La disminución del desempleo en Colombia, por debajo de un dígito, es uno de los logros que saca a relucir el Gobierno, aunque no cesan las críticas por la calidad y la sostenibilidad del empleo que se está generando, el cual sería mayoritariamente por cuenta propia y por contratación pública, esta última cuestionada porque estaría presionando el aumento del gasto del Estado en personal, lo que a su vez se relaciona con más burocracia y pago de favores para obtener réditos electorales.
En ese contexto, el comportamiento del mercado laboral en marzo, según el informe presentado por el Dane, no deja de sorprender. Principalmente, porque la economía crece poco y la inversión –que es la que anima a producir más y demandar mano de obra– está frenada ante incertidumbres internas relacionadas con las elecciones de mayo y las condiciones globales desfavorables, producto de políticas arancelarias y conflictos bélicos.
No obstante, la tasa de desocupación se ubicó en 8,8 por ciento, la más baja para un marzo desde 2001. Los ocupados suman ahora 24,3 millones, pero con una informalidad de 55,6 por ciento y el cuentapropismo reinando: ya son 10,3 millones, y fue el que más empleos aportó a las cifras en marzo, con 457.000 de los 650.000 puestos nuevos.
¿Qué tan bueno es lo que está pasando? Ítalo Cardona, director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para los Países Andinos, afirma que, si bien constituye un indicador relevante, la reducción de la tasa del desempleo no siempre explica por sí sola una mejora en la capacidad de generación de empleo en los países. “La evolución de la tasa de desocupación debe interpretarse considerando tanto la dinámica del empleo como los cambios en la participación laboral”, señala el experto.

Para el caso de Colombia, Cardona argumenta que la disminución de la desocupación puede estar asociada a distintos factores: “Se ha visto una recuperación sostenida del empleo tras la pandemia; la proporción de personas en edad de trabajar que participan en el mercado laboral se ha mantenido estable; asimismo, el mercado puede absorber mano de obra a través de ocupaciones tanto formales como informales. Si bien las ocupaciones informales contribuyen a reducir la tasa de desempleo, no necesariamente implican una mejora en la calidad del empleo”.
Autoempleo, no siempre es malo
Otra mirada al mercado laboral es la de William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial. En el reciente Congreso de Asofondos, en donde habló de informalidad, expuso realidades a las que se les debe prestar atención para abordar la nueva cara que tiene el mercado laboral.
El experto del Banco Mundial se refirió a cuatro categorías de acceso a una ocupación: autoempleo, asalariado formal, el informal y el empresario formal. En ese contexto, hay que destacar el componente del autoempleo, que es la puerta de entrada del 20 por ciento de quienes se inician en el mundo del trabajo, pero la cifra va creciendo en otros rangos de edades (personas con segundos, terceros o cuartos empleos), lo que, a juicio de Maloney, implica que no están allí por falta de oportunidades, sino por elección.

Los hallazgos del economista del organismo de la banca multilateral lo llevan a establecer que la formalidad no tendría que ser el enfoque principal, sino el de la calidad del capital humano. Si bien es ideal que todas las personas estén cubiertas con seguridad social, los autoempleados y cuentapropistas no se mantienen al margen de esos beneficios que suelen atribuirse al trabajo formal.
En Colombia, por ejemplo, al menos el 21 por ciento de los asalariados informales –categoría que además es distinta a la del autoempleado– están cubiertos por la familia en lo que tiene que ver con planes de salud. Y son muchos los que prefieren una manera de vinculación al mercado laboral distinta a la de un trabajo dependiente de un empleador.
En consecuencia, atacar la informalidad, que tradicionalmente es el mantra cuando se habla de mercado laboral en Colombia, no es algo que se logra obligando a la gente a entrar en lo formal, sino haciendo que valga la pena hacerlo, según la tesis de Maloney.
Desde otra perspectiva, pero también con una visión externa, Paula Garda, jefa del equipo de Colombia y Perú del Departamento de Economía de la Ocde, señala que la reciente mejora del empleo, con tasas de desocupación por debajo de un dígito, “no responde a un impulso sólido de la actividad ni de la productividad, sino a factores sectoriales y transitorios”.
Según el informe del Dane, para marzo el empleo fue impulsado por actividades financieras y de seguros. Pero fueron las ocupaciones en la administración pública, lo que, entre otras, no solo corresponde a puestos con el Estado, las que más generaron oportunidades laborales. Allí están trabajadores de la salud y de la educación que pueden pertenecer a ambos sectores: público o privado, explicó la directora del Dane, Piedad Urdinola, al presentar los resultados del mercado laboral en marzo.
Los servicios, de manera persistente, han sido motores de ocupación, con la particularidad de que en ese componente muchos trabajos suelen ser informales. En el tercer mes de 2026 no fue distinto, mientras que entre los sectores en los que más se perdieron empleos están agricultura e industria, algo que no debe pasar desapercibido, según afirma María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana-AmCham. “Mejoran las cifras, pero no se fortalece la base productiva que sostiene el crecimiento de largo plazo. El reto no es solo tener menos desempleo, sino mejor empleo: formal, productivo, sostenible y con más oportunidades para las mujeres, que aún enfrentan una brecha de 3,9 puntos frente a los hombres”, argumentó.

