Fueron tantas las veces que se encontraron en un escenario que ya ni El Charrito las recuerda. La primera vez que estuvo en tarima con él, Charrito apenas tenía un disco en el mercado y Darío Gómez, cinco LP.
Fue en Caquetá. El Charrito tenía pegado El guerrillero, tema que sonaba fuerte en la región. “Él sabía que yo le había ganado, pero así era él de grande. Dejó una historia impresionante que la recordaremos a toda hora. Va a ser muy difícil que alguien llegue a ocupar su lugar, ni nosotros mismos”, le dijo a SEMANA el cantante.

Para el Charrito, lo más admirable de Darío era su capacidad para componer. “Él nos enseñó que Nadie es eterno, que sin amor también se vive, nos enseñó a decirle a una mujer Eres todo en mi vida y también se atrevió a decirle Aquí sobro yo. Como compositor, mis respetos. Triunfó cuando estuvo en dúo y cuando fue solista”.
Y cuenta que, si bien era conocido por dar consejos, una vez le dio uno. “Fue en Tuluá. Le dije: ‘Darío, mano, dese gusto. Usted no hace sino trabajar como un burro, y trabaje y trabaje’. Yo notaba en él una soledad, ese día en esa fiesta lo sentí muy solo. Nadie sabe, pero como dice la misma canción de él, Nueve años de soledad”.

