Ideas, propuestas, pero poco resultado en la meta de avanzar para llegar a ser un país desarrollado, es lo que ha habido en Colombia. Se habla de la vía que no se ha hecho, del subsidio que no se ha dado, de mejor poner los recursos públicos en la productividad del campo. Inclusive, ya hay quienes se ufanan, porque hace varios años, la mayor asignación del presupuesto general es para la educación y no para comprar armas.
Sin embargo, con todo y la plata que se pone en la educación, no hay resultado contundente. Parte del problema podría estar en que el gasto no es efectivamente en la formación, sino en el funcionamiento del sector.

De hecho, un nuevo estudio técnico del Banco de la República revela cuál es el gasto por niño en edad escolar que hacen la diferencia entre un país pobre y uno rico.
Es así como, según la entidad de la banca multilateral, las naciones de ingreso bajo solo ponen 53 dólares por niño en esa etapa crucial de la formación de un ser humano.
Entre tanto, los países de ingreso medio la cifra sube a 318 dólares; los de ingreso medio alto destinan 980 dólares por niño y, cuando ya el nivel de desarrollo da para inscribir a una nación en el rango de ingreso alto, la apuesta, claramente, es con la educación del menor: 7.800 en países de ingreso alto.
Si se hacen las cuentas, no es mucho el esfuerzo que deben hacer los países teniendo en cuenta los efectos que trae a una nación el hecho de tomar el camino para ser una nación desarrollada. En países como Singapur, el PIB per cápita (por habitante) en 2022 era de 82.807 dólares, según el Banco Mundial. En un país como Colombia, en ese mismo año, solo fue de 6.630 dólares.
Por ello, para el Banco Mundial, es preocupante que el financiamiento para la educación como porcentaje del ingreso nacional no haya cambiado significativamente en el último decenio en ningún grupo de ingresos de los países. Peor aún, luego de la crisis por la pandemia, se puso el foco en otros sectores y, en naciones de ingreso bajo y medio bajo, se arriesgó más esa inversión que es definitiva para que los países avancen.
Y bueno, es distinto que una nación como Dinamarca estanque por un tiempo la inversión en educación, pero que lo hagan las naciones rezagadas y las emergentes no es un buen pronóstico.
Aun siendo los países de ingreso medio y bajo, los más necesitados de inversión, en 2022, los de mayores ingresos siguieron tomando ventaja y dieron mayor prioridad a la educación en sus presupuestos, dijo el estudio del Banco Mundial.

Dentro de las estadísticas del Banco Mundial se destaca la que muestra que, dedicar entre 4 y 6 % del PIB o entre el 15 y 20 % del presupuesto público a la educación, es muy poco.
Las grandes diferencias que hay entre el gasto por niño entre un país de ingreso bajo y uno de ingreso alto, es el detonante de las desigualdades.
Claro está, el organismo de la banca multilateral resalta que un gasto mayor en educación no conduce automáticamente a mejores resultados. Es lo que podría estar pasando en Colombia, donde no se logran mejoras en pruebas internacionales de competencia en este tema.
Eficiencia
La conclusión del Banco Mundial es que, en la mayoría de los países de ingreso bajo y mediano, si bien no pueden poner todos los recursos necesarios para cambiar el panorama, si pueden aumentar la eficiencia en el gasto en educación. El financiamiento debe ser sostenible desde el punto de vista fiscal y aplicado con equidad.
Y, “en todos los países, los incrementos del gasto público, combinados con las estrategias adecuadas, pueden optimizar los recursos de sus gastos corrientes”. Aunque es clave el gasto en los docentes, que en países de ingreso bajo y medio representa dos tercios del gasto total de la educación, “es necesario invertir también en otros mecanismos que aumenten la posibilidad de lograr una formación en los escolares que resulte equitativa, eficiente y sostenible”, concluye el Banco Mundial.
