A más de tres décadas del estreno de La potra zaina (1993), producción que marcó época en la televisión colombiana, la actriz Aura Cristina Geithner volvió a abordar uno de los episodios más comentados de su trayectoria personal y profesional: el romance que sostuvo con su coestelar Miguel Varoni mientras ambos mantenían otras relaciones sentimentales.
En una reciente conversación con las periodistas Yolanda Ruiz y María Elvira Samper, la intérprete analizó con perspectiva del tiempo los pormenores de esa historia de amor que traspasó la pantalla, el escrutinio público de la época y las lecciones que le dejó ese capítulo de su vida.

Durante las grabaciones de la exitosa telenovela de RCN Televisión, Geithner interpretaba a Soledad Ahumada, mientras que Varoni daba vida a Daniel Clemente. Mientras la audiencia seguía el desarrollo del guión, fuera de cámaras surgió una atracción mutua entre los protagonistas.
Según registros periodísticos de comienzos de los noventa, en aquel momento Miguel Varoni estaba casado con la actriz Patricia Ércole, mientras que Aura Cristina Geithner sostenía una relación sentimental con el fotógrafo y pintor Óscar Azula.
Geithner reconoció que el actor terminó convirtiéndose en una figura determinante en su historial afectivo:
“En realidad, Miguel vino a ser el segundo amor en mi vida. Yo me enamoré y él se enamoró de mí también”, recordó la actriz, señalando además que aunque en varias oportunidades intentaron poner fin al vínculo debido a las circunstancias, la atracción recíproca terminó imponiéndose.
Una vez trascendió a la opinión pública, el noviazgo entre los actores se convirtió en un hito de la prensa del entretenimiento en Colombia. No obstante, la exposición mediática constante afectó la viabilidad del vínculo en la vida real.
“Tampoco pudimos tener una relación tan sana como hubiéramos querido. El acoso de la gente era impresionante, sobre todo hacia mí”, afirmó Geithner durante la entrevista.
En intervenciones previas con el programa Los Informantes, la artista ya había hecho referencia al impacto emocional del señalamiento social.
Asimismo, la actriz enfatizó la diferencia de trato que la sociedad de la época otorgaba a hombres y mujeres frente a una situación de infidelidad:
“A él lo felicitaban, nosotras éramos muy castigadas”, manifestó, evidenciando un doble rasero que influyó de manera directa en el manejo mediático del escándalo.
Lejos de justificar los hechos, la actriz fue enfática al asumir su cuota de responsabilidad por los acontecimientos y por el impacto causado a las exparejas involucradas.
“¿Apoyo la infidelidad? No la apoyo, pero fui infiel. En esa época lo fui”, declaró sin rodeos.
Del mismo modo, aclaró que la reflexión madurada a lo largo de los años no implica un arrepentimiento respecto al sentimiento experimentado, sino sobre las consecuencias colaterales:
“No lamento haberme enamorado de Miguel, lamento la situación y el dolor que tuvieron que pasar Patricia como Óscar”.


Con una mirada retrospectiva sobre la madurez emocional, Geithner concluyó que de haber ocurrido un escenario similar en la actualidad, el manejo habría sido distinto:
“Tomando decisiones: hasta luego, usted termina de verdad y arrancamos como debe ser”. Finalmente, sintetizó su aprendizaje en una frase categórica: “Asumo esa responsabilidad y aprendí que no hay necesidad de lastimar a otros para estar con alguien”.
Tras el fin de la relación años después, ambos actores continuaron con sus carreras artísticas de proyección internacional e hicieron sus vidas por caminos independientes, dejando a La potra zaina como una referencia en la memoria televisiva del país.
