La dinastía más antigua del planeta atraviesa su primavera más incierta. Mientras el emperador Naruhito y la emperatriz Masako recibían a los civiles más destacados desde la colina del Palacio Imperial, la ausencia del joven heredero Hisahito subrayó el frágil equilibrio de la era Reiwa.
En un Japón que aún prohíbe el ascenso de mujeres al trono, el carisma de la princesa Aiko y las recientes renuncias por amor han forzado a la Dieta (parlamento) a replantearse las reglas de un imperio que busca modernizarse sin perder su esencia divina.
En esta tradicional celebración, la monarquía recibe en sus jardines de Tokio a los miembros de la sociedad civil que más han sobresalido a lo largo del año. Este recibimiento se realiza desde una colina; el emperador Naruhito y su esposa Masako encabezan la recepción a una distancia notable del resto de la familia real.
El reinado de la dinastía de Naruhito comenzó en el año 2019, después de que su padre, el emperador Akihito, abdicara. A esta era se le conoce como Reiwa, que significa “armonía”. Ha llamado la atención porque Naruhito no tiene un descendiente directo varón al trono y, según las Leyes de la Casa Imperial establecidas en 1947 tras la Segunda Guerra Mundial, ninguna mujer puede heredar el estatus de emperatriz regente.
Esta no fue la única transformación que tuvo el imperio nipón. Tras la ocupación estadounidense, en 1946, el emperador Hirohito pronunció la “Declaración de humanidad”, donde expresó que no era un dios viviente, y reafirmó su condición de ser humano. Posteriormente, en la Constitución de 1947 se estableció que el emperador es el “símbolo del Estado y de la unidad del pueblo”.
Por lo tanto, el heredero al trono en este momento es el príncipe Hisahito, sobrino de Naruhito. El joven de 19 años no estuvo presente en la ceremonia, debido a que se seleccionan cuidadosamente sus apariciones públicas. La princesa Aiko, única hija del matrimonio imperial, sí participó en el evento; llamó la atención que vistiera un traje de tres piezas en lugar del tradicional kimono, cuyo uso es actualmente opcional.
Una princesa muy popular
La popularidad de la princesa Aiko ha reabierto el debate público sobre la posibilidad de que las mujeres vuelvan a heredar el trono. No es la única discusión vigente: también se cuestiona la norma que estipula que, si una mujer de la familia imperial se casa con un plebeyo, pierde su título y beneficios.
El caso más reciente fue el de la princesa Mako Komuro, quien renunció a su estatus real en 2021 y aunque tenía derecho a una indemnización, también decidió renunciar a ella.
En consecuencia, en la Dieta (parlamento) de Japón se debate la necesidad de reformar el sistema imperial. Entre las propuestas se destacan: definir el número de sucesores, permitir que las mujeres mantengan su estatus real tras casarse y la posibilidad de que hereden el trono.
Sin embargo, el panorama no es claro; el parlamento no ha llegado a un consenso y la conservadora primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, apoya la sucesión masculina, aunque está a favor de que las princesas conserven su estatus tras el matrimonio.