Para la vocera de la Ocde, entre tanto, la explicación de que los sectores intensivos en mano de obra no estén aportando para que se dé un mayor crecimiento económico tiene que ver con el hecho de que están inmersos en una baja productividad y alta informalidad, que ha sido una constante en el mercado laboral colombiano y una realidad difícil de transformar. “La caída de las tasas de informalidad se estancó en 2025, lo que refuerza los riesgos para la sostenibilidad del actual dinamismo del empleo hacia adelante”, agrega Garda.
¿Será sostenible?
En pos de llegar a la almendra de si lo que está pasando en Colombia en términos de desempleo es del todo bueno, pese a la reducción de la cifra, resulta relevante tener en cuenta el cambio en la forma de ocuparse, pues cada vez la inteligencia artificial está más presente y las personas, además de un ingreso, también quieren tener más espacios para su vida familiar y personal. Es decir, no siempre están infelices en el cuentapropismo y el autoempleo.
Toda vez que el actual Gobierno, desde sus inicios, ha hablado del trabajo como generador de riqueza, el desempleo en niveles inferiores a un dígito ahora es un logro que plantea un nuevo reto: mantenerlo en esas cifras o, incluso, reducirlo más.

Cardona señala que, a mediano plazo, “la sostenibilidad de los niveles actuales de desempleo dependerá en gran medida de la capacidad de la economía para generar empleos formales y productivos”.
Entre tanto, a largo plazo, según agrega el vocero de la OIT, “la persistencia de altos niveles de informalidad y de empleo por cuenta propia, generalmente asociados a una baja productividad, puede consolidar una estructura laboral con menores niveles de protección, mayor vulnerabilidad y limitaciones para un crecimiento económico sostenido”.
En la misma línea, Garda afirma que la sostenibilidad en la creación de empleo dependerá de que el crecimiento pase de estar liderado –sobre todo– por el consumo, hacia un mayor dinamismo de la inversión privada, productividad y acumulación de capital. “Sin una recuperación de la inversión, el actual dinamismo del empleo difícilmente se traducirá en empleos formales, productivos y bien remunerados, lo que limita su duración y su aporte al crecimiento potencial y a la base contributiva (el recaudo tributario)”.
Así que el impulso al empleo es determinante para el futuro de Colombia en términos de desarrollo. La experta de la Ocde recordó que, en pasados estudios económicos realizados en Colombia, se ha sugerido avanzar hacia un enfoque integral centrado en reducir los costos laborales no salariales para los trabajadores de bajos ingresos, que hoy representan una barrera clave a la formalización. “Se debe facilitar la contribución a la seguridad social por horas o por ingresos efectivamente percibidos, así como permitir la agregación de contribuciones entre múltiples empleadores, dado que los esquemas actuales de cotización mensual ligados al salario mínimo excluyen a muchos trabajadores con empleos parciales, intermitentes o de baja remuneración, especialmente jóvenes y mujeres”.
Las tareas son muchas y ya serán para el próximo Gobierno, que tendrá, entre otros muchos, el desafío de sostener el nivel de desempleo en un dígito.
