos. Aunque la tendencia se encamina a que el trabajo de seguridad sea reemplazado por la tecnología, aún es casi generalizado que los copropietarios elijan la continuidad que hasta el momento les ha garantizado cierta tranquilidad.

El servicio de aseo es inevitable, al igual que el de un todero que hace mantenimientos y suple diversas necesidades.
En consecuencia, ya no se trata ni siquiera de que el conjunto tenga servicios suntuosos, como piscinas, gimnasios y canchas de juego. Inclusive, en las unidades que no tienen más de 5 pisos y por consiguiente, no cuentan con ascensores, también los costos de administración subieron de manera visible, pues se trata de remunerar a los trabajadores con el salario mínimo incrementado.
En conclusión, el alza del salario mínimo no deja escapar a nadie en la imposición de tener que asumir mayores costos.
